Las fechorías libertarias en las redes sociales, entonces, quedaron en manos de Santiago Oría, al que ya apodan ‘Leni’, el cineasta personal de Javier Milei. Pero Oría tuvo mucha mala suerte en su debut, cuando quedaron todos los dedos pegados por el uso de bots para instalar conversaciones. Un desastre en tiempo real peor que el del Challenger.
Fue un error más que inoportuno el de Oría cuando hay que salir a bancar el relato libertario, al que le está entrando agua por todos lados.
Porque aunque Milei diga que cualquier acción en ese sentido es hacer populismo, lo que es tan feo como la justicia social, lo cierto es que al mismo tiempo lo tiene al ministro Toto anunciando que se usarán fondos de la ANSES, o sea públicos, para fondear a los bancos y que estos presten con una tasa tope (¡oh, no, una regulación!) para mover el crédito hipotecario y darle un sacudón a la actividad ahí donde hace falta. ¿Cómo se llama la obra? Intervención del Estado.
En el cuento de hadas libertario, el beso del príncipe azul del orden macro y el mercado es suficiente para revivir a la doncella de la economía languideciente. En el mundo real, en cambio, la mano invisible aprieta poco y así no se ganan elecciones (o reelecciones). Se dieron cuenta.
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