“¿Qué les diría Perón a Axel y a Máximo? Que se dejen de romper las pelotas y arreglen el tema”, afirmó el senador formoseño. Pese al tono tajante, se mostró confiado en que ambos terminarán alcanzando un entendimiento.
Según planteó, tanto el gobernador bonaerense como el presidente del PJ de la provincia pueden mantener diferencias, pero deberían priorizar la unidad del movimiento frente al escenario nacional.
“Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres”, insistió Mayans, al considerar que la disputa interna resulta menor frente al impacto que, según su mirada, tienen las políticas del Gobierno sobre el país.
El senador también lanzó una advertencia dirigida a toda la dirigencia: “A nadie le interesa la pelea de los dirigentes”. Para Mayans, el poder dentro del peronismo debe ordenarse a través del voto y no mediante discusiones prolongadas entre sectores.
Di Tullio: “La gente nos detesta y tiene razón”
Juliana Di Tullio tampoco intentó disimular su cansancio. La senadora bonaerense reconoció que el conflicto sólo parece ocupar a quienes forman parte de la política y que está muy lejos de las preocupaciones cotidianas de la sociedad.
“La discusión me tiene podrida a mí, imagínense al resto. Sólo nos interesa a los dirigentes. La gente nos detesta y tiene razón”, sostuvo.
La legisladora advirtió que mientras el peronismo concentra energías en su interna, millones de personas atraviesan dificultades económicas y sociales mucho más urgentes.
Aun así, se mostró optimista sobre la posibilidad de que el espacio termine ordenándose y pueda competir unido. También defendió la realización de las PASO como mecanismo para resolver las candidaturas y las diferencias entre sectores.
Di Tullio incluso relativizó la profundidad de la disputa. Aseguró que mantiene conversaciones con todos los espacios y que no logra identificar grandes diferencias políticas entre los sectores enfrentados.
“Si me preguntan cuáles son las diferencias, no sé cuáles son. Es un poco desconcertante”, admitió.
Una disputa que no encuentra salida
Pese a los llamados públicos a la unidad, hasta el momento no existen señales claras de una reconciliación entre Kicillof y Máximo Kirchner.
El gobernador bonaerense mantiene su decisión de no visitar a Cristina Kirchner, luego de considerar que el último encuentro entre ambos no terminó en buenos términos. Esa postura provocó nuevos cuestionamientos desde La Cámpora y desde los sectores más cercanos a la expresidenta.
La tensión llegó a tal punto que algunos dirigentes camporistas compararon a Kicillof con Augusto Vandor, el histórico sindicalista acusado de impulsar un “peronismo sin Perón”. La comparación fue interpretada como uno de los ataques más duros contra el mandatario provincial.
Kicillof y Máximo Kirchner retomaron brevemente el diálogo tras la muerte del Indio Solari, con el propósito de organizar el funeral realizado en Villa Domínico. Sin embargo, desde ambos sectores aclararon que aquella conversación estuvo limitada a ese acontecimiento y que no implicó una mejora en el vínculo político.
Los intentos posteriores para reunirlos en actividades partidarias tampoco prosperaron.
Actos separados y una unidad cada vez más difícil
A fines de julio, la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, invitó a ambos a un acto por el aniversario de la muerte de Eva Perón. Ninguno asistió.
Pocos días después, el gobernador riojano Ricardo Quintela organizó un encuentro para conmemorar los 50 años del asesinato del obispo Enrique Angelelli. Máximo Kirchner participó de la actividad, pero Kicillof volvió a ausentarse.
Estas escenas refuerzan la imagen de un peronismo dividido, con dificultades incluso para compartir actos simbólicos y construir una agenda común.
La interna bonaerense, además, ya dejó de limitarse a la provincia. El conflicto comenzó a condicionar las conversaciones con los gobernadores, el funcionamiento del Partido Justicialista nacional y la estrategia para enfrentar al oficialismo en las próximas elecciones.
Las PASO, otra batalla decisiva
Tanto Mayans como Di Tullio consideran que las elecciones primarias podrían ofrecer una salida institucional al conflicto. La idea es que las diferencias se resuelvan mediante el voto y no a través de negociaciones interminables entre dirigentes.
El Gobierno, en cambio, impulsa la eliminación de las PASO, una reforma que podría dificultar todavía más el proceso de definición de candidaturas dentro del peronismo.
Para la oposición, mantener las primarias resulta fundamental para evitar una ruptura y permitir que los distintos sectores compitan bajo una misma estructura.
Por ahora, el oficialismo no habría conseguido los votos necesarios para aprobar ese cambio electoral. Esa dificultad representa un alivio momentáneo para un peronismo que todavía no logró resolver su principal problema: dejar atrás una interna que ya irrita incluso a los dirigentes más cercanos a Cristina Kirchner.
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