Luego ¿qué puede hacer el Presidente para recuperar popularidad en medio de un ajuste prometido y ordenado por él? El interrogante es apropiado porque el ascenso de Milei a la Nación es a partir de su carisma y su popularidad expresada en redes sociales: del mundo digital esa sensación salto al mundo físico. Pero gobernar tiene otros requerimientos y códigos.
¿Qué sucedería si la estrella del Presidente siguiera por debajo de su Vicepresidenta -a la que casi no le habla y ha menguado en forma verificable- y su ministra de Seguridad, quien no es famosa por su lealtad política?
Por cierto que hay que considerar que ambas son referentes cercanos o integrantes del PRO en su versión macrista, aún cuando ninguna de las 2 acepte un liderazgo de Mauricio Macri.
En el caso de Villarruel, ella proviene del Partido Demócrata bonaerense pero se dice, en el mundillo de la política, que luego de su performance en ambos debates de candidatos a Vicepresidentes, llamó la atención de Macri.
En el caso de Bullrich, fue una creación de Macri para castigar a Horacio Rodríguez Larreta por no aceptarlo como líder indiscutido de lo que Jorge Asis ha bautizado como 'Maxikiosco'.
El grave problema
La ministra de Seguridad, Bullrich, tiene un afán de protagonismo despiadado. Esto la lleva a cometer muchos errores, y no debería ser un problema para Milei ni Villarruel. Su torpeza durante la 1ra. semana la llevó a un desmentido y a un choque por su Protocolo AntiPiquete -por el que no ha dado el copyright del caso a Ramiro Marra-, compendio de instrucciones que no desea aplicar ni la Ciudad de Buenos Aires. Por ese motivo, lo que se le concedió -porque es una ex referente del PRO- fue una comisión de coordinación y enlace. Por ejemplo, la Provincia de San Juan, que también responde al PRO, ya avisó que no se suma a Bullrich, y detrás llegarán otros.
En cuanto a Villarruel, su imagen positiva deviene de su interesante capacidad de expresión y la confrontación (por ahora, exitosa) con los cuestionados formoseños Gildo Insfrán/José Mayans. Sin embargo, no tiene herramientas de gestión. De todos modos, esto puede resultar un beneficio y no un perjuicio: quien no hace, tampoco comete errores.
El mayor problema de Milei no es Bullrich ni Villarruel sino su gabinete ministerial de baja calidad, comenzando por su ministro de Economía, y la ausencia de alguna enunciación de políticas porque, hasta ahora, lo único significativo que se anunció, además del Protocolo de Bullrich, fue el Decálogo de Caputo / Milei.
Se esperaba (se espera) algo más substancial de un Gobierno que, a la vez, afirma que asume en una situación inédita en su gravedad. Si esto es así, requiere de políticas de Estado inmediatas, para que la coyuntura no se devore a Javier Milei en algunas semanas. Hacer 'vivos' por Instagram no significa nada porque un Presidente es algo más que un influencer.
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