Naturalmente, ese puto neurálgico de la ciudad colapsó de manera contundente, sumergiendo a los conductores en un autentico caos de tránsito. Al respecto, se registraron incidentes con automovilistas e incluso algunos accidentes de tránsito.
El reclamo de los municipales ronda en torno a una nueva paritaria que se había resuelto a mediados de junio. Para los empleados, el salario debe superar el índice de inflación al finalizar el año.
Dicho conflicto probablemente escale con el paso del tiempo. Tal es así, que los municipales tienen planeado al menos cuatro nuevas asambleas para la semana entrante.
Por último, y tal vez el más importante, el acampe del Polo Obrero. La agrupación piquetera en Córdoba acompaña la protesta de la 9 de julio, con un acampe masivo en avenida Chacabuco, en el corazón de Nueva Córdoba.
Allí, el corte de la calzada es total para una de las arterias de egreso del microcentro cordobés. Y el caos vehicular es consecuente.
Además de esas tres grandes protestas, también se sucedieron múltiples micro manifestaciones, sobre todo de movimientos de izquierda. Todo ello provoca que la tensión social sea la más alta de las últimas décadas, con un potencial conflicto callejero en ciernes.
Mientras tanto, las fuerzas de seguridad intentan articular la vida diaria de los transeúntes y conductores, aunque cuentan con pocos recursos para asegurar la circulación efectiva.
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