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Luis Juez llora por Larreta pero su pasado lo persigue

Luis Juez apuntó por lo bajo contra el precandidato del PRO y su acercamiento a Juan Schiaretti. Pero se olvidó que fue intendente.

CÓRDOBA. Luis Juez sufrió su tercera derrota en su deseo de ser gobernador y, casi en un ‘deja vú’ de lo sucedido en 2007, le abrió paso a un nuevo gobernador peronista. Precisamente, las similitudes con el escrutinio que en aquella oportunidad inauguró el periodo schiarettista encontró al abogada en una nueva posición de víctima.

Con dificultades de conteo irónicamente similares a las que sucedieron hace 16 años, y con una elección igualmente reñida, el referente del Frente Cívico y candidato de Juntos por el Cambio volvió a sentirse “perjudicado”. Y no solo por el rival, sino también por los propios socios de la coalición.

Entre otros “responsables” señalados por Juez para justificar un nuevo fracaso electoral, estuvo Horacio Rodríguez Larreta. El jefe de Gobierno porteño y precandidato a presidente se ganó el enojo del cordobés a partir de su acercamiento nacional a Juan Schiaretti, también precandidato.

Ese approach del dirigente del PRO con el gobernador cordobés puso a Juez en el pico de su nerviosismo durante la campaña. Si bien el senador se cuidó de los micrófonos, por detrás de ellos los epítetos contra Larreta fueron innumerables.

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Luis Juez no debe perder de vista su prontuario.

Sin embargo, en su raid por encontrar razones a su nueva derrota y con razón polémica derrota (muchas irregularidades en la carga de datos), Luis Juez perdió de vista un dato que lo puede haber condenado antes de tiempo: su intendencia en Córdoba. Dentro de su larga carrera política, Juez registra un paso como intendente de Córdoba, al igual que el ganador del PJ Martín Llaryora.

En su época como funcionario, Luis Juez quedó marcado por una de las peores etapas municipales. Al ex peronista le trabaron numerosos paros y su gestión estuvo casi en manos del radical sindicato del SUOEM, al que Llaryora le dio prioridad dominar.

Al parecer, los recuerdos de una administración turbulenta de la ciudad de Córdoba pesaron a la hora de la votación. Testigo de ello fueron los resultados favorables al actual intendente en los recintos capitalinos.

De hecho, Martín Llaryora admitió que se quedó con la provincia gracias a la ciudad. Lugar donde Juez no pudo penetrar por su pasado.

Respecto a ello, no es casualidad que el senador haya dominado en el interior. Su apuesta siempre fue la de emparejar por fuera y, de hecho, casi lo logra.

Por otra parte, el acercamiento de Larreta a Schiaretti y al PJ cordobés ofició, de alguna manera, de impulso para Juez que hasta el momento llevaba una campaña chata. En un claro rebote sin intenciones por parte del jefe de Gobierno porteño, las charlas con Schiaretti potenciaron la imagen de víctima que siempre supo manejar Juez.

Aunque ese combustible llegó muy tarde, en una campaña que fue de muy baja calidad por falta de argumentos. Antes de ese movimiento nacional, Juez caía frente a Llaryora por más de 15 puntos.

Por su parte, Larreta felicitó públicamente a Juez por la elección y evitó confrontaciones a sabiendas de que el cordobés apoyará a Patricia Bullrich. “Es una gran elección de Luis. Todavía falta un 5% de las mesas, venía lento (el escrutinio),m esperemos el resultado final, pero fue la mejor elección a gobernador de Juntos por el Cambio en la historia, y eso muestra la fuerza que tiene el cambio y que el kirchnerismo fue un fracaso absoluto”, expresó el porteño.

La historia se repite

Además de los señalamientos internos, Luis Juez volvió a sacar el traje de herido para denunciar, esta vez implícitamente, la posibilidad de una manipulación electoral. El lunes post electoral fue elegido por el candidato a gobernador para lanzar fuertes críticas al proceso.

Luis Juez, con la sangre en el ojo.

Luis Juez volvió a la derrota como en 2007.

“No soy un cobarde, tengo los huevos como dos calabazas. Me la banco. Me gusta perder o ganar. Pero no me gusta que me roben, que me maltraten. Yo a los tramposos no les acepto nada. Si hubiesen hecho las cosas como corresponde, yo hubiera ido a meterle un abrazo como Dios manda", advirtió. Y se eximió de culpa en la derrota que encarnó.

“No soy un soberbio que no va a reconocer si se equivocó. Pero la culpa no fue mía”, explicó. Y así invitó a muchos a un viaje en el tiempo.

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