Fogwill comenzó a escribir tras una prestigiosa carrera como publicista y experto en marketing. Publicó ensayos y poesía.
En 1983, publica 'Los pichiciegos', que se centraba en la guerra de Malvinas. "Creo que es el mejor libro que he escrito. Fue una apuesta muy grande hecha en muy poco tiempo y acerté toda la apuesta. Corrí riesgos muy grandes en términos de postular ciertas cosas que funcionaron, que la gente entendió", dijo en una entrevista con el diario español El Pais En 2004, recibió el Premio Nacional de Literatura por su novela Vivir afuera.
Se lo conoció también por sus dichos polémicos y su costado provocador. "Sé que todo lo que se dijo de mí lo provoqué yo. Y todo sirvió para venderme como autor, que actualmente ya no es vender libros al público, por lo menos en la Argentina, sino que tiene que ver con vender proyectos de negocio editorial a las editoriales", indicó.
En ese artículo, al ser consultado sobre su relación con las editoriales, el escritor señaló: "Me llevo mal. Con la que mejor me llevo es con una editorial española, porque está lejos y no nos tenemos que ver. Cuando empecé a publicar, mi consultora facturaba más que la editorial más grande de Argentina. Los miraba con desprecio, ahora ellos facturan más que yo, pero los sigo despreciando igual", agregó en esa entrevista con el diario español.
El escritor era padre de Andy Fogwill, uno de los directores publicitarios más premiados del mundo, y de la actriz Vera Fogwill, conocida por sus papeles en cine y televisión.
Será velado en la Biblioteca Nacional.
Su última columna, 'Entre Libros', publicada en el Diario Perfil el pasado 6/8:
"Agosto: este mes empezará a llegar a las librerías la segunda edición de mi Los libros de la guerra. La misma Mansalva que se aventuró a publicarlo presenta una edición ampliada y en un formato aún mayor que el anterior conservando el diseño de tapa con el arte, originales de Javier Barilaro, que son el mayor valor de este libro. No convoco a la compra. Se puede fotocopiar: la Justicia difícilmente perderá tiempo en diligenciar causas por una ínfima violación a los derechos de un autor del montón.
Los mismos de Mansalva me enviaron sus cuatro lanzamientos de julio. Algo admirable por su calidad literaria y por su carácter revelador. Tres de ellos eran inaccesibles para el público argentino. Integra la tanda la reedición de la novela Su turno, de Laiseca, desaparecido de librerías hace treinta años. Es una parodia que explora los límites del género policial y a la vez muestra la genealogía del prodigioso imaginario del autor. Es mérito de esta nueva edición el rescate del título original, al que, en 1976, los caprichosos editores de Corregidor habían desvirtuado poniéndole Su turno para morir.
Asombroso es La garchofa esmeralda, primera incursión narrativa del conocido poeta Alejandro Rubio. Esta vez, es mérito del editor haber presentado el libro como lo que es –tres textos en prosa– en un momento en que todo se presenta simulando ser una novela. Es mérito del autor el lucimiento de una imaginación novelística que todos los narradores argentinos que, como él, crecieron en los años 70 tendrían que consultar antes de emprender nuevas trivialidades.
Se agregan al lanzamiento obras del chileno Juan Emar y del español Manuel Vilas. Diez de Emar (1883-1964) es un clásico de la literatura latinoamericana muy celebrado y poco leído en su país. Se trata de un libro de colección al que los lectores que lleguen atraídos por el prólogo de César Aira siempre volverán para probar su nivel de tolerancia a los límites del absurdo y de la imaginación desbordada.
España, del aragonés Vilas (1962), es un libro de inusitada frescura, algo sorprendente procediendo de un autor español. Hilvana medio centenar de historias y microrrelatos agrupados caprichosamente en once capítulos que el editor español no vaciló en llamar novela siguiendo la práctica fraudulenta de la industria. No es una novela: es literatura en estado puro y procesa sin miedo los desafíos de la identidad y el verosímil que enfrentan los verdaderos creadores como Vilas, y muestran que España está en otra parte y no donde creen los sudacas que quieren conquistarla poniendo un desaparecido en la página 78 o en la 132."