Desde el Gobierno negaron rispideces con los demás países, y enmarcaron lo que sucede en una situación de negociación, en la que España, al igual que los países de la UE “quiere que se firme”. “Sin broncas, es una negociación. Ellos ganan un buen mercado, el Mercosur aún no tiene claro cuál sería su ganancia”, completaron. Tras lo que aseguraron que “Mercosur comparte que no se llegó con las metas que se habían establecido”, aunque en principio Argentina sería la única que no está dispuesta a firmar, lo que implica la no entrada en vigencia del acuerdo.
En diálogo con este diario Cafiero agregó que en 2019, luego de iniciado el Acuerdo, no se avanzó hacia la suscripción porque cambiaron las autoridades europeas y la nueva Comisión planteó las nuevas demandas en materia ambiental, que recién concretó tres años y medio después, en marzo de este año. Tras lo que agregó: “a partir de la presentación de un documento adicional por parte de la UE, hemos estado trabajando intensamente con los colegas del MERCOSUR, siempre con el objetivo de proponer modificaciones que permitan generar condiciones para el desarrollo de nuevas cadenas de valor, entre ellas las vinculadas a la electromovilidad, en las que podamos generar empleo y exportaciones con valor agregado”.
El funcionario, que esta semana dejará el Palacio San Martín rumbo a la Cámara de Diputados agregó que: ”Las conversaciones seguirán y el trabajo realizado es mucho, pero no están dadas las condiciones para firmar el Acuerdo. Las demandas del MERCOSUR están todas sobre la mesa y defienden los intereses del agro y de la industria. Como ya hemos dicho en distintas oportunidades, un acuerdo puede ser beneficioso pero no cualquier acuerdo lo es. Seguiremos trabajando para lograr las incorporaciones que son necesarias para que las brechas y asimetrías entre los dos bloques no solo no aumenten, cristalizando al MERCOSUR como proveedor de materias primas, sino que se reduzcan en la conformación cadenas de valor equilibradas”.
El acuerdo fue iniciado en 2019, cuando en Argentina estaba el gobierno de Mauricio Macri. Fue poco después de los primeros movimientos alrededor del tema que la UE lanzó el Pacto Verde Europeo que constituye un conjunto de regulaciones con gran impacto en las exportaciones del MERCOSUR a ese bloque.
Entorno de eso Argentina propuso, desde el inicio de este año, cuando se reiniciaron las conversaciones, la necesidad de una revisión del Acuerdo para alcanzar resultados “más equilibrados para ambos bloques”. La iniciativa fue rechazada por la UE, y resistida también por algunos de los socios del MERCOSUR. Desde el Gobierno siempre se insistió con la de la voluntad de avanzar con la firma partiendo del texto 2019, pero buscando poner sobre la mesa de negociaciones una serie acotada de propuestas que fuentes del tema siempre consideraron “mínimas e imprescindibles”.
En el caso argentino, se considera que el impacto negativo del pre-acuerdo 2019 es doble. Primero porque, sostienen, tendría un efecto negativo sobre el mercado interno (por la competencia que “significa para las PYMES argentinas el ingreso de productos de origen europeo”) y, al mismo tiempo, las empresas argentinas perderían una parte significativa de sus exportaciones a Brasil y al resto de los países del MERCOSUR. Brasil es el principal socio comercial de la Argentina. Tras lo que agregan que las exportaciones argentinas al MERCOSUR tienen una participación elevada de bienes industriales de mayor contenido tecnológico, con impacto positivo en la cantidad y calidad de empleo que se genera en el país.
En junio de este año Fernández se había reunido con la presidente de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, en Casa Rosada. Allí, tras la reunión, ambos dieron sus puntos de vista sobre el tema, que dejaron ver que persistían las diferencias. Fernández dijo “Todos sabemos que hubo un principio de acuerdo, que después pedimos la revisión porque entendíamos que no atendió acabadamente los intereses de la región”. Tras lo que agregó:. “Queremos un acuerdo, pero que balancee las economías de cada una de las regiones y tenga en cuenta esas asimetrías”, detalló el mandatario, quien consideró el encuentro como “muy fructífero”.
Por su parte, Von de Leyen agregó: “Somos socios económicos de los que podemos fiarnos mutuamente y es hora de pasar al siguiente nivel”. Entonces agregó que su voluntad de que a nivel político el acuerdo esté cerrado para antes de fin de año, algo que finalmente no está en vías de concretarse.
Luego volvieron a verse a mitad de año en Bruselas, donde Fernández sostuvo que “El pacto verde ha alterado sustancialmente lo que se había firmado en junio del 2019″. Agregó que “hay cuestiones que observamos con Lula en las que estamos trabajando. Hay una voluntad de todos para alcanzar el acuerdo” para luego manifestar su deseo de poder firmar el acuerdo para esta altura del año. Lo que finalmente no será.
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