ver más
podcast 7_hugo haime-336 cele

Malabaristas callejeros: La vida en 30 segundos

(*) POR JIMENA EL BITAR Otra nueva modalidad ha encontrado su espacio: Se trata de los malabaristas callejeros que logran su recaudación al paso de la gorra. Conductores y transeúntes apoyan la iniciativa de los jóvenes que enfrentan la crisis. Un número artístico en sólo 30 segundos.

Desde hace ya algunos años, una nueva modalidad de sustento y recreación invadió Buenos Aires. Los malabaristas, dispuestos a sorprender en los cruces de avenidas o frente a las barreras del ferrocarril imprimen un poco de color durante los pocos segundos o minutos que dura la espera del automovilista.

Jóvenes duramente entrenados ganaron las calles fusionando diversión y necesidad como los verdaderos artistas del circo de la vida.

Verónica y Sebastián son, además de novios, una pareja de malabaristas que hace más de dos años ocupa la parada del acceso principal al hipódromo de San Isidro.

El oficio, adquirido en innumerables horas de práctica y calibrado a la medida justa del corte de los semáforos, requiere no sólo de habilidad e ingenio, sino de un excelente estado físico que les permite alcanzar el cordón en menos de 30 segundos.

Vestidos con jardinero rojo, tienen la capacidad de robarles una sonrisa a los conductores. Con el ruido del primer silbato se da por comenzada la función. En menos de un minuto hacen malabarismo y se inclinan para saludar a su público. El clásico paso de la gorra ante las ventanillas de los vehículos también forma parte del pequeño acto representativo.

"La mayoría colabora con monedas, aunque muchos evitan bajar el vidrio por razones de seguridad", comentó Verónica.

Los que diaraiamente circulan por la zona ya los conocen, por lo que la espera que impone la luz roja es sinónimo de recreo. "Prefieren este tipo de actividades, que la de los limpiavidrios, por ejemplo", agregó Sebastián.

Tanto conductores como transeúntes apoyan la iniciativa. Afirman que ante la crisis es muy importante que los jóvenes respalden este tipo de propuestas.

Si bien lo recaudado no engrosa los arcones de grandes fortunas, ayuda a vivir a estos jóvenes mediante una disciplina de gran rigor y colorido.

Verónica y Sebastián son apenas una muestra del ingenio y creatividad producto de la crisis. El tedio que impone cualquier espera dentro de un vehículo se ve desterrado gracias al espíritu de los que hacen de la vida, el ensayo del mejor número.

(*) De la Redacción de Urgente 24, mayo del 2004, Buenos Aires, Argentina

Más Leídas

Seguí Leyendo