El río Paraná continúa desde febrero con niveles muy por debajo del de aguas bajas (2,30 metros) y cerca de la altura de menor caudal, que fue de 0 metros detectados en 1970 en la capital entrerriana.
A raíz de la bajante, embarcaciones quedaron encalladas en barro seco, salieron a la luz numerosos bancos de arena, anclas antiguas y los municipios debieron trabajar para mantener el servicio de agua potable en diferentes localidades de Entre Ríos.
También se mantiene sobre la superficie la manta protectora del túnel subfluvial que une las capitales de Entre Ríos y Santa Fe.
La población de peces del río Paraná depende de los ciclos hidrológicos y climáticos, por lo que el río bajo perjudica la reproducción y el crecimiento natural de ciertas especies.
Por eso, pescadores y comerciantes aseguraron que la pesca bajó notablemente respecto a años anteriores, al igual que las ventas.
Además, Prefectura Naval Argentina (PNA) no pudo, entre abril y junio, medir la altura en Victoria y Diamante, ya que el sistema de medición no permitía registros menores al metro de altura.