Fans de distintas edades, pintorescos vendedores ambulantes, un gran despliegue policial y los infaltables cuidacoches poblaron las calles aledañas momentos antes del comienzo del shows.
Tarifas de entre $3 y $10 por vehículos, estipuladas arbitrariamente, varían según la cara del cliente y la presión ejercida por el trabajador de turno.
"Si nos dejás la guita te lo cuidamos, sino cambialo de lugar", fue la máxima citada por cada uno de todos los cuidacoches de la calle Arribeños.
Los vecinos del barrio no están afuera de esta poblemática e hicieron oír sus reclamos. "Está muy mal que pongan gente a cuidar los autos, la Municipalidad tiene que hacerse cargo de esta gente", coincidieron al decir.
Más allá de las apreciaciones, el problema surge cuando alguien se niega a pagar la cifra que imponen estas personas. Amenazas, extorsiones y algún que otro insulto, son algunas de las reacciones que pueden llegar a tener.
Según fuentes de la comisaria 35º, "la policía está para brindar seguridad y para que no se produzcan desmanes. Con respecto a los cuidacoches, les notificamos que están cometiendo una infracción pero no podemos catalogarla como delito."
Necesitados o no, cebados por la plata fácil y el oportunismo, los cuidacoches pasan a confirmar esta parte oscura de la sociedad que nadie quiere ver, pero que todos aceptan. Como lobos urbanos, se defienden argumentando la falta de trabajo y el acoso del hambre, convirtiéndose la impunidad en la madre de la violencia disfrazada.
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(*) U24, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004.