En la superficie, ambas fuerzas se muestran con una relación “institucionalmente correcta”, y al parecer, lo que sostiene la compostura de sus integrantes es dicha institucionalidad. Ante este “pico” de tensión entre la gestión schiarettista y la kirchnerista, que alcanza su punto máximo gracias a la decisión del gobernador de aplicar el “modelo de gestión cordobés” dispuesto a la realidad sanitaria de Córdoba (y no la del AMBA), varios dirigentes del Frente de Todos local comenzaron a lanzar reproches contra el propio Schiaretti.
Principalmente, lo que señalan desde el espacio K cordobés es que el gobernador estaría tomando la postura actual en base a sus necesidades electorales. El hecho de no adherir a las medidas diagramadas por el propio Fernández tiene un impacto muy fuerte en la consideración local, sobre la cual Schiaretti ha vuelto a ganar espacio con una movida sobre el aparente error presidencial.
Para Schiaretti, los movimientos anti K son un arma de doble filo que aprendió a utilizar hace mucho tiempo, y que la coyuntura actual pide sean aplicados con delicadeza. Teniendo en cuenta el año electoral, no es descabellado considerar lo propuesto por los integrantes del Frente de Todos local, quienes también anticipan que las posibles medidas de ayuda económica como el IFE no alcanzarían a jurisdicciones que no hayan adherido.
Se espera que en las próximas horas, ese espacio lance un comunicado en apoyo al presidente, donde podría ir incluida sutilmente, alguna flecha para el gobernador distante. Mientras tanto, desde el Panal la postura frente a las restricciones es crítica.
Para los schiarettistas, el cierre planteado por el presidente es gastarse “el último recurso” ante un colapso sanitario, a costa de terminar con miles de Pymes y poner en riesgo el proceso escolar de millones de chicos. En ese orden, el propio Schiaretti destacó que Córdoba tiene 3 prioridades: Salud, trabajo y educación.
En vistas a las posibles críticas sobre la postura cordobesa, el Gobierno provincial se adelantó y justificó con datos sus decisiones. En primer lugar, las autoridades sanitarias cordobesas explicaron que la situación epidemiológica de la provincia mediterránea no es la misma que la del AMBA, aunque si se encuentra en franco aumento el número de contagios.
Actualmente, Córdoba alcanza el 30% de sus camas críticas ocupadas por pacientes con coronavirus, mientras que la ocupación total rondaría el 50% atendiendo otras patologías. Cabe destacar que la mayor parte de las camas totales están destinadas a posibles pacientes con coronavirus, por lo que se considera un porcentaje moderado (3.751 es el total, y de ellas, 2.261 son destinadas a Covid).
Este es el indicador fundamental que hace que Schiaretti no acompañe las medidas sanitarias de Fernández. Por otro lado, el Ministerio de Salud de la provincia informó que los contagios en espacios formales son ínfimos en comparación a las reuniones sociales.
En el caso de las escuelas, sólo el 1,2% de las burbujas escolares están aisladas actualmente. En la provincia hay más de 62 mil burbujas escolares. Mientras que en el ámbito laboral, solo hubo un contagio del 13%, y un nivel de contactos estrechos del 11%.
Por último, el transporte público representó el 1,3% de los casos durante la semana en curso. Con esos números, no bajos pero si moderados, la Provincia justificó el sostenimiento de la apertura sanitaria, y la implementación de un modelo sanitario “cordobés”, que se despegaría del Nacional, y que se basa en la suma de camas críticas, el rastreo de contactos y el testeo masivo de la población.
Sin dudas, estas diferencias se suman a las ya sembradas con anterioridad. Lo que resta verse es en qué punto Schiaretti estaría dispuesto a recurrir al botón rojo que Fernández ya parece haber presionado, aunque desde todos los ámbitos admiten que esas medidas no bajarán los contagios, pero sí permitiría quitar presión al sistema de salud.