Pero el ajustado triunfo de Peralta reavivó las internas oficialistas, con epicentro en el creciente rechazo de los dirigentes de La Cámpora, que comanda Máximo Kirchner.
Esa fractura terminó por estallar el 29 de diciembre, cuando los camporistas abandonaron tres de los cinco ministerios que ocupaban en el gabinete tras una protesta gremial que permitió evitar la sanción de una reforma previsional necesaria para armonizar el sistema con el nacional.
Este año la tensión con Peralta creció, al ritmo de las crecientes urgencias financieras, y derivó en un aislamiento político del gobernador, trabas para cosechar leyes destinadas a salir de la asfixia de cuentas e, incluso, hasta en una denuncia de supuesto 'espionaje' contra Cristina Fernández.
En los últimos días, una reunión de intendentes alineados con La Cámpora con el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, fortaleció la postura opositora al mandatario provincial.
Al menos 8 intendentes (sobre 14) y otros 5 diputados, que antes de ver a De Vido habían apoyado la decisión de ahondar en un empréstito clave, al regreso de Buenos Aires se retractaron y expresaron su rechazo a la iniciativa.
En la otra vereda y tras la denuncia que lanzó sobre supuestas maniobras desestabilizadoras, Peralta mantuvo una agitada agenda de reuniones con diferentes sectores y se mostró en público, con una sorpresiva caminata por las calles céntricas de Río Gallegos.