Los que suelen tomar nota primero, siempre del termómetro social son los intendentes del Gran Buenos Aires. No en vano aceleraron sus reuniones. Tanto en el oficialismo como en la oposición. Esta semana hubo un encuentro importante en Avellaneda que reunió a los alcaldes de la primera y tercera sección electoral. De ese cónclave surgieron los habituales pedidos para estos tiempos. “Nos reunimos para establecer una agenda de trabajo común sobre los principales temas que afectan a nuestra población: aumento de precios de alimentos, la inflación y la seguridad”, publicaron en sus redes sociales varios de los asistentes. El mensaje es hacia adentro de su propio gobierno nacional y provincial.
El apoyo a la actuación de Sergio Massa se mantiene. Todos son conscientes que no hay plan B, pero que muchos tendrán que transpirar más de la cuenta para renovar sus mandatos en caso que la economía no avizore una mejora palpable. Ya lo dijo el propio Máximo Kirchner en un reciente encuentro con los alcaldes. “Si seguimos así vamos a perder”. ¿Sólo se refería al gobierno nacional?
En este medio se advirtió hace tiempo de la tensión creciente entre intendentes y Máximo Kirchner. Con Axel Kicillof viene desde el arranque y sigue en la actualidad. Pero con el presidente del PJ bonaerense es más novedoso. El argumento del hijo de la vicepresidente que su agenda se modificó luego del atentado a su madre, es relativo. El 24/08 ya se advertía de esta tensión y así se publicó:
“Lo notaban distante (por Máximo Kirchner). Quizás se relacione con la imposibilidad de poder cumplir acuerdos que lo depositaron en la cúpula partidaria para la que tuvo que sortear resistencias políticas y legales (aún hay un reclamo pendiente de la presentación que hizo Fernando Gray) Para entender el juego del Frente de Todos en Buenos Aires hay que seguir una premisa: cuando se aleja Máximo, crece Axel Kicillof. El gobernador se siente, otra vez, fortalecido internamente. Siempre ha respondido a Cristina Kirchner y nadie más. La relación tuvo altos y bajos. Pero ahora, Kicillof está convencido de que podrá buscar su reelección con menos discusión interna que antes. Dilata decisiones. No concede todo lo que le piden los intendentes."
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Axel Kicillof, la reelección está más cercana.
Foto: captura de video.
Un claro conocedor de esta situación entre los intendentes y el gobernador lo relata crudamente: “cuando hay que avanzar en un nombramiento de los ministerios que están bajo la órbita de los intendentes o incluso del Frente Renovador, los tiempos son infinitos. En cambio, si es algo que lo pide Carlos Bianco, Augusto Costa o Federico Thea la resolución es inmediata”.
La última gran puja se terminó de definir la semana pasada con la conformación de los directorios de las empresas del Grupo Banco Provincia. Desde que asumió Gustavo Menendez y con la diversificación del grupo, los nombramiento se mantuvieron en stand by. Recién se terminó de resolver el viernes 23/09 tras una larga tensión. Ganaron los jefes comunales que se quedaron con la presidencia de Provincia Seguros, donde recaló Sergio Patrón Costa, un hombre de Menéndez, mientras que Fernando Sack, más cercano al gobernador administrará Provincia ART. Lo que para los que no siguen de cerca las minucias, lo que podría ser visto como un empate, no lo es. Alcanza con mirar los balances de una u otra empresa.
Hay más datos que demuestran este compartimiento de Kicillof para con los intendentes en una ya clásica puja de poder. En el reciente creado Ministerio de Transporte que dirige Jorge D´Onofrio, del massismo, le costó mucho poder ponerlo operativo. Y aún le cuesta. Todavía pelea por nombramientos, sobre todo de una colaboradora suya muy importante. Lo mismo le sucedió a Leonardo Nardini en el Ministerio de Infraestructura cuando quizo crear el cargo de Jefe de Gabinete y ubicar a Franco La Porta, a quien lo designaron, pero el cargo nunca se creó. Martín Insaurralde podría relatar episodios similares a montones. Lo importante, siempre, está en lo detalles.
La cada vez más posible eliminación de la PASO puso en alerta a todo el sistema político.
Hoy los mayores dolores de cabeza los tiene Juntos por el Cambio que no puede ordenar su interna. Y difícilmente lo vaya a lograr. Hubo una demostración fuerte de Néstor Grindetti, Joaquín De La Torre y Javier Iguacel para caminar juntos la provincia de Buenos Aires. Del otro lado del ring está Diego Santilli.
A pesar de ser apuntado por no pertenecer originariamente al territorio bonaerense, 'el Colorado' le pone horas a sus recorridas. Un detalle: cada 15 días se pasa más de 12 horas en el distrito de La Matanza. Allí, quienes lo acompañan apuntan con mucha atención el descontento que ha trepado a niveles muy elevados en sectores históricamente identificados con el peronismo.
La respuesta a eso, no necesariamente, será votar opciones más radicalizadas, sino no ir a sufragar, como ya sucedió en 2021. El voto se ha convertido, lentamente, en la misma sensación que ir a denunciar un delito a la comisaría. La certeza que no cambia nada. El fenómeno es peligroso pero no propio sólo de la Argentina. En cada elección es menor la concurrencia a las urnas. Otro síntoma más que la explosión no llegó, porque, en definitiva, ya se produjo.
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