El facultativo ha precisado que ha constatado, desde la última semana, las graves heridas provocadas por las bombas de racimo, armas prohibidas que las fuerzas leales a Gadafi están utilizando, según ha denunciado la organización humanitaria Human Rights Watch.
Las bombas de racimo, que dispersan municiones de gran potencia explosiva en una amplia zona, no pueden ser lanzadas con precisión y cuando alcanzan zonas urbanas suponen un grave riesgo para la población y causan un gran número de víctimas civiles.
Los líderes rebeldes advierten a la comunidad internacional que la ciudad va a vivir "una verdadera masacre" si los aliados no actúan con mayor determinación.
En el asedio a la ciudad rebelde, se ha acusado a los militares de Gadafi de emplear bombas de racimo, al parecer de fabricación española.
6 personas murieron y 47 resultaron heridas durante el domingo 17/04 en la ciudad, el único bastión rebelde al oeste que los de Gadafi intentan recuperar desde hace 2 meses y, además, impedir la salida de refugiados por mar.
La población, atrapada entre los combates que han causado cientos de muertos, padece graves problemas de abastecimiento de alimentos y espera la oportunidad de huir en uno de los buques que evacuan a las víctimas.
Las fuerzas de Gadafi suelen perpetrar sus ataques a primera hora de la mañana y al comienzo de la noche, y se ocultan durante el resto del día para evitar a los aviones de la OTAN, según residentes de la Misrata.
Mientras, en Ajdabiya, muchos combatientes rebeldes han comenzado a abandonar la ciudad después de que las fuerzas de Gadafi hayan recrudecido su ataque.
Los reporteros internacionales han dado noticia de muchos camiones saliendo de la ciudad mientras a sus espaldas sonaban las explosiones de la artillería de Gadafi. Se dirigían mayoritariamente hacia Bengasi, unos 120 kilómetros al norte.
La huida se interpreta como el final de la campaña de Brega, ciudad a 80 kilómetros al oeste de Ajdabiya a cuya conquista los insurgentes se habían lanzado con la esperanza de controlar sus importantes refinerías e impulsar la ofensiva a Trípoli.
El ataque de la artillería pesada de Gadafi indica que los hombres del coronel se han acercado a menos de 20 kilómetros del punto desde el que la rebelión lanzaba sus acometidas.
Ajdabiya, que llegó a tener 100.000 habitantes, se ha convertido en una ciudad fantasma que ha cambiado de manos distintas veces en las últimas semanas.
A pesar de todo, un retén de rebeldes parece que planea quedarse en la ciudad para venderla cara. Los camiones cargados de armamento siguen llegándoles por la carretera de Bengasi, conscientes de que la ciudad es su estilete en el lado este del país. Por eso también continúan colocando minas anticarro a la salida noreste.
Los rebeldes, dotados apenas de armamento moderno, se han quejado de la falta de apoyos de la OTAN.
Bloqueados durante semanas en los alrededores de la ciudad, en su momento habían logrado llegar hasta las afueras de Brega aprovechando el apoyo aéreo de la Alianza.
Cuando se cumple 1 mes de la aprobación por el Consejo de Seguridad de la ONU de la resolución que autoriza el uso de la fuerza en Libia para proteger a los civiles, los insurgentes no pueden mantener las posiciones ganadas sin las acciones aéreas y el armamento de la coalición internacional.
El primer ministro británico, David Cameron, opinó que los términos de la resolución suponen una "restricción" para la coalición internacional, aunque reiteró que no habrá intervención terrestre.
Cameron, junto con los presidentes de USA, Barack Obama, y Francia, Nicolas Sarkozy, expresaron en un artículo conjunto publicado en 4 diarios que las operaciones deben continuar para acelerar la salida del dictador y permitir una transición democrática.