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El 89% de los encuestados no quiere el regreso de Cavallo a la política (pero él insiste camuflado de columnista económico)

Acción por la República comenzó a preparar el camino para que Domingo Cavallo, ex aliado de Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf, retorne a la política (y parte del maquillaje es el artículo de Cavallo hoy en el diario Ámbito Financiero). Sin embargo, en AR tendrán que esperar otro momento para promoverlo si quieren un retorno con éxito. Según el consultor Ricardo Rouvier y Asoc., el 89% de los encuestados no está de acuerdo con el regreso del ex ministro de Economía.

La encuesta a la población trata del grado de acuerdo/desacuerdo con que el Cavallo vuelva al ejercicio activo de la política, y fue realizada entre el 6 y 10 de enero de 2003, en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, en la que se efectuaron 486 encuestas telefónicas. El diseño muestral fue probabilístico y se consideraron las cuotas de sexo, edad y nivel socioeconómico según la población con teléfono.

Mediante un comunicado, los seguidores del ex ministro aseguran que una personalidad como Cavallo, honesta, comprometida con el país, respetada en ámbitos académicos internacionales y con incansable actividad intelectual, representa una alternativa vigente, en un escenario político tan devaluado en figuras prestigiosas.

Parte de la tarea de reinstalación de Cavallo, ex aliado de Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf, ante la opinión pública es el artículo publicado hoy en el diario Ámbito Financiero, titulado Falso Dilema Productivista, y que reproducimos a continuación porque queremos prover un debate amplio sobre las personas que provocaron la crisis financiera de 2001 y sus ideas.

POR DOMINGO CAVALLO (*)

Parece que el slogan que utilizará el duhaldismo para confrontar con el «neoliberalismo» en la próxima elección es el siguiente: debe darse continuidad a la política económica «productivista» inaugurada con el abandono de la convertibilidad, en reemplazo de la política económica que caracterizó a la década del '90.

Pero, ¿es «productivista» la política económica que se viene aplicando desde principios de 2002? Ciertamente no, si uno entiende por «productivismo» un fuerte impulso al aumento de la productividad.

El aumento de la productividad se obtiene a través del proceso de inversión que permite incorporar tecnologías más avanzadas, aumentar el capital humano a través de la capacitación y mejorar los métodos de administración de las empresas que producen bienes y servicios. Las políticas implementadas desde el abandono de la convertibilidad han hecho desaparecer totalmente el crédito interno y externo, no sólo para el sector público, sino también para el sector privado. Por consiguiente, es casi imposible imaginar que puedan financiarse los planes de inversión necesarios para sostener, mucho menos para aumentar, los niveles de productividad logrados hacia finales de los '90.

• Aumento

Pero ¿no está aumentando la productividad en los sectores que producen bienes de exportación, sustitutos de importaciones o servicios turísticos? No más que lo que declina la productividad en todo el resto de la economía. Lo que en este caso está aumentando es el grado de utilización de la capacidad instalada en esos sectores pero a causa de un drástico cambio en los precios relativos, que ha producido una simultánea caída de la demanda en todo el resto de la economía. Los sectores beneficiados por la fuerte devaluación del peso representan no más de 25% de la estructura productiva. El otro 75% está sufriendo una caída brutal en el grado de utilización de su capacidad de producción. No puede sostenerse que ésta sea una política «productivista» cuando el efecto neto es una fuerte caída en la utilización de la capacidad productiva ya instalada.

En un sentido de mediano y largo plazo, las políticas en vigencias desalientan la inversión en sectores de exportación eficientes, que son los que al mismo tiempo podrían ayudar a sostener un proceso de sustitución de importaciones que no sea permanentemente costoso para el país. Esto ocurre porque se han introducido las retenciones a las exportaciones y se han eliminado los planes de competitividad. Cuando no había impuestos a las exportaciones y se permitían acre-ditar contra el IVA los impuestos distorsivos sobre los insumos y los salarios, el aliento a la inversión en sectores de exportación era permanente, porque no dependía de una moneda extremadamente devaluada. Desde que se abandonó la convertibilidad, el aliento a la exportación se basa en salarios que, medidos en dólares, son extremadamente bajos.

• Desaliento

Este tipo de beneficio para los exportadores los induce a utilizar intensamente la capacidad productiva instalada, pero no los alienta a invertir y crear capacidad adicional, dado que no existen garantías de que los salarios en dólares puedan mantenerse tan bajos en el mediano plazo. Lo que sí es muy probable, como lo ha demostrado la experiencia desde que se introdujeron las retenciones a las exportaciones agropecuarias en los '50, es que los impuestos distorsivos van a tardar mucho más en desaparecer que los bajos salarios en dólares. Con lo que la economía del futuro promete acentuar, más que reducir, su sesgo antiexportador.

Algo parecido ocurrirá con las industrias que producen sustitutos de impostaciones. Al haberse reinstalado impuestos distorsivos por el lado de los insumos y la mano de obra, y ante la extrema dependencia de salarios en dólares muy bajos, no habrá inversión nueva. La producción aumentará sólo en la medida en que pueda aprovecharse la capacidad ya instalada y no se requiera mucho capital de trabajo. Además, la desaparición del crédito hará muy difícil financiar cualquier inversión significativa.

¿Si la política no es «productivista» desde el ángulo de la inversión y el aumento de la productividad, no lo es al menos desde el punto de vista de la reducción del endeudamiento y del costo de las empresas productivas? Si éste es el significado que se quiere dar al término «productivista», entonces la respuesta puede ser parcialmente afirmativa, pero al costo de generar estancamiento permanente. La pérdida sufrida por los ahorristas nacionales y extranjeros que colocaron sus fondos en la Argentina permitirá resolver el problema del endeudamiento de las empresas por una sola vez. Pero la desaparición del crédito significará un fenomenal aumento en el costo del capital para los futuros emprendimientos e, incluso, para hacer funcionar a las empresas que requieren mucho capital circulante. Esto acentuará el estancamiento de la economía argentina y no permitirá que las empresas se revaloricen, aun habiendo eliminado su endeudamiento pasado.

¿Cómo harán para convencer a la gente de que el «productivismo» devaluador de ahorros y salarios es mejor que el «neoliberalismo» de la convertibilidad? Seguramente, el gobierno de Duhalde confía en el apoyo de los medios. Es sorprendente ver cómo se destacan los síntomas reactivadores de las políticas «productivistas» y cómo se recalca que los salarios e ingresos de la convertibilidad eran una ilusión. Tan notable como el esfuerzo que hicieron durante los primeros días de diciembre de 2001 para describir el «corralito» como una expropiación de los ahorros y no como un proceso de bancarización de los pagos.

La información sobre los beneficios para la gente y para el fisco de la utilización de las tarjetas de débito y crédito llenó las páginas de los diarios del último domingo. Sin embargo, ninguno de los medios reconoce que la campaña contra el «corralito» de diciembre de 2001 sólo sirvió para que la gente no advirtiera que la bancarización forzada procuraba beneficiarla, y terminara empujando al poder a los que iban a crear el «corralón», aún vigente, para inaugurar la política que ahora denominan «productivista».

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(*) Publicado en el diario Ámbito Financiero, de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

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