La paradoja del presidente de hojalata
Milei permanece ajeno al padecimiento de los ajustados. Mientras se demora en hacer política, la oposición le saca ventaja. La crisis de Pettovello.
Hay quienes creen que Javier Milei tenía una percepción equivocada sobre quién lo estaba entrevistando. Que entendió que, por ser una crítica del movimiento Woke y del patrullaje ideológico con sesgo de izquierda, Bari Weiss era una conservadora, y que por eso el Presidente se sintió más que cómodo para decir, por ejemplo, que es un “topo” dentro del Estado argentino con el fin de destruirlo desde su interior. Que se siente dentro de “las líneas enemigas”. Milei tal vez creyó que con sus comentarios agradaba a Weiss. La directora de The Free Press es una liberal, pero en los términos en los que se define en USA, o sea, más cercana a los valores demócratas, más allá de que no tiene una pertenencia partidaria. Milei, en cambio, se abraza al republicano Donald Trump y desea que gane las elecciones del próximo 05/11, aunque en el reportaje haya preferido mantener las formas y no expresar favoritismos. No es nuevo que Milei diga que odia al Estado. Pero debe ser la primera vez que lo dice desde que es jefe de uno. Las críticas se repartieron entre los que se preguntan cómo Milei gestionará y mejorará aquello que odia y los que vieron en esas declaraciones la confesión de un delito: el propio Presidente conspira para destruir el Estado (incluso alguien prometió llevarlo a la justicia).
