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La norma IRAM de Cristina Kirchner

Sin aval público de Cristina Kirchner, al plan de ajuste fiscal de la nueva ministra de Economía le falta respaldo político.

Elisa Carrió pudo haber exagerado. No sería la primera vez. Sin embargo, hay un punto en la mirada de la dirigente opositora que tiene algún viso de realidad. Dijo que Cristina Kirchner “volteó” a Alberto Fernández, por lo que éste, en los hechos, “ya no es Presidente”. Fernández sigue siendo el Presidente constitucional, pero el poder político de su Gobierno está en otro lado. Y esto se refleja principalmente en que todo el mundo está esperando a ver qué dice la Vicepresidente sobre los nuevos lineamientos económicos que la flamante ministra del área, Silvina Batakis, presentó el pasado lunes.

“No vamos a gastar más de lo que tenemos”, prometió Batakis como premisa básica al anunciar una serie de medidas que apuntan a contener el gasto para cumplir con la meta del programa del FMI -cuyos objetivos ratificó- de un déficit del 2,5% para 2022. Batakis también prometió tasas de interés positivas para remunerar el ahorro y congelar las vacantes en el Estado. En el mercado y la política la lectura fue única: Batakis promueve un ajuste. El fiscalismo no sólo no se fue con Martín Guzmán, sino que se intensificó con su sucesora. Parafraseando a Mauricio Macri, el analista político Gustavo Marangoni dijo que Batakis “quiere hacer lo mismo que Guzmán, pero más rápido”.

No se puede...

En el kirchnerismo se mostraron desilusionados. De Hugo Yasky, a Juan Grabois, pasando por Pablo Moyano, el discurso también fue único: Batakis les habló sólo a los mercados y no hubo medidas para “el pueblo trabajador”. La ministra desechó expresamente crear un salario básico universal que piden Grabois y algunas organizaciones sociales. Y si alguien en ese sector esperaba un aumento de retenciones a las exportaciones de granos, la presencia en la conferencia de prensa del lunes de Julián Domínguez, titular de la cartera de Agricultura y un cruzado contra la suba de las alícuotas, debe haberlo desalentado. Algunos comunicadores del espectro K también se decepcionaron porque la militancia de Batakis no fue garantía suficiente para el giro redistributivo que Guzmán les había negado. Esperaban a una Batakis alfonsinista que les prometiera que “con la militancia se come, se cura y se educa”, y se encontraron con una Batakis Calamaro que les mostró, pragmática, la cruel realidad de que “no se puede vivir de la militancia.

Algunos vieron en la reacción de aquellas figuras más cercanas a la Vice su propio pensamiento. Es lógico. CFK venía de pontificar en sus últimas apariciones que el déficit fiscal no era una cuestión que hubiera que atender con urgencia y alentó la discusión por el salario básico universal, que no tendría otra fuente de financiamiento que la emisión monetaria, fogoneando una inflación que en junio volvió a subir y acumuló en los últimos 12 meses el 64% de incremento, como informó el INdEC. Cristina Kirchner también estuvo en contra del acuerdo con el FMI por el corset que le imponía al gasto. Su hijo, el diputado Máximo Kirchner, renunció como presidente de la bancada oficialista por ese motivo y todo el kirchnerismo votó en contra del acuerdo en ambas cámaras. ¿Por qué la Vicepresidente estaría de acuerdo con el ajuste fiscal que propone Batakis?

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Silvina Batakis en la conferencia de prensa en la que presentó el plan de ajuste del que Cristina Kirchner aún no habló.

Norma IRAM

En el Gobierno afirman que todas las medidas fueron conversadas con la Vice. Batakis dejó trascender que hubo un contacto con ella previo a los anuncios del lunes en el que vio una luz verde. Sin embargo, CFK sigue sin pronunciarse. No habló sobre Batakis, ni sobre su plan de ajuste, lo que alimenta las dudas sobre si brinda un apoyo real a la nueva estrategia del Palacio de Hacienda. Un signo pudo ser la reacción negativa de sus aliados, pero la exPresidente ya dijo que no deja que nadie hable por ella. Otro, un poco más nítido, tuvo que ver con el aumento de la retención a cuenta de Ganancias para el gasto en dólares con tarjetas de crédito. Tras la oficialización de la medida, que subió 10 puntos el valor del dólar ‘solidario’ con ese fin, el portal Infobae informó que la misma fue definida en un encuentro cara a cara que Alberto Fernández y Cristina Kirchner mantuvieron en Olivos el miércoles. La Vice confirmó la reunión, que -como la vez anterior- la portavoz Gabriela Cerruti dijo desconocer, pero desmintió que se hayan tratado ese y otros temas.

En definitiva, CFK se despegó de un nuevo ajuste al cepo. Es probable que lo haya hecho -como consignó Urgente24- para eludir responsabilidades en una medida que afecta no sólo a la clase media que viaja al exterior, sino también a aquellos que utilizan servicios de streaming (Netflix, Spotify, Amazon, etc), un tipo de consumo al que también acceden asalariados de clases más bajas. Por algo la desmentida fue a través de un canal institucional, esta vez, el del Senado. La Vice pretendió -en un movimiento vano- no dejar los dedos marcados en una decisión impopular.

Pero, más allá de esos indicios, sigue sin haber una expresión concreta de la Vice respecto al rumbo que fijó Batakis. Y si bien en el Gobierno se conforman con que no se pronuncie en contra, el prolongado silencio sólo ahonda las dudas sobre si la estrategia de la nueva ministra cuenta con el aval político suficiente y que no será bombardeada desde adentro en algún momento de su aplicación, como ocurrió con Guzmán. Como si fuera un sello de calidad, una norma IRAM que certifique en un momento de gran incertidumbre, el apoyo de CFK debe ser expreso. Lo explicó la consultora Shila Vilker. “No hay posibilidad de una dirección económica si no hay un apoyo político y ese apoyo necesita de alguna clase de expresión: foto o discurso”, dijo. La directora de la firma Trespuntozero también señaló que si Cristina pretende diferenciarse nuevamente del Gobierno, estará esta vez obligada a proponer una solución alternativa. Ya no podrá ser una mera comentarista que se desentiende de las acciones de la administración de la que es vicepresidente: deberá indicar cuál es el rumbo que -según su visión- es el correcto.

Pólvora mojada

Esa necesidad de que CFK sea la que normalice el rumbo económico con su bendición es la tragedia de Alberto Fernández. El Presidente carece de total autoridad para que el programa sea tomado en serio por los agentes económicos con su sola firma. “Que los mercados entiendan que vamos a bajar el déficit fiscal y que el dólar tiene un valor adecuado”, dijo como respaldo al plan Batakis. La frase disparó algunos comentarios pícaros entre quienes la vieron como una rendición disfrazada de guapeada. Tal vez el Presidente haya tomado consciencia de ello y, para balancear, dijo el viernes en tono desafiante que “los especuladores van a probar nuestra fuerza”. Una amenaza tardía: para entonces el dólar blue y los financieros ya orillaban los $300, y la caída de los bonos en dólares llevaban al Riesgo País, el índice de probabilidad default de la deuda soberana, a que superara los 2.700 puntos básicos, un máximo desde la última reestructuración. El Presidente les disparaba con la pólvora mojada. Antes no había podido convencer a los movimientos sociales aliados que no participaran de una movilización que tuvo lugar el jueves en la Plaza de Mayo.

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Alberto Fernández en la planta automotriz de Honda Argentina, en el partido bonaerense de Campana.

Las señales de austeridad fiscal que envió Batakis al mercado no fueron suficientes para evitar que la brecha cambiaria se ampliara. La diferencia entre el dólar oficial y los alternativos genera trastornos palpables. Trascendió que la ministra Batakis recibió un informe reservado de las cámaras cerealeras que advierte sobre la posibilidad de un derrumbe histórico en el ingreso de divisas para el segundo semestre del año, que es de por sí la temporada baja de liquidación. De acuerdo a ese documento, la inestabilidad que se acentuó con la renuncia de Guzmán proyecta una merma significativa en la venta de granos a la industria molinera, con el obvio correlato en la generación de dólares. El IERAL, de la Fundación Mediterránea, aportó, por su parte, que a finales de junio último sólo el 27% de la cosecha de soja estaba comercializada, cuando históricamente se registra alrededor de un 45% para ese momento. El motivo es claro: los productores se sientan sobre su cosecha a la espera de que la situación cambiaria sea más clara, o a que haya mejores incentivos para vender. Hasta entonces, se espera que “se ralenticen todas las operaciones que implican desprenderse de moneda extranjera o de un activo cuyo valor se encuentra directamente ligado al tipo de cambio”, señalaron desde el instituto que dirige Carlos Melconian.

Un problema para una economía que tiene tantos pesos dando vueltas.

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