Por alguna ridícula decisión (que no fue la única ridícula decisión que tomaron durante los últimos años), la banca comercial local nunca procuró agilizar la operatoria y disminuir el riesgo crediticio de las pymes.
Un ejemplo claro fue el boicot al 'factoring' que proponía calcar la factura conformada que rige en Brasil, pero que por legisladores imbéciles o corruptos y por funcionarios obtusos terminó convertida en la inútil herramienta actual que carece de sentido.
Cuando Aníbal Fernández asumió en el Ministerio de la Producción, U24 le propuso revisar la operatoria pero el entonces funcionario de Eduardo Duhalde jamás hizo algo al respecto.
Fuerza social importante y de volumen económico considerable en su suma total, las pymes han sido objeto de diversos intentos gremiales. Algunos, de lobby nefasto como la Coordinadora de Actividades Mercantiles Empresarias (Osvaldo Cornide); otros de presión ideológica, como Apymes; y también de contenido indescifrable como el de la Unión Industrial Argentina (Organización Techint necesitaba engordar sus filas en la puja electoral interna).
¿Puede la CGE recuperar la iniciativa de otrora y adaptar su discurso a estos tiempos? El tiempo permitirá evaluar la tarea de Faerman, pero el desafío es interesante si se considera lo que logró la Unión Europea en términos de microempresas, pequeñas empresas y empresas individuales, que tienen un elemento básico de la política pública de promoción del espíritu empresarial.
Es verdad que el sistema argentino creado por burócratas y grandes empresas, castiga al emprendedor; le dificulta su tarea con la secreta esperanza de que abandone su empeño o bien que lo venda a precio vil. Pero si Suecia logró mutar de país con el mayor déficit de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (12,3% del PBI) a país estable, hay que intentarlo...