Ahora sí hay miedo en la Quinta de Olivos
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). El asesinato de Mariano Ferreyra colocó al matrimonio Kirchner en una de la encrucijada más grave desde al fracaso por el intento de imponer la Resolución 125 y pone en duda la actitud que tomarán con su aliado, sostén y condicionante político más importante: el camionero Hugo Moyano.
Como ocurrió en otras oportunidades, cuando el matrimonio Kirchner es sorprendido, no sabe cómo reaccionar. Primero culparon a Eduardo Duhalde usando un recorte del diario de Francisco de Narváez, luego a El Cronista Comercial de cambiar las fechas de un recorte, luego deslindaron al ex Presidente de la Nación y, por fin, condenaron al Partido Obrero de usar políticamente el asesinato cuando el kirchnerismo hizo lo mismo.
El reparto de culpabilidades abundó en discrecionalidad, pero la Quinta de Olivos se cuidó muy bien de no tocar a Hugo Moyano ni de mencionar al titular de la Unión Ferroviaria, José Pedraza; como si ninguno de los dos tuviera que ver con los hechos ocurridos en Barracas.
De pronto, en la Casa Rosada todos olvidaron que José Pedraza estuvo presente en el palco del acto en la cancha de River Plate, que movilizó sus huestes y que en el encuentro, Cristina Fernández de Kirchner mostró con una amplia sonrisa y gran orgullo una remera que decía "Juventud Sindical".
José Pedraza, primero deslindó responsabilidades, y luego no descartó que gente de su gremio podría haber disparado en Barracas, pero el Gobierno resolvió sobreactuar urgencia en la detención de los culpables para reducirlo a una pelea entre grupos gremiales, evitando rozar al matrimonio Kirchner, sus aliados o el modelo sindical que protegen.
El asesinato de Mariano Ferreyra causó pánico en la Quinta de Olivos, la victimización que intentó Cristina Fernández de Kirchner causó fuerte reacción en la oposición, los medios de comunicación y las agrupaciones de izquierda, por lo cual, el Gobierno tuvo que salir a calmar y consolidar la alianza con las organizaciones de derechos humanos y grupos de la izquierda moderada que suelen acompañar al oficialismo en las elecciones.
Antes de Barracas, el matrimonio Kirchner había lanzado una línea discursiva muy interesante: ante cada mala noticia, aseguraban que el hecho los fortalecía. Daniel Scioli desobedece a la Quinta de Olivos, Néstor Kirchner lo festeja porque revela las intenciones de Gobernador; pierden la votación por la Ley de Glaciares, Néstor Kirchner festeja porque mejora su imagen con los votantes más jóvenes; el oficialismo pierde la votación en el Senado, se aprueba el 82% móvil y hay que vetar la norma, Néstor Kirchner festeja porque puede demostrar que la oposición es irresponsable.
Ahora, encerrados en El Calafate (cómo ocurre con cada crisis), el matrimonio Kirchner espera que las investigaciones judiciales rindan efecto. Para ello, la Casa Rosada se encargó de dar a conocer profusamente que la jueza encargada del caso, Wilma Susana López, tiene ideas políticas afines al Partido Obrero, todo para no cargar con el costo político que podría llevar el fracaso en la búsqueda de los asesinos de Mariano Ferreyra.
Tampoco Hugo Moyano quiere pagar el costo político del asesinato, pero no puede ocultar que es el motor del resurgimiento de la Juventud Sindical, que amenazó con sacar "los pibes a la calle" si Julio Cleto Cobos gana las elecciones, apretó a diputados y senadores peronistas si no votan a favor del reparto del 10% de ganancias de las empresas y sostuvo que los empresarios "tienen temor de que nos metamos en los libros".
Para reducir el costo político del asesinato, Hugo Moyano promete liderar el reclamo de los empleados tercerizados, metiéndose en un tema fuerte de sindicatos de izquierda, rompiendo con una larga tradición de 'los Gordos' que ven minados sus gremios por los nuevos afiliados y obligando a Carlos Tomada a derribar uno de los pilares del sindicalismo peronista.
El crimen también sirvió a la Central de Trabajadores Argentinos para evitar una ruptura inminente, para que se conozcan algunos negocios de José Pedraza con los ferrocarriles y para que notemos que las organizaciones de izquierda pueden parar por un militante asesinado, pero nunca sumarse a las marchas en donde se reclama contra la inseguridad.
Sin embargo, el dato más importante fue poder detectar para qué quiere el kirchnerismo incentivar la globósfera oficialista (que demandará una inversión de $ 3.000 millones), de controlar la producción, precio y circulación del papel de diario, de crear un multimedio propio (que requiere de otros $ 3.000 millones) y de acelerar la "nacionalización" de los contenidos de los medios de comunicación: para manipular la verdad.
La escandalosa maniobra contra Eduardo Duhalde y, en menor medida, contra Francisco de Narváez, utilizando información falsa, twitters, bloggeros oficialista, agencias de noticias, portales de noticias, medios amigos y periodistas comprados es un adelanto de lo que veremos el año que viene en la campaña electoral y que tendrá a toda la oposición como blanco.
El Plan Nacional de Telecomunicaciones, además de ser un gigantesco negocio para amigos, se une al Plan Televisión Abierta, la Ley de Medios Audiovisuales, el desguace del Grupo Clarín, la compra de voluntades con la pauta oficial y la regulación del negocio del papel de diarios que son claves para el matrimonio Kirchner para obtener el 10% de votos que dicen les falta para ganar en primera vuelta en el 2011.
El Gobierno sabe que el voto cuota ya pasó su máximo nivel. Con los bancos duplicando el crédito del consumo de los '90 (hoy son 35% de las carteras), con la clase media baja sosteniendo las ventas de celulares, banda ancha, calzados o indumentaria; con la clase baja controlada por la Asignación Universal por Hijo, que recibirá del Banco Mundial $ 1.900 millones; el matrimonio Kirchner ya no sabe de dónde sacar los votos que necesita y debe evitar que se les escapen los que tiene asegurados con hechos como los ocurridos en Barracas.
Como escribió el encuestador oficial Artemio López en el bisemanario Perfil, el Gobierno no obtiene resultados tratando de seducir a la clase media y recomienda concentrar sus esfuerzos en la case baja, por eso el matrimonio Kirchner apuesta a festejos como el Bicentenario o Tecnópolis (20% más grande y el doble de duración que su antecesor) para atraer votos (de allí el enojo con Mauricio Macri por frenar el evento).
En una sociedad dónde sólo uno de cada cuatro jóvenes tiene trabajo en blanco, donde los haberes de los jubilados alcanzan 36% del salario promedio, donde la mitad de los trabajadores en blanco gana menos de $ 2.500 mensuales, donde crece la cantidad de ocupados por el empleo estatal, donde las villas han crecido 50% en menos de 10 años, en un país que crea un tercio de empleos que Brasil con el mismo dinero, la pelea para ganar el 2011 debe ser por las inversiones y por eliminar las distorsiones laborales, no por incentivar el consumo y armar actos multitudinarios.
El asesinato de Mariano Ferreyra se produjo en medio de los intentos de la Quinta de Olivos por evitar que Daniel Scioli avance con su plan de separación del matrimonio Kircher. Por eso Hugo Moyano, José Luis Gioja, Jorge Alperovich, Gildo Insfrán, Sergio Uribarri, Jorge Capitanich y Maurice Closs (gobernadores mediocres, grandes beneficiarios de la caja oficial) intentaron enfriar las aspiraciones presidencialistas del bonaerense (si hasta le "tiraron" con José Sabattella para desalentarlo, causando carcajadas en la interna del PJ ).
La respuesta de Daniel Scioli fue sumar a su equipo al ex Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, volviendo a enojar a la Quinta de Olivos. Sin embargo, cuando se produjo el crimen de Barracas, nadie en el Gobierno intento culpar a Daniel Scioli por que la Policía de la Provincia de Buenos Aires liberó la zona de los incidentes. Tanto es el temor que tiene la Casa Rosada de afectar, en serio, su relación con el ex motonauta.
Las hechos ocurrido en Barracas atraparon a la oposición envuelta en sus mediocres internas: el Peronismo Federal mostrando sus candidatos en el interior, Raúl Ricardo Alfonsín presionando a Julio Cleto Cobos por los medios para que no haya internas, Hermes Binner reconociendo tímidamente la posible alianza con el radicalismo, Mauricio Macri frenando las rebeldías creciente de una Gabriela Michetti que quiere irse con Elisa Carrió, una Coalición Cívica que se quedó sin candidato a Jefe de Gobierno porteño ante la negativa de autorizar a Adrián Pérez a postularse y a todos los legisladores del "Grupo A" tratando de imponer, sin éxito, su agenda en el Congreso antes de que comience diciembre.
Como se observa, la oposición está ausente de la lucha por el poder en la Argentina kirchnerista. La verdadera disputa por el poder y por el modelo económico se produce dentro del oficialismo y con la extrema izquierda. La lucha, como se vio, será en la calle y el Gobierno no dudará en usar a "La Campora" para frenar las movilizaciones de sus opositores.
Hablando sobre las reservas del Banco Central, Cristina Fernández de Kirchner dijo esta semana que "en la Argentina se acabaron los estúpidos" y nada más cerca de la verdad. El asesinato de Mariano Ferreyra no sólo demuestró el temor del matrimonio Kirchner por perder su escaso capital político, sino por no tener el control de la calle, por no poder dominar el mundo sindical y por no poder imponer su propia lectura de la realidad.
Con el fracaso de la Resolución 125, la derrota en la Provincia de Buenos Aires en 2009 y con el papelón del intento de ajusticiamiento público del Grupo Clarín con el documento "Papel Prensa: La Verdad", el matrimonio Kirchner sabe que tiene más votos para perder que para ganar, que la calle puede volverse en su contra, que Hugo Moyano es un puntal de su poder, pero también, su carcelero; y que los medios de comunicación muestran las miserias y contradicciones que dominan al oficialismo.
Llegar hasta el 2011 no será una aventura, para el matrimonio Kirchner, será un desafío a la supervivencia de su poder político.
