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U.R.: Fortalezas y debilidades de la segunda renovación

El usuario Horacio Poggi envía un material sobre la segunda renovación peronista para compartir con los lectores de Urgente 24.

Un poco de historia
Luego de la primera derrota electoral del peronismo, ocurrida el 30 de octubre de 1983, los dirigentes de la llamada ortodoxia, fueron duramente enjuiciados por los sectores intelectuales de la socialdemocracia alfonsinista y por los referentes del PJ que pedían un paso al costado de „los mariscales de la derrota‰. La figura emblemática del peronismo derrotado fue Herminio Iglesias. Justo es reconocer, que Herminio no realizó ningún esfuerzo por desmentir las acusaciones que le enrostraban propios y extraños. Quizá la asociación con la dictadura (léase con la violencia, magnificada con la quema del cajón) fue el golpe de gracia a su imagen pública.

La victoria de la Democracia (con un amplio consenso de la sociedad) requería de dirigentes comprometidos con el nuevo tiempo político. La mayoría de los peronistas coincidía ˆcon sobrada razón- que si el candidato a gobernador de Buenos Aires hubiese sido Antonio Cafiero, otro hubiera sido el resultado nacional que catapultó a Raúl Alfonsín.

Apoltronados en los sillones directivos del PJ, los herministas eran los más acérrimos enemigos de democratizar el PJ. Fue el momento clave del cambio para ponerse a la altura de las circunstancias y devolverle al peronismo su condición de mayoría nacional y popular. Bajo el liderazgo de Antonio Cafiero, Carlos Menem y Carlos Grosso surgió la Renovación Peronista.

Con un PJ sin democracia interna, la Renovación buscó por fuera lo que le negaban dentro, y en las elecciones legislativas de 1985 se presentó sin el sello partidario. En el recuento general ganó la UCR, pero las urnas le dieron un amplio respaldo a los renovadores que un año después pasaron a hegemonizar el PJ.

Menem fue el más meticuloso de los líderes renovadores, ya que en medio de la marea triunfalista optó por no apostar al giro ideológico a la socialdemocracia y se mantuvo con un perfil de respeto a las tradiciones doctrinarias. Es decir, que aparecía como un demócrata peronista y no como un renovador alfonsinista. Eso, junto con su carisma imbatible de caudillo federal, le sirvió para ganarle al „aparato unitario‰ de Antonio Cafiero en las internas del 9 de julio de 1988.

De ese modo, la primera renovación culminó con el éxito de Menem, quien haciendo gala de un pragmatismo temerario, de inmediato alistó en sus filas a una cantidad valiosa de adversarios circunstanciales que lo habían combatido con ferocidad inédita cuando levantaban la candidatura cafierista.

Luego de 13 años de aquellos acontecimientos, con un basural inmenso debajo de la alfombra pejotista y el debate ideológico postergado infinidad de veces, un sector poderoso del aparato justicialista vuelve a plantear una nueva renovación. Esta vez abundan las paradojas. Menem, presidente del Consejo Nacional Justicialista, pretende elecciones internas. Sus opositores, paladines de la renovación, atrincherados en el Congreso Nacional Partidario se niegan a darlas por temor a que les gane el riojano o el Adolfo, aduciendo que el PJ no está para escándalos. ¿Acaso no es más escandaloso polarizar la interna entre Menem y Duhalde, proscribiendo de hecho a Rodríguez Saá que va primero en las encuestas?

La segunda renovación, por tanto, surge no como una necesidad de profundizar la democratización del PJ, sino para clausurarles a Menem y al Adolfo el acceso a la primera magistratura, sea como sea, aún con métodos regresivos (no dar internas e instar a que la Justicia dirima el conflicto partidario es una regresión indiscutible).

Desde la presidencia de un gobierno provisorio elegido por la Asamblea Legislativa para cumplir el mandato de Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde es el principal promotor del espacio renovador.

En la primera renovación, Antonio Cafiero le dio pelea franca y leal a Menem y después lo apoyó, por aquello de que el que gana conduce y el que pierde acompaña.

En esta segunda renovación, Duhalde no enfrenta a Menem en forma directa, encumbra a un intermediario, el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner. El peronismo va a juzgar su actitud con el transcurso del tiempo, y resolverá si se trató de un acto de inteligencia o de cobardía.

Fortalezas
El principal baluarte de la segunda renovación es la cantidad de dirigentes que han comprometido su apoyo con eje en la Provincia de Buenos Aires.

El aparato oficial del justicialismo gobernante coincide en el plan de derrotar a Menem a cualquier precio. Aún profundizando la fractura y fragmentación del Partido Justicialista e ignorando a Rodríguez Saá.

La cantidad de adhesiones de dirigentes les permite, a los promotores de la segunda renovación, vivir horas de euforia que se dilucidará en el momento de contar los votos.

Por tanto, por los recursos económicos reunidos, apoyo mediático y estructuras partidarias de la que dispone, el espacio renovador redobla en logística a sus oponentes menemistas y adolfistas.
Debilidades
El aparato incide en una elección interna, pero no en una elección general. Su peso, entonces, no es decisivo, es relativo.

A vuelo de pájaro se observa que en la segunda renovación convergen demasiadas contradicciones. Duhalde ha dicho en numerosas oportunidades que forma parte del pasado ¿y ahora es el padre de lo nuevo? Kirchner dijo que no iba a ser el Chirolita de Duhalde ¿y ahora radiante recibe el apoyo del aparato bonaerense y reclama un Vice de este sector? Duhalde quiere que Kirchner profundice el actual „modelo productivo‰ que en el 2002 se cobró 500.000 desocupados y elevó a 54% la cantidad de pobres...

La caravana paradójica cuenta con dos figuras prominentes: el santiagueño Carlos Juárez y el tucumano Julio Miranda, ¿podemos considerarlos renovadores? Por lo que representan es preferible no abundar en detalles porque „la verdad habla sin artificios‰ (Perón).

El santacruceño Kirchner (¿traerá los cientos de millones de dólares pertenecientes a su provincia, depositados en el extranjero?) se jacta de alentar la creación de un „peronismo nacional, popular, racional y progresista‰. El peronismo no necesita de tantos adjetivos impactantes para destacarse con su propia identidad original. Los adjetivos en varias ocasiones suelen ser máscaras que terminan sirviendo a la tergiversación ideológica.

Es en plano ideológico, donde la segunda renovación se aproxima peligrosamente a la socialdemocracia, cuyos efectos conocimos en la época alfonsinista.

Asimismo, la adhesión y participación en el comando renovador de un lote dirigencial que abrevó en las aguas del Frepaso y en la Alianza fracasada, genera más dudas que certezas en aquellos compañeros que con sinceridad se replantean recuperar la identidad histórica del peronismo desde la concepción movimientista, que supere la antinomia Menem-Duhalde. Una antinomia mezquina que reduce la discusión a una contienda entre hombres y no entre propuestas que solucionen la ristra de problemas que nos agobian cotidianamente en todos los órdenes del quehacer comunitario.

Viraje pendiente
El peronismo debe liderar el viraje heroico, el cambio epopéyico que exige la sociedad si es que anhela seguir siendo expresión auténtica del Movimiento Nacional y Popular. Para ello no puede embarcarse en el manoseo incesante de las instituciones ni tampoco convertirse en una jauría hambrienta de „cajas‰.

El discurso violento de los „anti‰ conspira contra la necesaria convivencia que necesitamos todos los ciudadanos comprometidos con el destino común para que, en Democracia, podamos construir un proyecto de país acorde al siglo 21, tan alejado de las utopías marxistoides como de la prepotencia neoliberal.

El antimenemismo, el antiadolfismo, el antiduhaldismo son rémoras que dividen no sólo a los peronistas, sino, lo que es peor, a los argentinos. Un partido político puede perder una elección y en el corto plazo reponerse. Una nación en emergencia no puede darse el lujo de perder una inmejorable oportunidad de salir de la emergencia para iniciar la marcha hacia una transición ordenada, consensuada y plenamente democrática.

La sociedad intuye, siente y percibe que la interna de este justicialismo ˆmuy devaluado en las ideas rectoras del pensamiento nacional- no es la interna del país Se asemeja bastante a una lucha entre facciones que por intereses egoístas rehuyen el debate y prefieren el naufragio del Movimiento antes que conciliar posiciones de conjunto.

Los protagonistas de la interna olvidan que hay que tener grandeza para saber ganar y sabiduría para saber perder.

Hay que tener convicciones firmes, pluralistas y republicanas para recuperar la dignidad perdida durante gobiernos provenientes de nuestras propias filas.

Hay que luchar por la unidad del justicialismo por respeto a los millones de peronistas que todavía esperan un cambio en paz con justicia social, patriotismo y coraje cívico.

La soberanía política no es una moda pasajera. Mucho menos la independencia económica y el nacionalismo cultural.

La integración iberoamericana, el crecimiento igualitario de los países que integran el MERCOSUR, la presencia responsable de la Argentina en el mundo, no son consignas facilistas sino que deben ser políticas de Estado.

La agenda social es prioridad número uno para los peronistas y no tiene nada que ver con el reparto de alimentos o el clientelismo degradante, sino con la promoción humana y la defensa irrestricta de los derechos humanos.

Construir un espacio político con vocación de poder nacional siempre es una buena noticia, que deja de serlo cuando se anteponen antojos individuales a los legítimos deseos colectivos.

En ese sentido, la política noble y decente nunca fue sinónimo de hipocresía, de doble discurso o de intenciones oscuras. El 20 de diciembre de 2001 se agotó la partida de los ajedrecistas fulleros que han puesto en jaque mate la representatividad de los partidos tan necesarios como repudiados.

La política arquitectónica del bienestar general es la única restauradora eficiente de la Democracia.

Vivir del pasado es tarea de insanos. Pero tropezar con las mismas piedras es obra también de insanos. Los presuntos „progresistas‰ que buscan persuadir con su liberalismo vergonzante a las nuevas generaciones, participaron de la fundación de la Unión Democrática en 1945, fueron los ideólogos egregios del Partido Militar y crearon la Alianza de 1999 que nos llevó a la actual situación de injusticia, entre el vendaval de errores que cometieron.

Esos progresistas y sus descendientes que hunden sus raíces en Juan B. Justo, otra vez amenazan con trazar una raya para poner arbitrariamente, de un lado, a los conservadores malditos y, del otro, a los santos y santas inmaculados de la progresía tilinga.

Tengamos cuidado con las palabras y con los inventores de neologismos que sólo ofrecen posibilidades de expansión a los que apuestan a la continuidad del fracaso y al reinado de las minorías.

El peronismo sigue intacto en su vigencia doctrinaria, en sus valores, en sus ideas revolucionarias. Faltan hombres y mujeres que tengan conciencia nacional y una estrategia de poder consecuente que encarnen esos valores e ideas realizables y los pongan en acto Esos compañeros y compañeras existen, trabajan en silencio, forman parte de la Argentina Real que más temprano que tarde alzará su voz organizada en millones para sorpresa del establishment.

Ante la resignación de los timoratos que prefieren la comodidad de los aparatos que les garantizan usufructuar „lo políticamente correcto‰, se levanta bizarra la militancia humilde y creativa. La militancia de la Resistencia. La que lucha para volver. La militancia con vocación de poder. Impongamos, entonces, en la centralidad de la discusión que la política es precisamente la lucha por el poder. Con una elección se gana el gobierno y no el poder. Pero sin el gobierno, en la competencia constitucional y democrática, jamás se alcanza el poder.

Se necesita poder para transformar esta Argentina injusta. Poder para recuperar el Estado a favor del pueblo y no de los oligopolios petroleros o del club oligárquico de los exportadores. Poder integrador, que suture heridas, que recree los vínculos sociales destruidos por la rapiña y el saqueo, para que pronto, muy pronto, sin dilaciones de ninguna índole, el pueblo vuelva a ser feliz y la patria grande.

Abrazada a la Patria, todo lo daré, porque hay pobres en ella todavía, porque hay tristes, porque hay enfermos. Mi alma lo sabe, mi cuerpo lo ha sentido. Pongo junto al alma de mi pueblo mi propia alma. Le ofrezco todas mis energías para que mi cuerpo sea como un puente tendido hacia la felicidad común. Pasad sobre él, firme el paso, alta la frente, hacia el destino supremo de la Patria nueva. Ni fatiga ni vigilia, ni sacrificio importan mucho cuando se busca acabar con la fatiga y el sufrimiento anidados en las entrañas del pueblo.

Evita Perón

Luchar por el bienestar del niño es luchar por la grandeza de la patria.

Evita Perón

El peronismo está en marcha y nada ni nadie lo podrá detener.

Evita Perón

Merlo, enero de 2003
Provincia de Buenos Aires, República Argentina

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