Entonces, se cumplen 20 años de la tragedia que abrió el acceso de Néstor Kirchner al gobierno, y más tarde al poder, y el enojo de los líderes 'piqueteros' es que Cristina Fernández de Kirchner les complica la celebración de la efeméride, desconociendo los beneficios que ellos le provocaron al hoy denominado Frente de Todos.
CFK no lo aceptará pero los 'piqueteros' creen que ellos tienen una sociedad permanente con el Estado emergente de aquellos días, que nadie puede ni debe romper, y les provoca enojo que, de pronto, CFK intente ignorarlos cuando creen que no sólo la ayudaron a gobernar hasta 2015 sino que le permitieron regresar en 2019 cuando, en definitiva, no se habían llevado tan mal con Mauricio Macri gracias a la multiplicación de planes sociales, tal como si fuesen los panes bíblicos, en que incurrió Carolina Stanley.
Por supuesto que es una interpretación muy sesgada de los acontecimientos y que no reconoce su cobardía o ineficiencia en la derrota 2015. Pero es la que las organizaciones ofrecen.
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Típica extorsión piquetera.
El abandono
En el Frente de Todos conviven el Cristinismo, que hoy día es difícil de describir pero se supone que es el peronismo bonaerense, y el Frente Renovador, que se dice representante de sectores de clase media. Ambos consideran que los líderes 'piqueteros' son una intermediación parasitaria, innecesaria, entre el Estado y los beneficiarios últimos de la asistencia social. Así se plantea claramente una disputa de poder, que no es reciente.
Cuando Daniel Arroyo salió del equipo de Alicia Kirchner para asumir como ministro de Desarrollo Social de Daniel Scioli, en la Gobernación bonaerense, llevó un proyecto de bancarización de la asistencia, que pretendía eliminar la intermediación que ya por entonces resultaba en abusos millonarios y presionaba por cogobernar los territorios.
Cuando 12 años después, Arroyo asumió como ministro de Alberto Fernández, todavía llevaba ese proyecto no concretado, y volvió a fracasar en el intento, ahora por falta de personalidad y carácter propio y abandono del Presidente, quien descubrió que le convenía mantener el esquema que, en definitiva, había inventado Néstor Kirchner: acordar con algunos jefes de las organizaciones, quienes reciben privilegios a cambio de administrar la asistencia y los barrios. Y Alberto tenía a su alcance al Movimiento Evita.
El escenario en que transcurre esta tragedia argentina es la destrucción de la economía privada, que no le interesa a los gobernantes porque no puede ser controlada por ellos, quienes priorizan todo lo vinculado al Estado que ellos manipulan: el esquema estaba vigente en la Provincia de Santa Cruz y los Kirchner lo reivindicaron hasta que, ahora, CFK plantea una modificación del convenio fundacional, y el nuevo statu-quo resulta conflictivo.
Carolina Stanley y Emilio Pérsico (Movimiento Evita), con María Eugenia Vidal como testigo.
Carolina Stanley y Emilio Pérsico (Movimiento Evita), con María Eugenia Vidal como testigo.
Alberto
Resulta curioso que cuando la mayoría de los líderes sociales, políticos y empresariales de una sociedad advierten que hay una manipulación de los planes sociales, el Presidente de la Nación se aferra al exceso 'piquetero' y hasta incrementa su presupuesto sin explicaciones.
Habría que concluir que, para Alberto Fernández, el Movimiento Evita -con el que trabó alianza en 2017, durante la campaña de Florencio Randazzo contra CFK-, Barrios de Pie y todas las otras organizaciones que van por añadidura, le conceden la sensación de 'control de la calle', presencia territorial, paz social.
En el pasado se creía que ese era el rol del peronismo.
Sin embargo, el peronismo, luego de una tibia objeción de los intendentes municipales, aceptó la sustitución y traspaso de responsabilidades a la invención 'piquetera'. Otra vez: la desmovilización peronista es directamente proporcional al auge del 'piqueterismo', que permite minimizar el impacto del fracaso de las políticas económicas, con la complicidad de la izquierda clasista que ha encontrado una táctica de inserción social más efectiva que hacer pie en establecimientos fabriles donde es férreo el control sindical peronista organizado.
141 programas que consumen más de $ 800 millones diarios, casi $ 300.000 millones anuales del dinero de los contribuyentes, a quienes jamás se les ha preguntado acerca de su disposición a que su dinero tenga esa utilización.
Los planes sociales resultan herramientas de contención que se multiplicaron con la crisis de 2001 y permanecen ¡en 2022! sin otra explicación que la comodidad gubernamental de subvencionar a una porción de la sociedad a cambio del alivio de no formular políticas de inclusión. Para esto se articula una red de complicidades que van desde la corrupción hasta la partidocracia, y se le llama 'Economía Popular'.
Esa red tiene forma de 'organizaciones' o 'movimientos' cuyos referentes se autodenominan 'luchadores sociales', que realizan trabajos rentados ejercitando ese rol que es una forma de extorsión a la sociedad que los financia: o siguen pagando el 'aporte' o los beneficiarios desatan el caos y, por las dudas, se mantiene la presencia en espacios públicos como señal de alerta.
Casi resulta un Nuevo Autoritarismo, podría llamárselo Autoritarismo Blando, una deformación del Soft Power.
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¿Qué hace 'el Chino' Fernndo navarro en la foto?
Toda crítica al esquema es considerada una 'estigmatización' y se reivindica un "derecho adquirido a gestionar la asistencia", tal como dijo horas atrás Cele Fierro, una referente del MST y de Unidad Piquetera.
Fierro planteó que CFK pretende un 'control estatal' que le devuelva al PJ la gestión de la asistencia "a través de los punteros en los barrios y los gobernadores en las provincias".
Muy interesante lo que observó Mónica Sulle, coordinadora del MST-Teresa Vive, también del MST (Movimiento Socialista de Trabajadores, trotskystas): “Desde el 2001 el movimiento piquetero se autoorganiza ante el abandono del Estado y sus gobiernos. (...) Para terminar con la pobreza y la desocupación hay que terminar con este modelo de producción capitalista que saquea, contamina y nos excluye (...)".
O sea que los beneficiarios, además, quieren terminar con sus benefactores, los actores de la economía privada. A Alberto Fernández mucho no le importa porque su obsesión es sólo llegar a 2023 y que Mario Ishii siga organizándole el ocio allá en José C. Paz.
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