La conclusión obvia fue que los progresistas que otorgaban un derecho a las mujeres estaban mayormente en el Frente de Todos, mientras que el resto pertenecían al conservadurismo argentino que pone trabas a la ampliación de los derechos y se encontraban en la oposición (a excepción de la izquierda).
Pero la lectura lineal y antojadiza de los números oculta contradicciones graves.
Uno de los argumentos que repitieron esos sectores progresistas -con mucho de comprobación en la realidad-, es que las mujeres pobres que no tienen acceso a hacerse un aborto en condiciones de seguridad como las mujeres ricas, son las que mueren o sufren por esas prácticas irregulares, por lo que extender el derecho a la IVE a todas las mujeres posibilita hacerlo en centros de atención pública universales.
Ahora bien, el problema es que el sector que se apunta como el “progresista” que amplía derechos para las mujeres pobres resulta que es el mismo de tinte populista que produce o tolera una inflación elevada durante décadas, una deformación económica que crea millones de pobres y una distribución de la riqueza desigual.
Esa política económica y sus consecuencias palpables en la realidad que demuestran un incremento y profundización de la pobreza ¿podría categorizarse como progresista o conservadora?
Entonces, la multiplicación de los pobres, las desigualdades y la deficiente enseñanza sexual y acceso a la anticoncepción que apañan los sectores progresistas se pretende resolver con el aborto, una práctica que los mismos argumentadores de la IVE reconocen que es una elección traumática para las mujeres que deben atravesar el proceso.