Milei cierra el año con picos de popularidad aunque nunca estuvo, según el promedio de encuestas, mucho más abajo del 45% de aprobación, algo que sorprendía a los propios encuestadores dada la magnitud del ajuste. La explicación que daban entonces era que la expectativa de una mejora futura motorizaba la aceptación en esos niveles. Pero esa tolerancia no sólo al ajuste, sino además al tono agresivo -por momentos soez- del Presidente y a sus propias contradicciones (que lo mostraron, incluso, más cerca de “la casta”) podría sostenerse además en un fenómeno particular y que tiene que ver con la percepción que puede tener la sociedad sobre este momento histórico. ¿Milei es visto como un Presidente, como un líder político en los términos habituales, o se lo aprecia más bien como un normalizador, un agente cuya tarea asignada es corregir distorsiones de muchos años, en este caso, en la economía?
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Evaluación del Gobierno, según la encuesta de CB Consultora.
El periodista y analista político Carlos Pagni recordó en una reciente presentación que durante gran parte del siglo XX las crisis de representación, entendida como la desconexión entre las demandas ciudadanas y la clase política, los argentinos las solucionaban yendo a tocar las puertas de los cuarteles y encomendando a los militares, golpe de Estado mediante, que reestablecieran el orden. Eso cambió tras la traumática experiencia de la última dictadura. Ahora las crisis de representación se intentan resolver dentro de las normas institucionales, dice Pagni. Un ejemplo es Milei, que corporizó una suerte de espíritu del “que se vayan todos” del estallido de 2001 pero en las urnas.
De vuelta a la pregunta del principio: ¿Milei se dirige hacia la consolidación de un proyecto político que trascienda la emergencia, el ordenamiento, la normalización de la macroeconomía o, por el contrario, su ciclo se agotará una vez alcanzados esos objetivos que demanda la sociedad, que entonces virará hacia una opción de gobierno más en sintonía con lo tradicional? Concluye Pagni: "Probablemente el único objetivo que debería tener Milei, lo que me diría si fue exitoso o no, es que este sentimiento se hubiera disipado y hubiera una reconexión entre la gente y la política. Sin esa reconexión es imposible todo: imposible la inversión, imposible aceptar las medidas de los que gobiernan, imposible obedecer la ley".
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