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Bien Brasil: Ciudad de Dios tiene 4 candidaturas para el Oscar

El cine brasileño tiene su momento más especial en varios años, con Ciudad de Dios, que sigue el camino de Estación Central y de varios films interesantes de los '70.

La película brasileña Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles, fue candidateada ayer en 4 categorías de los premios Oscar de la Academia de Hollywood, Los Angeles, California.

Y se convirtió en una de las mayores sorpresas del año para la industria cinematográfica.

La cinta sobre la violencia en una favela es candidata a la estatuilla al mejor director (Meirelles), el mejor guión adaptado, la mejor fotografía y el mejor montaje.

Así, Meirelles medirá su talento con el director Peter Jackson cuya película El Señor de los Anillos: el Retorno del Rey, lideró las nominaciones: fue propuesta en 11 rubros.

Ciudad de Dios comienza con una serie de planos brevísimos, rítmicos, que muestran los preparativos de un almuerzo colectivo y que acompañan a los créditos: entre planos detalle de veloces cuchillos, de volátiles en vías de despellejamiento, de preparación de alimentos con fondo musical de video-clip, aparece un primer plano de la víctima, una gallina que recuerda quizás por semejanza o contraste el avestruz final de El Fantasma de la Libertad, sobre todo teniendo en cuenta –la reminiscencia no sería tan gratuita después de todo– que la secuencia presagia una fuga zigzagueante por los callejones de una favela.

La fuga da lugar al 1er. encuentro: la gallina perseguida por una banda de narcotraficantes se topa con el protagonista, Buscape ("Petardo" para los a menudo lamentables subtítulos en español, voz que hubiera sido conveniente reemplazar por "Buscapié"), situación suspendida en el absurdo, donde se produce la intervención de la voz narradora, rememorante, que –casi al borde de la muerte, se podría pensar– recapitulará largamente las décadas del '60 y del '70 en la ciudad del título.

Que una ciudad sea bautizada como "de Dios", no la exime de poder convertirse en un infierno.

Y que un sitio se vuelva infernal, no implica necesariamente que no presente huellas de armonía, vestigios de goce, rezagos de felicidad.

Este escenario saturado de ambigüedad, de indefinición, de relatividad, o lo que es lo mismo, de realidad, es el que aparece representado en la película de Meirelles.

Uno y otro costado ya estaban presentes en Domésticas, el film anterior de Meirelles, su opera prima. No de modo idéntico: el costumbrismo más o menos amable de ésta se contrapone con el salvajismo de bajos fondos de su último film; ambos tienen sin embargo una impecable factura cinematográfica; ambos terminan finalmente, contra lo que podría suponerse conociendo las premisas, dando mucho que pensar en torno a los temas que tratan.

En la favela Ciudad de Dios, ubicada en Río de Janeiro (Ciudad del Rey -Dios- Momo), las muertes, las torturas, son tan habituales como el esfuerzo de quienes viven en ella por vivir, por sobrevivir, hundidos en la miseria, desprotegidos del amparo estatal, maltratados por las fuerzas policiales, y excluidos de "la" sociedad.

Pero la vida, se sabe, se dice, se abre paso, y siempre encuentra resquicios para aflorar, para dejar en evidencia la esencia humana de ingenio, de solidaridad, de pasión.

Y la violencia develada duele, las escenas duelen, pero porque la realidad es dolorosa.

Cidade de Deus es una favela enorme, especie de ciudad satélite de Río de Janeiro, en la que el gobierno comenzó a apiñar en los '60 –nos dice el narrador– multitud de familias sin techo del interior del país.

Rara vez saldremos de este lugar, reconstruido por la memoria del protagonista, trajinado de modo muchas veces criminal por parientes, amigos y conocidos.

Este omnipresente trabajo de la memoria en el que se adentra el film, da pie para la exclusión espacial y social que al parecer fue una de las objeciones principales de la crítica en su país de origen, donde la acusaron por la falta de un contexto totalizador.

Entonces, el film corre el peligro de convertir a la violencia de los narcotraficantes en un espectáculo más, desvinculado de la órbita de sus condiciones de posibilidad políticas, sociales y económicas.

Algunos críticos vieron en la película brasileña una reprochable apariencia estetizante de la violencia, pero esto no quita que la película se presente como un fuerte alegato contra las atrocidades frecuentes en estas aglutinantes formas de vida, y sobre las atroces condiciones de vida que llevan a producir aquellas atrocidades.

Lo atroz de lo atroz, en un largo videoclip de más de 2 horas.

Hay una fotografía cuidada al detalle y de una belleza y seducción que contrastan con la dureza de la historia. Una excelente estructura de la narración (empieza por el final, y retrocede para contarlo todo, produciendo numerosos enroques temporales, cual relato tarantinesco), y una atrayente manera de enfrentar temas bastardeados y con frecuencia abordados desde el facilismo.

También hay actuaciones estupendas, sin exageraciones, sin afectaciones, debiendo algunos personajes embarcarse en composiciones extremas.

Ciudad de Dios fue apoyada por Walter Salles, el director de Estación Central, y se convierte en una obra clave para el futuro del cine latinoamericano con proyección internacional.

# Ficha técnica

Ciudad de Dios [Cidade de Deus]
Brasil/ Francia/ USA, 2002.
Distribución en América: Miramax.
Portugués, color, 130m.

Dirección: Fernando Meirelles, Kátia Lund (codirección).

Intérpretes: Alexandre Rodrigues (Buscape), Leandro Firmino da Hora (Ze Pequeno), Philippe Haagensen (Bene), Seu Jorge (Mane Galinha), Jonathan Haagensen (Cabeleira), Douglas Silva (Dadinho), Mattheus Nactergaele (Sandro Cenoura), Roberta Rodriguez Silvia (Berenice), Alice Braga (Angelica), Gero Camilo (Paraíba), Darlan Cunha (Filé com Fritas), Renato de Souza (Marreco), y otros.

Guión: Braulio Mantovani, basado en la novela de Paulo Lins.

Música: Ed Cortês, Antonio Pinto.
Fotografía: César Charlone.
Montaje: Daniel Rezende.
Diseño de producción: Tulé Peak.
Vestuario: Bia Salgado, Inês Salgado.
Maquillaje: Anna van Steen.
Efectos visuales: Renato Batata.

Producción ejecutiva: Elisa Tolomelli.
Producción: Andrea Barata Riveiro, Mauricio Andrade Ramos.
Compañías productoras: Globo Filmes, O2 Filmes, Video filmes [br], Studio Canal+, Wild Bunch [fr], Lumiere Productions [us].

Exhibido en el 18 Festival Internacional de Mar del Plata, marzo de 2003.
Estreno en Buenos Aires: 20 de marzo de 2003.

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