Según relató ahora frente a 32 jesuitas durante un viaje apostólico a Hungría, dos de los jueces que lo interrogaron en 2010 fueron a visitarlo a la Santa Sede muchos años después. “A uno de ellos no lo reconocía, pero tenía la impresión de haberlo visto. Lo miraba y lo miraba, y me decía: ‘a este lo conozco’. Me dio un abrazo y se marchó. Lo volví a ver una vez más, y se presentó. Le dije: ‘Merezco ser castigado cien veces, pero no por ese motivo’. Le dije que estuviera en paz con esta historia. Sí, merezco ser juzgado por mis pecados, pero sobre este punto quiero ser claro. Vino también otro de los tres jueces, y me dijo claramente que habían recibido indicaciones del gobierno para condenarme”, se explayó.
Francisco explicó ante los jesuitas húngaros que la situación que se vivía en la Argentina en el momento que fueron secuestrados los curas era confusa. “No estaba para nada claro qué debía hacer y yo hice lo que sentía que tenía que hacer para defenderlos, fue una situación muy dolorosa”.
“Jálics era un buen hombre, un hombre de Dios, un hombre que buscaba a Dios, pero fue víctima de un entorno al que no pertenecía. Él mismo se dio cuenta. Era el entorno de la guerrilla activa en el lugar donde él se desempeñaba como capellán. Pero en la documentación que ha sido publicada en dos tomos, podrán encontrar la verdad sobre este caso”, completó.
Cabe recordar que, tal como ha informado en reiteradas ocasiones Urgente24, la relación del kirchnerismo con Bergoglio mutó radicalmente cuando, en 2013, fue ungido Papa. Previamente, la relación del entonces Gobierno nacional con quien se desempeñaba como arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina no era la mejor: se dice que 14 audiencias pedidas por Bergoglio fueron rechazadas por Cristina cuando era presidenta. Además, Bergoglio fue un acérrimo crítico del gobierno de los Kirchner, sobre todo de Néstor.
La primera reacción del kirchnerismo cuando se conoció la designación de Jorge Bergoglio como nuevo Papa fue salir con los tapones de punta, acusándolo de cierta complicidad con la última dictadura militar de la Argentina (acusaciones que, por otra parte, carecen de fundamentos y fueron desmentidas desde varios frentes). Fue grande la sorpresa y el malestar de la Casa Rosada al conocer la elección del entonces cardenal.
Las encuestas de opinión tan positivas para el Papa provocaron el interés del entonces Frente para la Victoria y la decisión de, si no podían subirlo al oficialismo, por lo menos neutralizar cualquier impacto adverso.
Una muestra de cómo mutó la relación del kirchnerismo con Bergoglio ya convertido en Papa fue el vínculo personal de Francisco con Hebe de Bonafini, la fallecida histórica titular de Madres de Plaza de Mayo, quien calificaba a Bergoglio como “una basura” e incluso impulsó la toma de la Catedral Metropolitana, y años después terminó visitando al prelado en Roma y pidiéndole perdón. “Hay que pedir perdón cuando uno se equivoca; le dije que nos habíamos equivocado, como también nos equivocamos con Néstor Kirchner”, reconoció Hebe en ese momento.
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