José, de 62 años, permanecía detenido desde julio de 2017 por haber permanecido prófugo una semana. Por esa circunstancia la Justicia rechazó sucesivamente los pedidos de excarcelación o arresto domiciliario presentados por su defensa.
“Los jueces son cómplices, cubren a un pedófilo, que va a salir y va a volver a abusar de alguna nena. De mí abusó 15 años pero no me importa, a mi no me va a volver a abusar, pero hay otras nenas en peligro”, dijo Mailín entre lagrimas y bronca desde la puerta de los Tribunales.
“Que te paren arriba de su pene, que te toquen, que te beses sin que vos quieras, es abuso”, insistió la joven, quien estaba acompañada de otras víctimas del cura y a las que no les tomaron la denuncia de abuso, también porque ya había prescripto el hecho.
Héctor Silveyra, abogado de la víctima calificó como "vergonzoso" el fallo del Tribunal y adelantó que apelarán la decisión. “Nunca negó los hechos, pero acá es tierra de nadie. Se amparan detrás de la prescripción. Lo de la Iglesia es una vergüenza, mandaron a sus laicos, todos pagos, como fuerza de choque. No puedo creer que festejen esta injusticia”, enfatizó el letrado.
Gobbo contó que necesitó muchos años de terapia psicológica para asumir lo que había vivido con el cura y animarse a denunciarlo. Incluso, contó su madre, tuvo que abandonar la facultad. Es que, además, el cura es allegado a su familia. Por eso, fue su mamá la que hizo la denuncia en la Justicia.
Tras conocer la denuncia, allá por 2017, el sacerdote le escribió una carta a la mamá de Mailín. “Les aseguro que nunca tuve mala intención. Quizás demasiado cariñoso, como ella también era cariñosa conmigo. Nunca estuve a solas con ella, en la parroquia siempre con algún animador o catequistas y otros chicos. Cuando salía con ustedes vos estabas presente. Quizás pude ser imprudente jugando con ella, pero nunca con mala intención”, escribió.