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Dato: Los de los derechos humanos no ponen el pecho por Hebe

Las entidades defensoras de los derechos humanos no han cerrado filas detrás de Hebe de Bonafini, en teoría un ícono del sector. Es un mensaje poderoso el silencio, en algunas ocasiones.

por SILVIA MERCADO

 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). No es verdad que Argentina sea un país imprevisible. La ley formulada en la década del '50 por el ingeniero estadounidense Edward A. Murphy Jr. se cumple siempre, y en forma inexorable: si algo puede salir mal, saldrá mal. Lo que sólo los desgraciados imaginaron, y en sus peores pesadillas, está sucediendo, aquí y ahora. 
 
El bastión de amor y resistencia, las madres dignas que rodearon con su dolor la Pirámide de la Plaza de Mayo, gritando con su silencio el horror que muy pocos fronteras adentro querían escuchar; en fin, el admirado estandarte que permitió a los argentinos mirar los ojos de los ciudadanos del mundo sin vergüenza, tomó el camino de la pendiente, y parece ir derecho al abismo. 
Un verdadero bajón. Porque aunque el oficialismo se enoje con los medios “hegemónicos”, la historia, de tan absurda y truculenta, se asemeja a un aluvión, que toma cada vez más fuerza en la caída. 
 
La más reciente edición de la revista Barcelona, con un fotomontaje de Schoklender con pañuelo negro, lleva de título “HIJO DE P... laza de Mayo”, y en la bajada se pregunta “ cómo hizo un parricida, maltratador, portador de armas, millonario y jugador para hacerse pasar por un luchador de los derechos humanos y engañar a las Madres de Plaza de Mayo.”

“¿El odontólogo Barreda, el próximo CEO elegido por Hebe de Bonafini”, agrega.
Parece increíble que se haya llegado a esto. Después del secuestro de Azucena Villaflor de Devicenti en 1977, la primera líder de la organización, y cuando los dictadores creían que habían terminado con el grupo, Hebe tuvo el coraje de tomar su lugar, a pesar de que carecía de experiencia política, como la mayoría de las madres. 
 
A poco de andar, se dio cuenta de que el organismo, Madres de Plaza de Mayo, tenía las mismas siglas que el Movimiento Peronista Montonero. Astuta, le cruzó una azucena en el logo, para evitar darle excusas a los represores, y se negó a todo contacto con la cúpula montonera en el exilio. 
 
En particular, recuerdo que Hebe comentó que estando en un hotel de alguna ciudad de Canadá, se le apareció Mario Eduardo Firmenich con un ramo de flores para conquistar su corazón, y que ella rechazó la atención, además de pedirle que no se le acercara jamás, porque ponía en peligro la lucha por los derechos humanos que se estaba llevando adelante en la Argentina, con tantísimo esfuerzo.
Hebe conocía sus límites. Por ejemplo, que no estaba en condiciones de asegurar para quién jugaba exactamente Firmenich, ni si la propia Azucena había sido una militante de esa causa. Era una autodidacta de la política, pero ya había aprendido que donde estaba, los errores se pagaban con la vida.
¿Cómo es que una mujer de semejante inteligencia y sensibilidad llegó a este punto, parece difícil de entender? Sin embargo, nadie que tenga o haya tenido algo que ver con los organismos de derechos humanos está sorprendido. Por algo, ninguno salió a defenderla, hasta ahora.
Sergio Shoklender no es el primer capricho de Hebe, como bien lo saben las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, quienes soportaron hasta 1986 no sólo el autoritarismo en el trato, sino la persistente negativa a transparentar los fondos recibidos desde el exterior. Ese año, el grupo de Madres escindido se retiró sin un peso, y funcionó varios años en una oficina del Servicio Paz y Justicia, liderado por Adolfo Pérez Esquivel.
Durante los años de la dictadura, las organizaciones de derechos humanos se dividieron básicamente entre las “duras” contra el gobierno (Madres de Plaza de Mayo, Servicio Paz y Justicia en América Latina y Centro de Estudios Legales y Sociales) y las “blandas” (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos; Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas; y Liga Argentina por los Derechos del Hombre). 
 
Eran básicamente dos bloques, uno hegemonizado por el Partido Comunista, que caracterizaba al Gobierno argentino de una “dictablanda”, y el otro hegemonizado por las Madres, que lo caracterizaba tal como era. 
 
Ya en democracia, los modos cada vez más extremos de Hebe, usualmente insultantes, fueron menos tolerados y Hebe se fue quedando aislada, haciendo actos en la más absoluta soledad
 
O, mejor, sólo acompañada por grupos de jóvenes, pero ninguna organización, ni partido, ni figura política más o menos conocida. Hasta que apareció el difunto Néstor Kirchner en su vida, era un secreto a voces que Hebe no se hablaba con nadie del movimiento por los derechos humanos. 
 
Tanto, que tuvo intervenir el propio Kirchner para lograr que Estela de Carlotto y Hebe compartieran un palco. Y fue difícil. Tampoco lo logró la primera vez que lo intentó.
 
Lo diré sin vueltas: Hebe no es una mujer querida dentro de las organizaciones. Por hache o por be, se fue peleando con todos, así que no asombra que sólo Amado Boudou o Guillermo Moreno sean quienes la rodearon públicamente antes de este escándalo. Los verdaderos militantes de esta causa perdieron hace años diálogo con ella.
 
Por supuesto que esto no quiere decir que Hebe sea corrupta. La verdad, no tengo la menor idea. Lo que es innegable, es que en su afán por reparar la horrible pérdida de sus hijos en manos de los peores sicarios que tuvo nuestro país, construyó un inexplicable aparato succionador de fondos del Estado, que se transformó en la 2da. empresa del rubro Construcción en cantidad de empleados, muchos de ellos, en negro.
 
En 1980, Hebe estaba ofendida porque el Comité Nobel no le había otorgado el Premio de la Paz a las Madres de Plaza de Mayo, y había optado con castigar a la dictadura, premiando a un militante de la no violencia y las comunidades eclesiales de base, habitual ayunante, escultor y pintor, el humilde e inquebrantable Pérez Esquivel. Por lo menos, Argentina se salvó del papelón de tener un Premio Nobel de la Paz  involucrado en un caso de corrupción.

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