En ese marco, también aparece otro factor clave: la situación de los presos políticos y, en particular, la del gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido desde hace más de un año. En el Ejecutivo no descartan que cualquier avance diplomático esté condicionado a señales concretas en ese frente.
Expectativas y cautela
Las expectativas oficiales crecieron en los últimos días luego de que autoridades venezolanas confirmaran la liberación de un grupo de detenidos, en lo que fue presentado como un gesto para descomprimir el clima interno. Según explicaron, la medida apunta a favorecer la pacificación y podría incluir también a extranjeros.
En el Gobierno argentino siguen ese proceso con atención, pero sin triunfalismo. Saben que la transición venezolana está lejos de cerrarse y que los gestos políticos todavía deben traducirse en hechos sostenidos.
Por ahora, la embajada argentina en Caracas sigue cerrada. Pero, por primera vez en meses, la posibilidad de volver dejó de ser tabú y pasó a formar parte de una discusión estratégica que combina diplomacia, seguridad y política regional. Cada movimiento será quirúrgico: en la Casa Rosada nadie quiere pagar el costo de apurarse… ni el de quedar afuera del tablero.
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