Y si bien consideró que el episodio Insaurralde funciona como sesgo de confirmación para los votantes de Javier Milei, relativizó que genere una afluencia de votos oficialistas hacia el libertario.
"Aquellos que tienen otro enfoque para clasificar la política, por fuera de casta/anticasta, dirán 'no, para mi este tema no va a cambiar mi voto', en este caso a Sergio Massa", dijo.
No obstante, consideró que en un escenario de elección cerrada en el que los candidatos están "tratando de conseguir un puntito más", a los del peronismo "se les va a hacer muy cuesta arriba porque estos casos generan mucha conversación".
Gustavo Marangoni
Gustavo Marangoni consideró que el escándalo de Marbella les dificulta a Massa y Kicillof ir por votos que hoy están indecisos.
Carlos Fara, por su parte, abordó la cuestión de la provincia de Buenos Aires, donde impacta principalmente este caso.
Recordó que Massa, Kicillof e Insaurralde "comparten la misma lista sábana" en la provincia de Buenos Aires y advirtió sobre la posibilidad de que el gobernador "pague los platos rotos por una situación en la que probablemente que no tiene nada que ver".
Por otro lado, sostuvo que si Massa "estaba tratando de captar decepcionados, es difícil que los convenza ahora de que son algo distinto".
"Me parece que lo que sí obtuvieron en agosto es un núcleo duro que dice corrupción hay en todos lados, pero te pone un techo para captar votos que por ahí están dado vuelta", dijo.
Además consideró que "en el momento de la campaña, el voto duro empieza a sospechar" de la oportunidad y de la presunta intencionalidad de la difusión de determinados episodios.
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Carlos Fara estimó que el oficialismo no perderá por este caso votos obtenidos en agosto, pero que hay un "techo" para sumar indecisos.
Marangoni, por su parte, hizo un parangón entre el affaire de Marbella y el denominado 'cajón de Herminio Iglesias', de aquel cierre de campaña del peronismo en 1983 en el que el dirigente sindical y candidato a gobernador del peronismo incineró una réplica de un ataúd con los colores de la UCR. La derrota del PJ en el retorno de la democracia quedó simbólicamente atado a aquel acto.
"En ese momento salíamos de una dictadura, de la muerte, quemar el símbolo de la oposición era todo lo que no se debía hacer. Vamos a ahora. La casta, los dirigentes que piensan en sí mismo, que se la llevan, etc y de repente aparece todo esto, que es muy visual. En parte ayuda a comprender el por qué de un voto tan fuerte por Milei o el debilitamiento de la opinión pública respecto de sus dirigentes, entonces, aparece esto y es como la confirmación", explicó.
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