A los cinco años ya amaba el fútbol y jugaba todo el día con una pelota de trapo que él mismo había armado, en la villa Parque Bitaru, en la periferia de São Vicente. Su única preocupación era la pelota, cuentan sus padres, y lo único que lo entretenía.
El atacante comenzó su carrera en el Clube Beira Mar, donde pasó por diversas categorías. Años después fue transferido al Portuários y enseguida pasó al equipo infantil de Santos, en 1996. En menos de un año surgió y fue convocado para hacer una prueba de campo, y fue aprobado. En 1999 ya se destacaba entre sus compañeros atacantes, y en ese entonces fue cuando Pelé lo descubrió y se conmovió con su juego. Me quedé sorprendido, dijo el atancante, ya que consideraba un privilegio conocer al mejor jugador de fútbol de todos los tiempos y que lo elogie.