Estudian el comportamiento de las multitudes en situación de pánico
A continuación la nota publicada por la revista Cambio:

A continuación la nota publicada por la revista Cambio:
El pánico es inversamente proporcional al razonamiento. Cuando el humo del fuego ahoga la respiración, la probabilidad de pensar y mantener la calma se reduce a su mínima expresión y el instinto asume el mando de las acciones. Lo curioso es que en una situación de esta índole, el ser humano no se diferencia del ratón, y uno y otro reaccionan de la misma manera en el intento de ponerse a salvo.
Interesados en descifrar por qué situaciones de emergencia –incendios, terremotos, inundaciones, trifulcas en los estadios, etc.– nublan la razón y producen éxodos masivos, un grupo de científicos de la Universidad de Filipinas desarrolló una investigación con ratones, pues resultaba imposible hacerlo con seres humanos.
El experimento, cuyos resultados fueron publicados en la revisa Proceedings of the National Academy of Scieces, consistió en inundar un habitáculo con 30 ratones y observar la forma como escapaban.
Los animales se las ingeniaron para huir por las salidas que tenía el compartimiento, en busca de tierra firme. La elección de los protagonistas del simulacro de inundación fue ampliamente documentada: "Los roedores muestran una fuerte motivación para escapar del agua –dice el artículo–. Siempre intentarán alcanzar tierra seca sin necesidad de motivaciones adicionales". Las predicciones encajaron con los resultados del experimento: los roedores cometieron los mismos errores que suelen cometer los seres humanos en situaciones de pánico. Según los investigadores, "esta información es importante para formular estrategias efectivas para mitigar desastres" y, por eso, el objetivo es que la lección aprendida sea útil no sólo para todos los mortales, sino especialmente para los arquitectos, que ahora podrán saber en dónde y cómo diseñar las salidas de emergencia de las edificaciones que proyectan.
# Dónde están las salidas
En los desastres, la gente busca la salida más concurrida, que usualmente es la misma por la que entró. Es la filosofía del rebaño. Tras un incendio en una discoteca de Rhode Island (Estados Unidos), a comienzos del año pasado, los bomberos encontraron la mayoría de los cadáveres cerca de la puerta principal, aunque el sitio tenía cuatro entradas. En estos casos, las personas mueren por la presión de la multitud: las costillas se rompen, los órganos se oprimen y los pulmones estallan. Para evitarlo, se recomienda, al ingresar en un recinto, establecer dónde están las salidas de emergencia. Por algo las azafatas señalan a los pasajeros las salidas de emergencia, antes de iniciar el vuelo.
# Columna salvadora
En situación de emergencia, lo más normal es que todos quieran salir primero. El problema es que las puertas obligan a dosificar la cantidad y, como consecuencia, se forma lo que los científicos llaman "arco peatonal", que es el resultado de que todos busquen la ruta más corta.
La cercanía de unos con otros crea una masa compacta y la presión se concentra en la entrada como un corcho en la boca de una botella. Así, los que van más adelante y parecen tener ganada la partida, posiblemente mueren por la presión. Los de atrás, aunque menos apretados, sufrirán por el atasco. La solución puede ser instalar una columna frente a la salida de emergencia para que rompa el arco y haga que se cree una fila.
# Salidas opuestas
Cuantas más salidas, mejor. Pero es clave su ubicación, porque si hay dos salidas contiguas se forman y se funden dos arcos peatonales.
Como consecuencia, hay personas que quedan sin escapatoria en medio de dos corrientes. Solución: instalar puertas en lados opuestos y estar tranquilo, pues la fluidez para salir se reduce a medida que aumenta el pánico.
# Señales visibles
Hay quienes saben que estar en medio de la multitud es la peor estrategia. Por eso se separan y van buscando a tientas una puerta en las paredes. Los individualistas, sin embargo, corren el riesgo de quedarse solos y, al final, ser víctimas del pánico. La solución es señalar en forma clara las salidas y guiar a la gente con altoparlantes.