6. El 23 de diciembre, TV Azteca dijo públicamente que buscaría homologar en las instancias legales mexicanas el laudo de la Corte Internacional de Arbitraje, que interpreta en su favor. Sin embargo, cuatro días después la televisora se desmintió a sí misma, sin mediar explicación renunció a esa obligación jurídica y resolvió asaltar la torre de transmisión de CNI. ¿Por qué? ¿Sólo porque a Ricardo Salinas Pliego se le acabó la paciencia y quiso hacerse justicia por mano propia? La decisión coincide con el anuncio de las estrategias electorales de los partidos políticos que, entre todos, invertirán mucho dinero en sus campañas. Los recursos se canalizan fundamentalmente a dos televisoras (en 2000, Televisa y TV Azteca captaron, respectivamente, 51.57% y 25.96% del dinero gastado en los medios). Por eso, al quitar la señal a su legítimo concesionario y al operar esa estación televisora, Azteca buscó incrementar sus ingresos por la venta de spots y, al mismo tiempo, determinó actuar sobre dos posibilidades: apropiarse (ilegalmente) de la señal con la aquiescencia del gobierno o prolongar el conflicto para lograr la quiebra de la Televisora del Valle de México y luego hacer efectiva la opción de compra que dice tener en su favor.
7. Los funcionarios de Azteca no podían desconocer que el próximo 19 de abril, según el título de concesión respectivo en su fracción 4ta., la SCT está obligada a revisar, como cada cinco años, la vigencia de la concesión a la Televisora del Valle de México, otorgada el 19 de abril de 1993 y cuyo plazo de vencimiento es de 15 años. Cualquier decisión de la SCT al respecto mina las posibilidades de que Azteca opere la señal. Si la Secretaría de Comunicaciones y Transportes refrenda la concesión quiere decir que están en regla las condiciones administrativas, contables, técnicas y financieras con las que opera Canal 40. Si no refrenda la concesión, Azteca estaría impedida de usar la señal porque, aunque ganara en los tribunales las demandas que entabló contra CNI, la concesión está a nombre de Televisora del Valle de México S.A. de C.V. y si ésta la pierde no hay objetivo en disputa. En este escenario, el gobierno tendría que "adquirir las instalaciones y equipo necesarios para la continuación del servicio" en tanto resuelve, a través de SCT, si somete a concurso la concesión.
8. La alta discrecionalidad en el otorgamiento de los permisos para usar el espacio por donde se transmiten las señales de radio y televisión alertó a los demás concesionarios. Casi todos los concesionarios prestan su concesión para que la operen terceros: Radio Centro la presta para que la opere InfoRed de José Gutiérrez Vivó; Radio Fórmula, Acir, Multivisión hacen lo mismo. Vaya, hasta el Imer que pertenece al Estado, permite que un tercero fue el caso de Ricardo Rocha opere dentro de sus concesiones. Y ni se diga de Alejandro Burillo, quien terminó rentando a los concesionarios de AM varias de sus estaciones para el Mundial de Futbol. El gobierno foxista abrió la caja de Pandora. Nadie en la industria ni el gobierno tenían prisa por revisar la Ley Federal de Radio y Televisión, y ahora sí lo deberán hacer porque los legisladores vieron una enorme discrecionalidad en la forma de "asegurar" una concesión.
9. Todo ha indicado que el gobierno de Vicente Fox favoreció a TV Azteca en este litigio. Y conste que Azteca tiene razón al exigir la devolución de sus US$ 25 millones y reclamar un acuerdo para comprar el 51% de Canal 40. Sin embargo, la televisora actuó en forma ilegal, su manera de irrumpir el 27 de diciembre con un comando armado las instalaciones de la antena de Canal 40, y la agresividad abierta con que se comportó su vicepresidente, Jorge Mendoza, al tomar del cabello a uno de los abogados de CNI. Fueron excesos que al gobierno le correspondía frenar a tiempo. Ahora se deberá revisar la gran discrecionalidad del Ejecutivo al otorgar las concesiones.
10. Ya que estamos con las indemnizaciones: Juan José Nieto, anterior presidente de Admira, decidió comprar Manga Films para Vía Digital y Antena 3 TV... aunque realmente estaba comprando poco más que aire. Está dispuesto a ofrecer por ello 84,1 millones de euros, pero la Comisión Ejecutiva de Telefónica le pregunta si ha bebido. Finalmente reconoce que ya ha adelantado 18 millones de euros. Los catalanes dicen que lo que se da no se quita y le ofrecen una peliculillas de su catálogo para ir tirando.