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Habla el teórico de la invasión a Irak: "Enviamos suficientes tropas para ganar la guerra pero no para ganar la paz"

Harlan K. Ullman es un teórico de la invasión a Irak, investigador asociado del CSIS International Security Program, columnista del The Washington Times, autor de Unfinished Business: Afghanistan, the Middle East and Beyond (Kensington, 2002), anticipó el conflicto con Irak y con Corea del Norte. Graduado en la U.S. Naval Academy, cumplió 150 misiones de combate en Vietnam y capitaneó un destructor durante la Guerra del Golfo, en 1991. Tiene varios grados académicos y es director del Political-Military and Strategy Programs además de consultor de muchas de las empresas que integran el selecto ranking Fortune 100. Integra el directorio de Wall Street Fund, y es socio-gerente de la consultora Killoween Group, fue premiado por Stevens Institute of Technology, de New Jersey. Aquí lo presentamos:

POR LUIS PRADOS (*)

Harlan K. Ullman parece estar viviendo sus 15 minutos de fama. Su doctrina estratégica de Impacto y Pavor, adoptada por el Pentágono, ha llegado a eclipsar el nombre oficial de la campaña (Operación Libertad Iraquí). Ullman no es sólo un teórico de la defensa. Fue piloto de la Armada estadounidense -participó en 150 misiones de combate en Vietnam- antes de dar clases en el National War College, donde tuvo como alumno al secretario de Estado, Colin Powell.

Su libro Shock and Awe (Impacto y Pavor), de 1996, escrito en colaboración con James P. Wade, entusiasmó al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y ha desplazado del pensamiento estratégico norteamericano a la llamada doctrina Powell, aquella que dictaba que usa sólo se lanzaría a un conflicto militar desplegando sobre el teatro de operaciones una "fuerza insuperable" y teniendo muy claro tanto el objetivo como la estrategia de salida. La entrevista con el diario español El País, de Madrid, se hizo por correo electrónico. Ullman respondió al cuestionario el pasado viernes con una particularidad: remitió las respuestas de dos preguntas a un artículo que acababa de escribir ese día con el significativo título de Ni impactado ni empavorecido todavía.

-¿En qué consiste la estrategia de Impacto y Pavor?

-El concepto surgió en 1996, cuando nos enfrentamos al problema de cómo ganar una futura Tormenta del Desierto no en seis meses y con medio millón de soldados, sino en pocas semanas o meses con una fuerza más pequeña. El objetivo era vencer decisiva y rápidamente al menor coste tanto en vidas como en destrucción. Para ello, el Impacto y Pavor busca, mediante el uso de todo nuestro poder físico y psíquico, que el enemigo se sienta tan vulnerable e intimidado por nuestra capacidad que vea inútil cualquier resistencia. Su objetivo son la voluntad, percepción y comportamiento del adversario.

-¿Es Hiroshima un ejemplo de Impacto y Pavor?

-El uso de armas nucleares nunca fue la intención de esta estrategia, pero la capacidad para transformar la resistencia suicida en rendición pasiva es el ejemplo supremo de ella. Los japoneses abandonaron la lucha porque no podían comprender la secuencia de un plan, una bomba y adiós a una ciudad. Aquello fue Impacto y Pavor. Pero lo que proponemos es usar una fuerza mucho menor y no contra civiles. Así que no hay que hacer falsas comparaciones.

-¿Está siguiendo el Pentágono su estrategia en Irak?

-El Pentágono desveló esta estrategia para lograr una rápida desintegración del régimen de Sadam. Luego la guerra empezó antes de lo que estaba planeado y tanto el público como la prensa interpretaron mal la idea, viendo el bombardeo como parte de una campaña para aterrorizar Bagdad y no para expulsar a sus líderes. Se prometió Impacto y Pavor, pero sus efectos no se han notado aún. En su lugar, parece que se acabará con Sadam mediante una combinación de ataques por tierra y aire que tan bien funcionaron en el pasado.

-¿Se ha equivocado el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, al emplear tan pocas tropas en Irak?

-Rumsfeld tiene razón. Las fuerzas que tenemos sobre el terreno son suficientes para ganar la guerra decisivamente. La ironía es que no son suficientes para la paz. El campo de batalla moderno, por obvias razones de tecnología, es menos denso y necesita menos fuerzas. Lo contrario es verdad en las operaciones de mantenimiento de la paz. Por tanto, cuando la guerra acabe se necesitarán un montón de soldados.

-¿Cree que Sadam usará armas de destrucción masiva?

-No creo que las use, aunque si lo hiciera no sería sorprendente. Sabe que tendrían efectos mínimos. Dado que su estrategia es resistir y que depende de la opinión pública mundial y de un montón de muertos norteamericanos para frenar a USA, el empleo de armas químicas o biológicas no le ayudaría.

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(*) El País, Madrid, España.

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