En un encuentro posterior, Alberto le explicó a Capitanich que si lo hubiera designado jefe de gabinete, la prensa opositora lo hubiera golpeado por haber roto en cámara un ejemplar de Clarín, y el gobernador del Chaco respondió que estaba de acuerdo.
En la deliberación en la sede del CFI en Retiro los gobernadores acordaron respaldar a Massa, pero preservar en la jefatura a Juan Manzur, cuyo rol se ceñiría a la ejecución del presupuesto. Al tanto de lo que bullía en el CFI, desde la Casa Rosada invitaron a los gobernadores a almorzar. Llegaron a las tres de la tarde y no fueron diplomáticos. Dijeron que no admitirían más aplazamientos
Esos encuentros en el CFI se volvieron cada vez más frecuentes desde abril. Delinearon un alejamiento de las aspiraciones presidenciales a un segundo mandato, una identificación creciente con las críticas de CFK a las políticas oficiales y una preocupación cada vez menos disimulada por los compromisos asumidos por el Poder Ejecutivo con el FMI, que implicarían una reducción de las transferencias del Tesoro a las unidades subnacionales. O dicho más fácil, de la Nación a las provincias, en lo que no hay grieta: eso también les escuece a los mandatarios uceerreístas. Otro tanto vale para la inflación.
En una de las citas anteriores en el CFI, mientras varios gobernadores analizaban la relación entre Alberto y Cristina, el de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, contó su relación con el hombre fuerte de la política provincial, Carlos Rovira. Hace 16 años, Rovira perdió la posibilidad de reformar la Constitución y habilitar su reelección, cuando un candidato episcopal respaldado por el cardenal Jorge Bergoglio lo batió por 13 puntos en un plebiscito. Desde la presidencia de la Legislatura, Rovira siguió conduciendo la provincia, con tres sucesivos gobernadores que él designó.
El único que se animó a desafiarlo fue Sergio Lanziani, a quien Rovira había promovido como Secretario de Energía de la Nación al comenzar el actual gobierno. Desde su cargo nacional no tuvo mejor idea que armar una interna contra Rovira, que le quedó grande: la policía misionera encontró a Lanziani durmiendo la siesta con una novia durante el aislamiento por la pandemia y ahí se acabó su carrera. “Yo soy el gobernador y tomo las decisiones. Rovira no está controlando cada cosa que hago, pero si meto la pata en alguna cosa me lo hace saber y me corrige”, explicó Herrera Ahuad. (...)".
El caso Roberto García
Periodista avezado, Roberto García va por lo que viene, no porque lo que ya fue. Él quiere saber qué hará Sergio Massa dentro de algunas horas. 'Vamos a los bifes'. Y García es un gran escéptico, algo que está muy bien en las horas que vienen. Los números son no discutibles. Los porcentajes, a veces, también:
"(...) Varias de las ideas provienen de Álvarez Agis, aunque los anuncios del miércoles quizás no ofrezcan un señuelo inédito. Mas bien, se repite la búsqueda de un paquete tradicional de dólares, habitual base para los programas de emergencia: anticipos de exportadores, créditos internacionales, asistencias varias para constituir un refugio de divisas que evite nervios en el mercado.
Este paquete podría incluir una ingeniosa pero discutible maniobra: habilitar un dólar privilegiado (MEP menos el 35%) para los que liquiden soja antes de fin de agosto, algo así como recaudar US$ 6.000 millones y 2.000 para los privados. Por citar unos números.
Sería un auxilio presunto para llegar a la cosecha gruesa, visto desde el ángulo económico y no el político. Sostienen que no sería inflacionario –ya que los argentinos no consumen soja–, pero ofrece varias objeciones: la discriminación sobre otros productores de trigo o girasol y la pregunta habitual en las medidas con fecha: ¿qué ocurre al día siguiente?, ¿se vuelve a la liquidación del dólar actual?
En fin, también sería una argucia de Massa para disipar el conflicto con el campo: si no lo puedes vencer, asóciate con él, reza la máxima. Y los productores, satisfechos: del temor a la confiscación se pasa a un alivio.
Con enigmas semejantes se anota además la posible venta de las acciones de empresas privadas, un volumen considerable que posee el Estado, idea que alegra –dicen– a compañías impulsoras de Massa. Ya se hizo con Martínez de Hoz y levemente con Macri. Alta complejidad para esa operación cuesta entender que se arregle solo con un decreto.
Es un dilema para un falso superministro que empieza el ejercicio de equilibrista entre dos puntas irreconciliables entre sí. Hasta con él mismo. Pero se exigía esta oportunidad, la imaginaba y deseaba hace tiempo, lo confesó más de una vez. Inclusive, con la eventualidad del retiro político si no prosperaba en la tarea. Aunque sean pocos los que crean en esa frase. Una característica del nuevo “superministro”. (...)".
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Zuban Córdoba: Baja performance de Sergio Massa.
El caso Mario Wainfeld
Página/12 en general, y Mario Wainfeld en particular, viven el duelo del 'albertismo que no fue'. A Víctor Santa María se le cae más de un lagrimón. Wainfeld carece de proximidad con Massa y con lo que puede esperarse de su diseño de la economía. Pero lo más grave es su desdén por 'el mercado'. Ser periodista político sin entender de qué trata el dólar, la variable más importante para el humor de los argentinos, es escribir sobre Tanganika. Pero bueno, es interesante aproximarse a esta lectura:
"(...) Queda un enigma interpretativo para debatir, no saldado en el Agora: por qué no ingresó Massa directamente tras la renuncia de Martín Guzmán. Puesto de otro modo, por qué el binomio presidencial optó por el (ahora se sabe) costoso y efímero interregno de Batakis. Este cronista piensa sin plena certeza, en parte por información y en parte por análisis, que las demandas iniciáticas de Massa les resultaban excesivas a Alberto y a Cristina.
Poniendo al revés una famosa frase de la película 'El Padrino': que había formulado una propuesta que no se podía aceptar. En todo caso, dos grossos pedidos no coronaron: la Agencia Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y el Banco Central. La AFIP parece blindada a virtuales avances con el nombramiento de Carlos Castagneto, dirigente de Kolina. Un espacio nuevo para el kirchnerismo, cuyos funcionarios no fueron afectados por los cambios. Castagneto ya trabajaba en AFIP; tenía buena relación de trabajo con la ex titular Mercedes Marcó del Pont.
La posición de Miguel Pesce, titular del Central, podría ser menos segura. AF lo reivindica. Habrá que ver cómo se va llevando con el ministro entrante; si hay roces, cómo se tramitan las discrepancias, si Massa se inclina por preservar la paz interior o se tienta con seguir avanzando. Se ahorran profecías, seguramente ni los propios protagonistas saben qué pasará en los próximos meses.
(...) Algunos voluntaristas entienden que el descenso de la cotización del dólar ilegal (“blue”) es una respuesta de los mercados a la llegada de Massa. Este cronista sigue creyendo como hace dos semanas o diez años que ese mercado es capcioso, manejado por un puñado de especuladores. Imaginar que se rige por la mano invisible de las expectativas… too much. Si los capos de la City se movieron es en espera de una contrapartida. Los ataques devaluatorios seguirán, quizá permitiendo una pausa corta. La soja en silobolsas, bien gracias. (...)".
El caso Marcos Buscaglia
Increíble esos promotores de la devaluación antes de intentar 'bajar la espuma' del dólar que no propician la liberación de la cotización. En las actuales condiciones, es preferible pagar el costo de la liberación que el de devaluar hoy, mañana y pasado (3 veces en 3 meses fue el récord de Lorenzo Sigaut en el año de las 4 devaluaciones porque Jose Alfredo Martínez de Hoz ya había hecho una antes de irse para que le 'cerrara' el Presupuesto). Y la consecuencia fue... ir a Malvinas. Luego, la cuestión del origen italiano del apellido Massa es desopilante:
"(...) ¿Qué podemos esperar del flamante equipo económico? Parece difícil que vaya a hacer todo lo correcto, es decir corregir todos los desequilibrios macroeconómicos. Esto implicaría implementar una devaluación importante. El peso está apreciado más de un 30% en términos reales, es decir ajustado por inflación. Para corregir el desequilibrio cambiario se requeriría una devaluación del peso de más del 50% en términos nominales, dado que parte la caída del peso se traduciría en un aumento de la inflación. Es difícil pensar que el Gobierno estaría dispuesto a llevar el tipo de cambio oficial a cerca de 200 pesos por dólar de una vez.
También parece difícil que implemente un ajuste fiscal suficientemente grande como para llegar al 2,5% del PBI de déficit primario (sin intereses) comprometido con el FMI. Guzmán dejó un descalabro importante en las cuentas públicas en el primer semestre del año, y el déficit se encaminaba a terminar cerca del 4% del PBI este año.
Parecería que lo más probable es que adopte una serie de ajustes parciales con el objetivo de tirar sin una crisis macroeconómica hasta las elecciones, dejando que los desequilibrios grandes los corrija el próximo gobierno. Es posible que implemente algún tipo de desdoblamiento cambiario, para inducir al campo a vender la cosecha y sumar reservas, pero con un esquema mejor pensado que el anunciado recientemente. Luego, con más reservas y con el invierno por detrás, quizás se acelere la depreciación del peso para el resto de la economía. En las cuentas fiscales es probable que también se elija un camino intermedio, con algo de ajuste, ma non troppo.
Es decir, en términos del dicho de Churchill, parecería que, si bien Sergio Massa argumenta que tiene buenos vínculos con Estados Unidos, distará de comportarse como un norteamericano. Fiel a sus raíces italianas, lo más probable es que implemente un parche para ir tirando.
Los mercados recibieron con algarabía el cambio de gabinete. El peso se apreció contra el dólar en los mercados paralelos, y los bonos en dólares saltaron hasta un 30% de lunes a jueves. El principal problema que tendrá de corto plazo el equipo económico es, justamente, mantener la confianza del mercado. Un viejo operador me decía que en la percepción del mercado había un principio tan rígido como los de las matemáticas. Así como todo número multiplicado por cero da cero, me decía, toda combinación con Cristina Kirchner da Cristina Kirchner. Este principio se intentó ocultar debajo de la idea de un Alberto Fernández moderado y un ministro venido de la Universidad de Columbia como Guzmán. La que se encargaba de correr el velo que ocultaba este principio era la propia Cristina, con sus cartas y discursos. ¿Logrará Massa volver a cubrir con un velo este principio inalterable del peronismo, que es capaz de cobijar a muchos, pero que solo admite un jefe o jefa?".
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