La frontal oposición al Gobierno se cristalizó también con la decisión de los científicos de organizar su propio congreso, en un claro desplante al Ejecutivo que había propuesto apadrinar una reunión de sabios que marcara las líneas directrices de la investigación en Francia.
Quienes renunciaron seguirán investigando, pero bloquearán toda labor administrativa y todo contacto con las instituciones oficiales.
Mientras tanto, frente al Ayuntamiento de París y en otras ciudades del país se producían manifestaciones de apoyo a los reunidos, a los que se sumaron 13 sindicatos de investigadores y de docentes universitarios.
Unos 1.500 trabajadores del sector se concentraron en la plaza de la Alcaldía de París, mientras más de un millar lo hacía en Estrasburgo (este) y otros tantos en Nantes (noroeste).
En Francia hay 191.000 empleados en investigación (de los cuales un 54% en el sector público), y se destinan 34.000 millones de euros al sector, lo que sitúa a Francia "como el cuarto país que dedica un mayor porcentaje de su PIB a gastos de investigación y desarrollo, detrás de Japón, Estados Unidos y Alemania", según datos de la OCDE.
Más que el dinero en sí, lo que preocupa a los investigadores es el futuro del sector, porque la congelación de las contrataciones desanima a los jóvenes a optar por esta carrera y provoca una fuga de cerebros.