Prat Gay comenzó junto a Pedro Lacoste en el estudio de Javier González Fraga, donde además de éste sólo destaba Débora Giorgi porque era la Turca, en la tira que Juan Carlos Casas firmaba como David Home en el diario La Nación.
Luego, Miguel Ángel Gutiérrez, quien hoy día es country manager de Telefónica, lo incorporó como analista de la mesa del JP Morgan, donde, con excepción de Gutiérrez, la humildad nunca fue una virtud. Y la soberbia resultó la moneda transaccional habitual.
Prat Gay no es un hombre del mercado, nunca compró ni vendió, como tampoco lo hizo Pignanelli. El cargo oficial más importante de Prat Gay, ya en Londres, fue Chief Currency Strategist, o sea jefe de estrategias cambiarias, y tanto Institutional Investor como Latin Finance lo eligieron en varias oportunidades entre 1994 y 1998 el mejor pronosticador sobre finanzas en la Argentina.
Luego ocurrió el merger famoso, la gente que quedó en el nuevo banco fue la de Chase, y de Prat Gay regresó a la Argentina para reeditar el ascenso de Martin Redrado, el caso más parecido con el que puede comparárselo. Y arremetió como aquel hizo cuando lo dejaron cesante en Salomon Brothers. La verdad es que en el derrumbe de Domingo Cavallo casi llega al directorio del Banco Central, en agosto de 2001, pero el Senado de la Nación se opuso a aprobar el pliego. ¿Quién no recuerda las dificultades de Cavallo para integrar un equipo como la gente?
A decir verdad, Mario Blejer pasó de Economía al Banco Central cuando de Prat Gay rechazó el convite si no obtenía el placet del Senado, algo que ha vuelto a exigir ahora.
Es todo muy relativo porque Pedro Pou tenía acuerdo del Senado y, sin embargo, el día que Domingo Cavallo y Elisa Carrió quisieron deshacerse de él, lo volaron en un santiamén. Nadie puede creer que Pignanelli cayó más velozmente porque no contaba con el acuerdo del Senado para la presidencia del BCRA. Pero en el curriculum-vitae tiene su peso...
En el interín, Lacoste, al frente del Grupo Sophia, lo llevó a la Fundación Creer y Crecer, cerca de Mauricio Macri y de Francisco de Narváez, y en ese grupo hasta brindó alguna conferencia en la Universidad de San Andrés, donde disertaba mezclando el inglés y el español, una costumbre de los González Fraga boys, de dudoso gusto.
Quien dice Grupo Sophia dice los hermanos Rodríguez Larreta, que es un vínculo social importante del nuevo hombre del Banco Central.
Si se concibe a la Argentina partida en dos, de un lado los pro-devaluación, y del otro los antidevaluación, habría que ubicar en el 1er. grupo, junto a Héctor Massuh, de la UIA; y González Fraga, a de Prat-Gay. Por lo tanto, lo de economista ortodoxo ¿qué quiere decir?
En verdad, hace lo que puede, de Prat Gay intenta ganarse un lugar bajo el sol y hoy día encuentra oportuno y prometedor militar cerca del duhaldismo tal como Roberto Lavagna y Guillermo Nielsen entienden el duhaldismo.
Precisamente Nielsen, a quien se lo presentó Guillermo Cherasnhy en el bar Florida Garden, fue su posibilidad de ingreso al equipo económico.
Lo curioso es que en mayo de 2002, las crónicas periodísticas incluyeron a de Prat Gay y Mario Vicens, presidente de la Asociación de Bancos Argentinos, entre quienes rechazaron convites de Lavagna para sumarse al equipo. ¿Existieron las ofertas? ¿Son verídicos los rechazos?
Hay algo que no cierra porque el 27 de septiembre, el Colegio Cardenal Newman envió a su base de usuarios registrados un artículo de un ex alumno, Alfonso de Prat Gay, publicado el día anterior en el diario La Nación, donde afirmaba algunos conceptos que resultarían música celestial para el duhaldismo: "En lo que va del año el gobierno argentino ha realizado pagos netos a los organismos multilaterales de crédito por US$ 3.500 millones. Dichos pagos equivalen a casi cuatro años de Plan Jefes y Jefas de Hogar para 2 millones de familias. Y superan en un 50% al stock de cuasi monedas provinciales en circulación. Mientras muchos economistas se desviven por subrayar las devastadoras consecuencias de cortar con el FMI -uno de ellos, devenido candidato presidencial, insiste en que "hay que pagarle al Fondo como sea"-, vale la pena recordar los palpables y no menos cuantiosos costos de la alternativa de seguir "pagando para ver". (...) Violando el espíritu de los acuerdos de Bretton Woods que le dieron vida al FMI hace casi 60 años, Horst Köhler ha llevado la negociación con la Argentina como si estuviera al mando de un banco comercial. (...) Así, los organismos multilaterales han logrado reducir su exposición a la Argentina, cobrándose ya un 8% de lo adeudado a pesar del default del país con el resto de sus acreedores. (...) He aquí una segunda paradoja: persiguiendo el acuerdo con el Fondo como un eje central de su política, Duhalde terminó dañando el otro eje, el de la contención del deterioro social. No sólo debería haber hoy un 30% más de reservas en el Banco Central. La economía ya debería estar creciendo y la pobreza cayendo. Felizmente, esta costosa indefinición se acerca a su fin. Las reservas no son ilimitadas y la estrategia tipo banca comercial del FMI no es, por lo tanto, sostenible en el tiempo (...)".
En los tiempos del corralito y corralón, y de Prat Gay llegó a plantear la posibilidad de emitir por el equivalente a los depósitos ubicados en el mercado transaccional para liberarlo de inmediato, no importanto la tasa de inflación sino apostando a desenganchar a la macro de la recesión. Nada ortodoxo, muy keynesiano.
Algo similar ocurre con su teoría para salir del default con la banca privada, deslizada en un debate que organizó El Cronista Comercial, donde estimó que un superávit primario del 2,5% del PBI (como el que figura en el presupuesto 2003) sería suficiente para entablar una negociación con los acreedores. Su afirmación fue rebatida por Miguel Angel Broda, quien calculó que en los próximos años se necesitará el doble, aun estimando una quita inédita de 70% del capital. Incluso sostuvo que si no logra un 3% el Estado no podría atender los vencimientos de la nueva deuda que colocó en 2002.
Prat Gay no es mejor ni peor presidente del Banco Central por ser ortodoxo ni heterodoxo. Cuando los periodistas plantean la cuestión en esos términos, escriben / dicen tonterías y subestiman a su público. La historia no juzgará a Prat Gay porque sea ortodoxo u heterodoxo sino por la eficiencia de su gestión, que se anticipa ardua porque hoy día hay escaso margen en el Banco Central para hacer política monetaria y hay bonos por levantar y otras viscisitudes.
A los colegas: no escribamos boludeces.
Algo más: de Prat Gay no puede ingresar al BCRA haciéndole el favor a las petroleras en la liquidación de divisas. Sería un error porque, si la Argentina se encuentra en una situación límite, debe comportarse a la altura de las circunstancias. O sea que no puede regalar divisas. ¿Esto es lo que quiso decir Alfredo Atanasof, Jefe de Gabinete, cuando dijo que de Prat Gay será "defensor de las reservas?"
El dólar fue planchado por Raúl Planes, el técnico del BCRA que estaba jubilado y fueron a buscar porque nadie sabía cómo regresar a los controles cambiarios. Y mal comenzaría su gestión de Prat Gay, desprendiéndose de Planes.
Además, ¿por qué no le preguntan a Kuwait si las petroleras pueden disponer de las divisas cuando les plazca? Una tontería en pretende imponer el concepto de libre mercado por sobre la soberanía de las naciones.