Esto no deja de ser una enorme paradoja, dice Kagan, pues cabe recordar que no ha pasado siquiera un siglo desde que las visiones del mundo fueran al revés: Europa instalada en la Machtpolitik y USA en el más puro idealismo wilsoniano.
¿Cómo se puede cambiar tanto en tan poco tiempo? Para Kagan la explicación del diferendo trasatlántico radica en el poder con que cuenta uno y otro.
La visión que tiene USA del mundo está íntimamente ligada a su poderío, a su nueva condición ya no sólo de superpotencia, sino incluso de "hiperpotencia", tras el fin de la Guerra Fría.
Kagan explica que sólo se puede ser unilateralista y actuar conforme a su propia lectura del mundo, sin escuchar ninguna otra voz, cuando se tiene tanto poder como los estadounidenses.
En contraste, los europeos no tienen más opción que ser multilateralistas, institucionalistas y legalistas, porque a fin de cuentas no tienen tan grande poder militar.
Para USA, entonces, no es un problema vivir en un mundo en el que impera la ley de la selva, porque él es el más fuerte, él pone las reglas del juego, él decide quién es aliado y quién es enemigo.
Para Europa, en cambio, no es bueno vivir en un mundo en el que prevalezca el darwinismo internacional, pues sus esperanzas de sobrevivir en él, habiendo otro mucho más fuerte, son pocas.
Por tanto, señala Kagan, la posición europea en torno a la crisis de Irak, por ejemplo, no es más que reflejo de su propia debilidad, y por eso el intento desesperado por apelar a la conciencia estadounidense, porque, eso sí, aclara el autor, USA con todo y su poderío militar es un gigante que considera que ese poder es sólo el medio para difundir los valores liberales.
El cambio ha sido gradual aunque las diferencias no se hayan hecho ostensibles hasta ahora, pues durante la Guerra Fría Europa se fortaleció, aunque no en términos militares, pues vivía confiada bajo el paraguas de seguridad estadounidense, mientras que USA sí fue acumulando poderío durante todo ese periodo ante la necesidad de garantizar su supervivencia frente a la Unión Soviética.
Al caer el Muro de Berlín, Europa apareció tal cual es, como un exitoso experimento político y económico sin parangón en el resto del mundo pero que no tiene poder militar, mientras USA quedó como triunfador absoluto del enfrentamiento bipolar pero no se durmió en sus laureles.
Si las diferencias no se manifestaron con tanta fuerza antes quizá fue porque los años '90 resultaron una época anormal en la historia del sistema internacional; tal vez porque les tomó tiempo acostumbrarse a vivir sin la Unión Soviética, y obviamente también por la urgencia con la que hubo que actuar de manera conjunta ante la incapacidad de Europa de resolver por sí misma el problema en los Balcanes.
Por tanto, es ahora cuando todo parece volver a la normalidad, empezando por la política exterior estadounidense de "nacionalismo universal" y la visión que USA tiene de sí mismo como la "nación indispensable".
En ese sentido el 11 de septiembre no cambió el rumbo de la política estadounidense, sino que fungió como catalizador para que USA fuera él mismo más rápido. Por eso, de no ocurrir algún desastre de gran magnitud, se puede decir que éste es apenas el principio de una nueva y larga era de hegemonía estadounidense.
Para Kagan, Europa perdió la oportunidad de erigirse en un verdadero contrapeso de USA justo al término de la Guerra Fría, cuando se convirtió en Unión Europea con el Tratado de Maastricht y aún podía haber consolidado una verdadera política exterior y de seguridad común que le quitara de encima el enfadoso mote de "enano político y gusano militar".
De haber ocurrido así, señala el autor, hoy viviríamos en un mundo distinto y no uno en el que "USA hace la cena y Europa lava los platos".
Sin embargo, dice Kagan, Europa no pudo hacerlo, pero tampoco quiso, pues su propia historia, ya como un ente integrado, ha consistido en escapar a toda costa del juego de poder que la mantuvo en constante guerra durante siglos.
Ésa es la clave de la integración; de ahí que tenga un fin político (evitar otra guerra en Europa) que se alcanza por medios económicos (la integración económica funcional). En eso, Europa es el epítome del posmodernismo, lejos de Hobbes y cerca de Kant, y se ve a sí misma como un ejemplo para el resto del mundo.
Aquí radica la parte más importante de las diferencias entre USA y Europa, según indica Kagan: "El poderío estadounidense y su voluntad de utilizar ese poder (unilateralmente si fuera necesario) constituyen una amenaza para el nuevo sentido de misión de Europa".
Por eso la preocupación europea actual radica en defender su esencia, sus ideales y la validez universal de éstos frente al gigante estadounidense que se empeña en actuar solo, haciendo uso de su fuerza sin igual.
El libro, conciso, se lee en una sentada pues tiene un lenguaje ágil, hace una revisión histórica sucinta y útil, y no abruma al lector con incontables citas, como muchos textos puramente académicos. Oscila entre lo académico, lo periodístico y lo político, en una mezcla que se acerca mucho a la ideal.
Es una visión equilibrada en general, que no toma partido ni por unos ni por otros, imparcialidad que se agradece en medio de tanto maniqueísmo.
Si acaso, su único defecto grave radica en la aceptación total, sin que medie cuestionamiento alguno, de la necesidad estadounidense de atacar Irak, por ser éste un "Estado villano" (rogue state), y en la sección completa sobre la infinita bondad y generosidad de los estadounidenses en la conformación del mundo de la segunda posguerra, que en estos tiempos resulta difícil de digerir, aunque esto no implica necesariamente que falte a la verdad.
Kagan mismo no concluye que los estadounidenses son de Marte y los europeos de Venus, y tampoco que las diferencias son irreconciliables; éste no es el fin de Occidente, aunque quizá sí tengamos que vivir con una nueva versión del término que implique menos unidad, coherencia y solidaridad que en tiempos de la amenaza soviética.
No obstante, el autor deja en claro que la brecha trasatlántica existe, y existirá, y que estas diferencias no son un rasgo pasajero del sistema internacional, sino algo con lo que habrá que aprender a vivir en un mundo de dobles estándares.
El reto, quizás, es mayor para los europeos, quienes tendrán que desarrollar de una vez por todas una política exterior y de seguridad común efectiva si quieren figurar en el escenario internacional, fortalecer sus posiciones e incrementar su capacidad de influencia.
A fin de cuentas, Alemania no puede ser más que "europea", al igual que Francia, España y hasta el mismo Reino Unido (con todo y su "relación especial").
Por sí solos estos estados jamás ocuparán un lugar preponderante en el sistema internacional; las viejas glorias de las potencias europeas, aquellas que fueron el centro del mundo hasta el siglo xix, han quedado en el olvido.
No obstante, Kagan deja abierta la posibilidad de que lo consigan, pues más de una vez han logrado superar retos que parecían imposibles de vencer.
La lectura del libro de Kagan es indispensable para todos aquellos que deseen entender el porqué de las diferencias entre europeos y estadounidenses, explorar sus razones históricas, psicológicas y sociales, y tener suficientes elementos para poder suponer qué se espera en el futuro.
En suma, Of Paradise and Power es una lectura obligada para quien, sin perder de vista lo que está ocurriendo en el día a día, desee distanciarse de la vorágine informativa de los últimos meses para poner la brecha trasatlántica en perspectiva y en su justa dimensión.
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(*) Érika Ruiz Sandoval es internacionalista por El Colegio, de México; maestra en Políticas Públicas por Princeton University y especialista en temas de integración europea. Es coordinadora de Investigación y Desarrollo del Instituto de Estudios de la Integración Europea (IEIE) del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), donde también es profesora y coordinadora de Investigación y Desarrollo.
Of Paradise and Power: America and Europe in the New World Order. Robert Kagan, Alfred A. Knopf. Nueva York: Alfred A. Knopf, 2003, 103 US $18.00.
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Foreign Affairs, Washington DC, USA, 2003.
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