Reanudando el ciclo de la catequesis sobre la oración, Francisco siguió citando el texto del evangelista Lucas: “mientras Jesús estaba en camino, se le acercaron diez leprosos que imploran: «¡Jesús, ¡Maestro, ten compasión de nosotros!»”.
“Sabemos que, para los enfermos de lepra, al sufrimiento físico se le unía la marginación social y la marginación religiosa. Jesús no rehúye al encuentro con ellos”, afirmó el Papa; y aunque en este pasaje no hay contacto físico, Jesús los invita a presentarse a los sacerdotes. A continuación, subrayó: “ Jesús no dice otra cosa. Escuchó su oración, su grito de piedad, y los manda enseguida a presentarse a los sacerdotes”.
Francisco pone en evidencia las situaciones que se dan cuando ellos van en busca de los sacerdotes: lo primero que ocurre: “Los diez se fían, no se quedan hasta el momento de estar curados, no: se fían y van enseguida, y mientras están yendo se curan, los diez”.
Segundo, “de ese grupo, solo uno, antes de ir donde los sacerdotes, vuelve atrás a dar las gracias a Jesús y alabar a Dios por la gracia recibida”.
En seguida, Jesús hace notar: “ese hombre era un samaritano, una especie de “hereje” para los judíos de la época. Jesús comenta: «¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?».
El Papa muestra que este pasaje, por decirlo de alguna manera, “divide el mundo en dos: quien no da las gracias y quien da las gracias; quien toma todo como si se le debe, y quien acoge todo como don, como gracia”.
Citando al Catecismo, Francisco dijo: “Todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias”. Y añadió: “La oración de acción de gracias comienza siempre desde aquí: del reconocerse precedidos por la gracia. Fuimos pensados antes de que aprendiéramos a pensar; fuimos amados antes de que aprendiéramos a amar; fuimos deseados antes de que en nuestro corazón surgiera un deseo. Si miramos la vida así, entonces el “gracias” se convierte en el motivo conductor de nuestras jornadas”.
“Para nosotros cristianos el dar las gracias ha dado nombre al Sacramento más esencial que hay: la Eucaristía” afirmó Francisco, y añadió en un pasaje que pareció una referencia al aborto: “Los cristianos, como todos los creyentes, bendicen a Dios por el don de la vida. Vivir es ante todo haber recibido. Todos nacemos porque alguien ha deseado para nosotros la vida”.
Durante la vida, subrayó Francisco, “hay personas que nos han mirado con ojos puros, gratuitamente y han hecho surgir en nosotros la gratitud. También la amistad es un don del que estar siempre agradecidos”.