1. Creación del Impuesto al Valor Agregado (IVA): Esta fue una de las reformas más significativas. El IVA es un impuesto indirecto sobre el consumo que reemplazó otros impuestos al consumo menos eficientes. Se buscaba simplificar el sistema tributario y aumentar la recaudación fiscal.
2. Modificaciones en el Impuesto a las Ganancias: Se realizaron ajustes en el impuesto a las ganancias (o impuesto a las rentas) para hacerlo más efectivo y aumentar la recaudación. Sin embargo, se argumenta que estas modificaciones redujeron la progresividad del impuesto.
3. Ley de Entidades Financieras: Esta ley permitió una mayor liberalización del sistema financiero, facilitando prácticas de intermediación y crédito, pero también habilitando la usura y la especulación financiera.
4. Modificaciones en la Ley de Loteos: Se cambiaron las regulaciones relacionadas con el acceso a la tierra y la vivienda, afectando negativamente a los sectores más vulnerables que tenían dificultades para acceder a terrenos propios.
5. Impuestos al Trabajo y la Producción: Se introdujeron y/o incrementaron impuestos que gravaban el trabajo y la producción, afectando la competitividad de las industrias locales y contribuyendo a la desindustrialización.
Los unitarios
Estas reformas, en conjunto, tendieron a centralizar la recaudación fiscal y a favorecer la especulación financiera, en detrimento del desarrollo industrial y regional.
Todo esto derivó en un proceso de desindustrialización que generó el cierre sistemático de empresas y emprendimientos Pymes, y llevó a la profundización del ya citado régimen unitario, centralizador y extranjerizante en contra del desarrollo nacional, llevando el ahorro interno hacia el exterior y no hacia la inversión en territorio nacional.
Las consecuencias de este régimen económico, fiscal y financiero son evidentes: décadas de creciente pobreza y debilitamiento de la posibilidad de establecer un círculo virtuoso de desarrollo que genere trabajo.
A esto se sumaron las políticas globalistas impuestas a nivel mundial, que encontraron adeptos en estas tierras, donde desde 1810 siempre hubo personeros al servicio de intereses foráneos.
Este régimen va muriendo, de a poco. Nosotros, los Federales, debemos tomar posición y determinación en la presentación de La Solución Federal al problema de la decadencia de un régimen agonizante. Este régimen va muriendo, de a poco. Nosotros, los Federales, debemos tomar posición y determinación en la presentación de La Solución Federal al problema de la decadencia de un régimen agonizante.
Nuestra idea se basa en la historia económica Federal fundada en la Constitución de 1853, donde se sentaron las bases de un proceso industrializador hasta 1972. Los centralistas, de la mano de sucesivos movimientos militares, implantaron el régimen descrito anteriormente.
En 1976, la violencia profundizó este sistema usurario, centralizador y basado en la especulación financiera, acentuando el proceso de desindustrialización y yendo en contra del desarrollo de las provincias.
Todo esto fue apoyado por un nuevo ordenamiento cultural donde los intelectuales impusieron sus diatribas en contra de la Constitución Nacional. La base de la Solución Federal radica en invertir la pirámide impositiva, con base en la autonomía municipal y provincial, reduciendo a la Nación a su esencia original: la defensa y los negocios internacionales.
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La Repùblica tironeada, desde siempre.
Argentina 2024
El actual régimen gobernante, en contra de los dictados de la Constitución Nacional, ha derivado en lo que es: un gobierno nacional hipertrofiado y corrupto. Solo podremos poner fin a esto reimplantando una auténtica visión federal. Existe un profundo problema moral que no puede ser solucionado con palabras, sino con acciones.
Por ejemplo, la Constitución consagra en el artículo 24: "El Congreso promoverá la reforma de la actual legislación en todos sus ramos, y el establecimiento del juicio por jurados."
Su implementación seguramente contribuiría a disminuir la sensación de corrupción en la administración de Justicia. Sin Justicia, no hay Estado exitoso posible.
La misma Constitución en su reforma de 1994, establece un nuevo régimen de coparticipación federal de impuestos. Aprovechemos para devolver las autonomías fiscales a las provincias invirtiendo la coparticipación impositiva, donde el municipio aporte a las provincias y estas a la Nación. Así tenderá a desaparecer la corrupción, ya que nadie mejor que “el vecino”, conoce su comunidad.
Por eso debemos aprender de nuestra historia, algo que los economistas nativos en su mayoría parecen desconocer. La Constitución Nacional consagra el sistema fiscal rentístico, al que debemos volver imperiosamente y urgentemente. Abandonarlo fue el germen que nos llevó a la decadencia actual.
Solo un gobierno auténticamente Federal podrá revertir el curso de decadencia en el que nos encontramos. La Solución Federal necesita de personas consustanciadas con la idea, y no de agentes comprometidos con “el pemanecer”, utilizando cualquier idea marketinera que le permita perpetuarse en el poder.
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