Su muerte, ocurrida el 27 de octubre pasado, se atribuyó a un accidente doméstico al ser encontrada muerta en la bañera del country Carmel de Pilar, situado en el kilómetro 55,5 de la ruta Panamericana según la teoría de sus familiares y amigos. Pero pasados más de 40 días del sepelio, se descubrió que la hermana del periodista y abogado tenía 5 balazos en la cabeza.
El hecho comenzó a trascender en los pasillos del tribunales el 11 de diciembre y se confirmó cuando, según la investigación iniciada en la Unidad Fiscal de Investigaciones (UFI) de San Isidro, a cargo de Diego Molina Pico, se ordenó la autopsia del cadáver y los médicos forenses determinaron que tenía cinco balazos en la cabeza sin orificio de salida. Inicialmente el caso había sido caratulado como averiguación de muerte dudosa y el juez de Garantías Juan Maquintasch se excusó de seguir interviniendo alegando que mantiene amistad con el abogado hermano de la víctima.
La noticia del crimen provocó pánico en el country por temor a que el asesino viviera en el lugar. Según informó el diario La Nación, el día en que se produjo la muerte, María Marta había terminado de jugar al tenis en el country y junto con su esposo fueron a la casa de su amigo (decía el diario) Guillermo Bartoli para ver el partido entre River y Boca. A las 18, María Marta decidió volver a su casa en bicicleta, situada a unos 300 metros, para darse una ducha y esperar a la masajista que iba a llegar a las 19.
Cuando Carrascosa regresó a la casa, a las 18.55, en la puerta se encontraba un guardia de seguridad que golpeaba, preocupado porque buscaba que algún integrante de la vivienda admitiera el ingreso al country de la masajista, pero nadie respondía. El esposo dio el permiso, estacionó la camioneta, subió hasta la planta alta y vio el cadáver de su esposa, en la bañera, semisumergido en agua ensagrentada y manchas de sangre en el piso.
Luego llegó la masajista y juntos trataron de reanimarla, mientras comenzó la búsqueda de ayuda médica. Mientras tanto llegó Diego Piazza, situado en el kilómetro 55,5 de la ruta Panamericana, un estudiante de medicina que junto a la masajista comenzaron hacerle maniobras de resucitación cardiopulmonar, hasta que llegaron dos ambulancias: una de Paramedic, contratada por OSDE, a la que estaba afiliada García Belsunce y otra de Emernor. Los médicos revisaron el cuerpo y entendieron que ya no tenía signos vitales. Ese fue el inicio de las contradicciones.
Un médico declaró que no vio nada anormal, pero el otro dijo que advirtió que la cabeza tenía tres orificios, uno de los cuales era tan profundo que uno de sus dedos podía ingresar hasta la primera falange. Sin embargo, el otro facultativo dijo que el orificio era menor y que su colega no habló de un posible homicidio. Incluso sugirió que limpiaran la sangre del piso para que la familia no se llevara una mala impresión.
Esa misma noche fue velada en su domicilio. Las primeras dudas fueron del hermano menor, John, que sugirió hacer revisar el cuerpo por un médico forense antes del sepelio. El fiscal de la Cámara de Casación Penal Juan Martín Romero Victorica, amigo de la familia, les advirtió acerca de lo terrible que era abrigar temores. Así transmitieron esos interrogantes al fiscal de Pilar Diego Molina Pico.
El funcionario judicial tomó declaración a los dos médicos y surgieron las primeros indicios por la incongruencia de sus relatos y se dispuso que la policía científica de San Isidro levantara rastros. Los detectives probaron nuevos sistemas de revenidos químicos, en aerosol, que permitieron "levantar" manchas de sangre, limpiadas en la pared de la escalera, el ingreso del dormitorio y el propio cuarto, lo que hace pensar que el asesino la arrastró escaleras arriba.
Carrascosa se presentó como querellante en la causa y pidió que se hiciera una autopsia. Exhumaron el cuerpo y el primer informe confirmó la existencia de cinco balazos calibre 32 en el cráneo y un sexto que rozó el cráneo y probablemente impactó en el techo de madera del baño, aunque el proyectil no fue encontrado. El fiscal se enojó con la familia. "Me mintieron", les dijo, según García Belsunce (h). Los parientes explicaron que no habían advertido nada y se indignaron con los médicos, incluso el de la funeraria, que firmó el certificado de defunción, aparentemente sin ver el cadáver, que indicaba como causa de la muerte "paro cardiorrespiratorio no traumático".
Desde entonces se comenzaron a tejer suposiciones sobre los móviles del crimen. En un principio, el fiscal Juan Romero Victorica afirmó que el móvil del asesinato de María Marta García Belsunce sería pasional, descartó que haya sido un crimen por encargo, y sostuvo que el asesino "estaba adentro del country" en que ocurrió el hecho, ya que el barrio tiene una alambrada perimetral controlada por computadoras por si alguien quiere cortar el alambre.
En ese momento ya participaban de la investigación el Director de Investigaciones Complejas, comisario Angel Casafus y fue convocado el jefe de la Departamental de Investigaciones de San Isidro, comisario Anibal De Gastaldi, y el fiscal de la UFI de ese partido el fiscal Molina Pico.
El viernes 13 las líneas de investigación se separaron claramente: robo, crimen pasional o móvil desconocido como un crimen mafioso. Se partió desde un punto oscuro que era por qué no se dio intervención a la policía desde el primer momento. La ley indica que cuando hay una muerte, aunque sea accidental, debe hacerse una autopsia, y mientras que los médicos que revisaron el cuerpo no advirtieron los disparos en la cabeza el facultativo de la funeraria que suscribió el certificado de defunción indicó que había muerto de un paro cardíaco no traumático, y en la Capital Federal.
Según Romero Victorica, su insistencia para investigar si se trataba de un crimen venció la idea familiar de que María Marta había muerto tres resbalar en el baño. Además, en ese momento no se había recuperado el sexto proyectil, que rozó el cráneo e impactó en el techo de madera del baño.
El primer sospechado fue un vecino de 26 años que vive a cuatro casas de donde habitaba la víctima, con antecedentes judiciales. En una entrevista con La Nación, donde no quiso dar su nombre, explicó que pretenden culparlo para ocultar el verdadero móvil del crimen y sugirió dos líneas de investigación, relacionadas con Carlos Carrascosa y su labor como agente de Bolsa, antes de su retiro, y a un negocio inmobiliario al que el ahora viudo se oponía.
Luego vinieron las amenzas a Mirta, la mucama de la víctima que trabajaba tres veces por semana en la casa del country, que fue intimidada en su casa para que no hable con la prensa, según allegados al caso. Mirta realizó la
denuncia en la comisaría de Pilar, acompañada por familiares de María Marta.
El mismo día, se conocieron las irregularidades del acta de defunción firmada por el médico Juan Carlos March, que certificó, a las 23 del 27 de octubre, que María Marta García Belsunce murió en una vivienda de Junín 1397, en la Capital Federal. Además, March firmó otro certificado con sólo 10 minutos de diferencia entre ambas muertes, en Villa Ortúzar. Pero los dos certificados difieren en el tipo de letra con que fueron confeccionados ambos documentos firmados por el médico.
El sábado 14 los investigadores del crimen revisaron los discos rígidos de las computadoras que había en la vivienda del country club Carmel y no encontraron información que pueda hacer pensar que la víctima trabajaba en algún tema que significara un riesgo para su vida, aunque un día después seguían detrás de dos teorías, una que apuntaba a una venganza contra el esposo de la víctima y la otra relacionada con el trabajo de ella.
Por otro lado, los investigadores destacaron las dificultades para reconstruir el crimer después de tanto tiempo. Consultados sobre si estaban investigando el círculo íntimo, no negaron ni afirmaron la posibilidad.
La semana que hoy culmina trajo un nuevo elemento para investigar. Si bien el cuerpo de la mujer apareció en el baño de la casa, la víctima habría sido asesinada en el dormitorio de la planta alta y luego trasladada al cuarto de baño, en cuya bañera apareció muerta. También pudo saberse que García Belsunce había sufrido el secuestro del único perro que tenía la familia en el country de Pilar. El perro -de raza labrador- desapareció aproximadamente dos meses atrás y la familia se negó a pagar el rescate porque "le parecía una barbaridad el dinero que pedían" por devolver al animal.
Posteriormente se conoció la decisión del director general del Registro Civil Porteño, Félix Pelliza, de suspender preventivamente al doctor March del Registro de Firmas Médicas al comprobarse que firmó el certificado de defunción de María Marta García Belsunce como si el deceso hubiera ocurrido en Capital Federal cuando en realidad fue en Pilar.
Pero Horacio García Belsunce, el hermano de la mujer asesinada, intentó justificar la falsedad del lugar de fallecimiento que figura en el certificado de defunción, porque "nos dijeron que aparentemente para enterrarla en La Recoleta tenés que haber muerto y tener residencia en la Capital Federal".
Para los investigadores, la falsedad de algunos datos que constan en el certificado de defunción es un tema decisivo, ya que ese documento se anotó que la muerte de la mujer se produjo por un paro cardiorrespitario y en verdad a García Belsunce le asestaron en la cabeza cinco disparos de bala, al parecer calibre 32.
Las sospechas del médico de Emernort surgieron hace dos días. Pensó que iba a atender un accidente doméstico donde una persona se había lastimado una pierna, pero al llegar al country Carmel, le dijeron que ya había otra ambulancia. No obstante lo dejaron pasar porque su unidad de terapia intensiva estaba equipada con un tubo de oxígeno. Al llegar a la casa de María Marta García Belsunce, se encontró con otro facultativo de Paramedic, ya le habían hecho recuperación cardiopulmonar a la víctima y alrededor encontró esparcidas gran cantidad de ampollas de adrenalina usadas. La víctima no respondió.
Examinó el cuerpo y declaró ante la Justicia que encontró que había sido lavado. Que presentaba tres orificios en la cabeza y restos de masa encefálica. Incluso colocó su dedo en dos orificios que tenían aproximadamente un centímetro de profundidad.
Allí opinó que la señora fue víctima de una muerte violenta y dudosa. Su colega de la primera ambulancia le comentó que ellos se iban a hacer cargo de todo y le indicó a la masajista que limpiara las manchas de sangre del baño para que los familiares no se impresionaran.
El médico asentó en sus registros que las circunstancias de la muerte eran dudosas y que sus causas debían ser certificadas por un médico forense, previa intervención policial. Su colega de la primera ambulancia le dijo que él se iba a encargar de hacer todos los trámites médicos y judiciales.
Incluso el médico de Emernort dijo que le explicó al marido de María Marta García Belsunce las posibles consecuencias que tendría el no dar intervención a la policía.
Luego se confirmó que después de la muerte de María Marta, el 27 de octubre último, su hermano Horacio se comunicó con Casafús a su teléfono celular para pedirle que la policía tuviera consideración con el caso, debido al dolor por el que estaba atravesando la familia. Entonces le dijo lo que la familia pensaba horas después de hallar el cadáver: que la víctima se había muerto al resbalar en la bañera de su casa. Así al menos lo señaló el comisario inspector ante el fiscal Diego Molina Pico, cuando declaró ante la Justicia el 12 del corriente.
"Por favor sacame la policía de encima", recordó ayer Horacio García Belsunce (h.) que le dijo a Casafús, pero explicó a qué se debió la solicitud: "Con todo el dolor que sentíamos no queríamos exponer más a la familia. Estaba tan mal y mis padres estaban tan mal y encima eso...".
"Si alguién quiere sospechar porque traté de evitar a la policía, por ese lado, me lo voy a bancar hasta un punto. Si quieren mantenerlo como hipótesis, que lo tengan, dijo el hermano de la víctima.
Casafús, ante la Justicia, compartió la misma idea que García Belsunce (h.). Dijo que si bien le pidió que evitara la presencia policial, lo hizo por el dolor y la desesperación en la que estaba inmersa la familia.
Horas después de la primera llamada, el fiscal de la Cámara de Casación Penal Juan Martín Romero Victorica, llamó a Casafús enterado por Horacio, que estaba en el tema. Casafús le explicó que Degastaldi estaba manejando el asunto y que contaba con los medios técnicos para resolver el asunto.
García Belsunce (h.) afirmó que el fiscal lo impulsó a ahondar la hipótesis de un posible homicidio. "Yo estoy destrozado, hacelo vos", le pidió. Casafús le dijo al fiscal Molina Pico, según fuentes judiciales, que el 11 de diciembre volvió a recibir otra llamada de García Belsunce (h.), quien le relató que lo que antes creían que era un accidente ahora se trataba de un asesinato.
Al mismo tiempo comenzó a pensarse por qué se deshecho del sexto proyectil disparado con el arma homicida. Los propios familiares de la mujer lo habrían hecho, lo envolvieron en papel higiénico y lo arrojaron por el inodoro-, quizá sin saber de lo que se trataba; la supresión de ese elemento se tomó luego de un cónclave con el presunto objetivo de evitarle más dolor al marido de la víctima.
El titular de la división Delitos Complejos de la provincia de Buenos Aires señaló que el hermano de la víctima habló con él para solicitarle que se evitara la presencia de efectivos a fin de no generar más dolor a la familia.
Recientemente fueron tomadas cuatro huellas dactilares halladas en la escalera y en la planta alta de la casa, que podrían ponerle nombre y apellido al autor de los disparos asesinos o, por lo menos, a quien limpió rastros de sangre de las paredes de la escena del crimen.
"Hay interrogantes que dejan bajo sospecha a todo el entorno familiar", disparó Degastaldi, y el primer involucrado ya está detenido.