"La mayoría colabora con monedas, aunque muchos evitan bajar el vidrio por razones de seguridad", comentó Verónica.
Los que diaraiamente circulan por la zona ya los conocen, por lo que la espera que impone la luz roja es sinónimo de recreo. "Prefieren este tipo de actividades, que la de los limpiavidrios, por ejemplo", agregó Sebastián.
Tanto conductores como transeúntes apoyan la iniciativa. Afirman que ante la crisis es muy importante que los jóvenes respalden este tipo de propuestas.
Si bien lo recaudado no engrosa los arcones de grandes fortunas, ayuda a vivir a estos jóvenes mediante una disciplina de gran rigor y colorido.
Verónica y Sebastián son apenas una muestra del ingenio y creatividad producto de la crisis. El tedio que impone cualquier espera dentro de un vehículo se ve desterrado gracias al espíritu de los que hacen de la vida, el ensayo del mejor número.
(*) De la Redacción de Urgente 24, mayo del 2004, Buenos Aires, Argentina