El 'kirchnerismo' fue construido en base al culto a la personalidad de los Kirchner, que es una acción no racional, basada en la veneración absoluta, sin crítica ni autocrítica; no obstante una causa judicial tiene otros ejes, que están resultando demoledores para CFK.
No es aceptable que la sociedad se declare sorprendida por las denuncias ni por la documentación.
La cuestión ahora es el poder relativo de CFK en el Gobierno del Frente de Todos.
El 'kirchnerismo' permanece sobre el pilar de que CFK, heredera de Néstor, es la líder hegemónica. La devaluación de Alberto Fernández -aún cuando resulte una herida autoinfligida- refuerza el relato: no hubo 'albertismo'.
De todos modos, la hegemonía está en problemas. CFK acepta el acuerdo coyuntural con Sergio Massa como consecuencia de su debilidad política, provocada por sus problemas judiciales.
Es exclusivamente el banquillo de los acusados, y sus consecuencias, lo que define las acciones de CFK.
Sergio Massa es beneficiario de esta situación porque CFK acepta cederle una cuota de poder aún cuando no comulgue con sus definiciones de política económica posible y sospeche de sus vínculos con el 'maldito mercado' y el Gobierno estadounidense.
Es una realidad que, para consolidar su autoridad, Massa precisa éxitos inmediatos verificables, que le permitan escalar nuevos espacios en la Administración y lanzar otras medidas quizás hoy más controversiales.
Massa ha conseguido una 'cabecera de playa' pero no se encuentra consolidada. Ni siquiera es superministro: no controla totalmente ni el BCRA ni la AFIP ni la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación ni la Jefatura de Gabinete de Ministros. La idea de Massa 'superministro' es una construcción de algunos periodistas que lastimó al propio Massa.
El crecimiento de Massa no sólo requiere de aciertos sino también, en forma simultánea, de una ausencia de CFK de las cuestiones del poder, quizás obsesionada por lo judicial.
Esto no quiere decir que alguien provoque los avatares de CFK sino que los errores judiciales de CFK -desde antes del invento del 'lawfare'- abren una 'ventana de oportunidad' que coincide con el ocaso definitivo de Alberto Fernández, creando el espacio por donde asciende el 'proyecto Massa', que es anterior a las PASO 2021 pero que nunca logró el tiempo y espacio suficiente para llevarlo adelante.
Así es como 2 acontecimientos totalmente diferentes -el juicio por la obra pública en Santa Cruz y el inicio de la gestión de Massa-, terminan vinculados entre sí.
Solamente una crisis absoluta del Frente de Todos, y el horizonte de graves consecuencias judiciales para su líder, pueden liberar el grifo para que Massa intente una experiencia propia, que tiene muy preocupados tanto a Juntos por el Cambio como a La Libertad Avanza porque ambas fuerzas imaginaban un escenario 2023 sin oportunidades para el FdT, cuyo fracaso los eleva. Pero cuyo éxito los condiciona.
Massa acepta el desafío, que para muchos tiene el riesgo de la inmolación, porque quiere participar del año electoral 2023. Es una obviedad que el necio diputado nacional Rodrigo de Loredo -demasiado parecido a su ex suegro Oscar Aguad, autor del monstruo por error de su hija Carolina- reclama impedir. En verdad, por el bien de la Argentina, deben ser los resultados los que definan esa posibilidad, y que el 'mercado' (la gente) decida. No el dedo de alguien.
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