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Kagan, teórico de Bush: "El poder militar es un elemento esencial de las relaciones internacionales"

Robert Kagan afirma: "Europa ignora los peligros que enfrentamos". ¿Quién es Kagan? Uno de los halcones cerca de George W. Bush, y le confesó a .Amadeu Altafaj, su entrevistador, que la confrontación entre el bien y el mal ya existió en la Guerra Fría. Es imposible comprender qué busca Bush en la Unión Europea sin leer a Kagan. La entrevista fue publicada en España.

Robert Kagan, ex alto funcionario del Departamento de Estado norteamericano e investigador del Carnegie Endowment para la Paz Internacional, vapulea las conciencias europeas desde su libro Poder y debilidad. Según él, uno de los intelectuales que más influyen en George W. Bush, los europeos viven aletargados en un paraíso de paz y prosperidad, defendido durante cinco décadas por USA. Tony Blair, José María Aznar y los países que dejaron atrás dictaduras comunistas son los únicos que entienden los peligros que acechan al mundo de la post-Guerra Fría, los mismos que golpearon a su país el 11 de septiembre de 2001.

En la actualidad vive en Bruselas, donde trabaja para el Consejo de Relaciones Internacionales. Es también columnista de The Washington Post e investigador del Carnegie Endowment para la paz internacional.

Robert Kagan estudió en la universidad de Yale y se especializó en política internacional en la Kennedy School de la Universidad de Harvard. Fue alto funcionario del Departamento de Estado norteamericano.

-En su libro, sostiene que el 11 de septiembre no cambió a USA sino que "lo hizo más estadounidense". ¿A qué realidad se refiere, cómo es esa esencia recuperada?

-Los americanos se han tomado muy en serio su papel estratégico en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial y han desarrollado unas grandes y poderosas fuerzas armadas. En la campaña electoral de 1999, George Bush y Al Gore competían incluso a ver quién gastaría más en defensa y resulta que Gore prometía más. Los expertos de Clinton ya habían identificado amenazas como la de Corea del Norte, Irak, Irán o el problema potencial de China, y desarrollaron el proyecto del escudo antimisiles. El cambio tras el 11 de septiembre no ha sido tan grande como la gente tiende a pensar.

-¿Consiste esta doctrina en exportar estabilidad y democracia basándose en la potencia militar?

-La idea de unos Estados Unidos con una misión democratizadora es tan vieja como el país mismo. Cuando Bush dice que quiere llevar la democracia a Medio Oriente, es cierto, aunque no siempre se ha hecho con éxito. La coherencia en la política exterior de USA consiste en, primero, un contenido moral muy alto; segundo, creer que el poder militar es un elemento esencial de las relaciones internacionales; y tercero, que el poder militar estadounidense es el único garante de la seguridad internacional. La confrontación entre el bien y el mal no es un invento de Bush. La Guerra Fría ya lo fue, según la visión estadounidense.

-Pero esta vez más que nunca parece que la guerra emana de una inspiración casi teológica.

-No estoy de acuerdo. Eso del elemento religioso es algo que los europeos están exagerando. Porque para los norteamericanos, el bien y el mal nunca han sido conceptos religiosos sino seculares. Viene de la declaración de independencia, de Thomas Jefferson, en el siglo XVIII. Bush no es un cristiano iluminado. El último fue Jimmy Carter.

-Entonces no comparte la idea de que Bush ha iniciado una cruzada.

-Bush sólo es un cruzado en el sentido de que cuando sucedió el 11 de septiembre comprendió que tenía una misión como presidente: proteger a los norteamericanos para evitar que eso volviera a suceder. Pero cualquier otro presidente habría hecho lo mismo.

-Siguiendo su lógica, si los atentados a las Torres Gemelas hubiese ocurrido en París, ¿Chirac habría actuado de la misma forma?

-Sí, claro. Si el 11 de septiembre se hubiera producido en Europa, ahora tendríamos una actitud distinta en Europa.

-En su libro, plantea un conflicto inevitable entre Europa y Estados Unidos. ¿Tan distintas son las concepciones del mundo?

-Antes de la 2da. Guerra Mundial, Europa tenía una política basada en el poder. Pero tras la experiencia de las dos guerras mundiales, seguidas de la Guerra Fría y el debilitamiento de Europa, su primera preocupación era que eso no volviera a suceder. Por eso desarrolló un sistema de relaciones internacionales basado en que el poder militar ya no jugaría un papel en Europa nunca más.

-¿Qué política exterior deben esperar los europeos de los Estados Unidos después del 11 de septiembre, Afganistán e Irak?

-No habrá cruzada. Entiendo que los europeos puedan sacar esa conclusión, porque algunas de las expresiones utilizadas por Bush pueden ser malinterpretadas. Y quizás alguien en la administración Bush piense así. Pero no creo que se esté preparando ya la siguiente operación, en Siria o Irán. Sí puedo imaginar una crisis sobre el programa nuclear de Irán y espero que cuando se produzca, europeos y norteamericanos tengan una respuesta única. Además, en términos puramente prácticos y pese a lo que puedan pensar los europeos, la capacidad militar de USA es demasiado pequeña para llevar a cabo todas esas operaciones al mismo tiempo. La idea de una máquinaria bélica fuera de control es falsa.

-Habla de expresiones y opiniones distintas en Washington. También allí se libra una batalla soterrada.

-No lo negaré. Pero es demasiado simplista hablar de un bando unilateralista y otro más multilateralista. Nadie en la administración Bush prefiere avanzar solo. La cuestión es si la oposición de algunos puede impedir en último término una actuación cuando hay algo importante en juego, y en eso todos están de acuerdo, incluido Powell. Además, nunca se ha actuado sin aliados.

-Hablemos de esos aliados. ¿Lo son porque comparten las convicciones de USA o por oportunismo?

-Sé que, en el caso de Blair, pero aun más en el de Aznar, no tenían a la opinión pública de su lado. Tampoco es el caso en los países del Este ni el de Italia. Pero Aznar y Blair forman parte de una minoría en Europa que comprende la naturaleza de las amenazas a que nos enfrentamos. El problema es que la mayoría de los europeos parecen ignorar lo peligroso que es el mundo en que vivimos, con la proliferación de armas de destrucción masiva en manos de líderes corruptos y también de terroristas. Blair y Aznar son los que parecen más conscientes de estos problemas. Además, también valoran la relación transatlántica. Francia y Alemania lo ponen en entredicho.

-En su libro afirma que los europeos no quieren salir de su "paraíso posmoderno".

-Muchos europeos ven el mundo como un lugar carente de amenazas, en parte porque disfrutan de la seguridad que les aporta USA, pero también porque no han abierto los ojos ante nuevos tipos de amenazas desde el fin de la Guerra Fría. Es un problema de liderazgo. El gobierno alemán, por ejemplo, no ha explicado esas amenazas a sus ciudadanos.

-¿Qué lugar ocupa la ONU en esa concepción norteamericana del mundo?

-Me da risa cuando oigo que se está desacreditando a la ONU. Durante cinco de las seis décadas de su historia, el Consejo de Seguridad no funcionó, por el veto soviético. Desde 1989, dos temas principales fueron llevados a él: en la Guerra del Golfo, el presidente de USA ya había desplegado sus tropas en la zona cuando se discutió, y en Kosovo, los europeos fueron a la guerra sin una resolución por temor al veto ruso. Cuando Europa cree que no necesitan a USA, entonces piensan en el Consejo de Seguridad. Durante los 50 años en que USA los protegió, no se preocuparon mucho de la legitimidad.

-En su libro afirma que los europeos no quieren salir de su "paraíso posmoderno".

-Muchos europeos ven el mundo como un lugar carente de amenazas, en parte porque disfrutan de la seguridad que les aporta USA, pero también porque no han abierto los ojos ante nuevos tipos de amenazas desde el fin de la Guerra Fría. Es un problema de liderazgo. El gobierno alemán, por ejemplo, no ha explicado esas amenazas a sus ciudadanos.

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(*) ABC, Madrid, España, 2003.
Kagan estudió en la universidad de Yale y se especializó en política internacional en la Kennedy School de la Universidad de Harvard. Ya fue alto funcionario del Departamento de Estado norteamericano. En la actualidad vive en Bruselas, donde trabaja para el Consejo de Relaciones Internacionales. Es también columnista de The Washington Post e investigador del Carnegie Endowment para la paz internacional.

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