En ese sentido, fuentes del oficialismo provincial se atrevieron a comparar el proceso de campaña con el que llevó a Daniel Passerini a ser el nuevo intendente de Córdoba capital. Aunque ese escollo no contó con la división del PJ, si tuvo un fuerte enfrentamiento con el radicalismo en un bastión del partido centenario.
Como plato fuerte, el ex intendente de Córdoba y San Francisco llevó hasta el sur cordobés la promesa de cumplir con la obra de la autovía entre Holmberg y Río Cuarto. Un desarrollo recientemente transferido por Nación a la Provincia, y que resulta clave para la logística del área productiva.
Esa apuesta fue la demostración principal de un concepto que creció con Juan Schiaretti y fue heredado por Llaryora: municipio y provincia trabajan mejor juntos. Algo que podrá reproducirse nuevamente, ahora con De Rivas.
A ello se sumaron una serie de anuncios para productores cuya cabecera es Río Cuarto y toda el área de influencia.
El ensayo del “partido cordobés”
A las certezas provinciales que brindó la victoria en Río Cuarto se sumaron algunas con proyección nacional. Según el entorno del gobernador, el resultado riocuartense apuntaló el concepto de “partido cordobés” que Llaryora intentaría exportar a todo el país en un futuro no tan lejano.
Esa idea, que busca nuclear dirigentes de diversos espacios orientando las campañas en la gestión y no tanto en lo meramente político, sería el nuevo producto que creció un poco más con el triunfo oficialista del domingo por la noche. Cuestión que vendría a derribar “la grieta” y el impulso ideológico como principal combustible en el cuarto oscuro.