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De Avatar a Pascua Lama (los Gioja no son James Cameron)

En las carteleras cinematográficas globales luce Avatar, película de ciencia ficción en la que se aborda la invasión de una luna ficticia Pandora para controlar sus recursos minerales millonarios (el unobtainium), aún cuando se ponga en peligro el ecosistema. Por cierto que es un tema muy vigente en la coyuntura de la Humanidad, y en la Argentina provoca reflexiones considerables.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Avatar es una película de ciencia ficción estadounidense, escrita, producida y dirigida por James Cameron y protagonizada por Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver y Stephen Lang, ambientada en el año 2154, en una luna ficticia conocida como Pandora y en la que los humanos están extrayendo un mineral que supone la clave para resolver los problemas energéticos de la Tierra.
El término 'avatar' empezó a popularizarse en 1992, gracias a Neal Stephenson en su novela ciberpunk titulada Snow Crash, donde se empleaba ese término para describir la simulación virtual de la forma humana en el Metaverse, una versión de Internet en realidad virtual. El estatus social dentro del Metaverse solía basarse en la calidad del avatar del usuario. Stephenson dijo que él había inventado el uso de esta palabra desconociendo que ya había sido usada de ese modo.
Entonces: en Internet y otras tecnologías de comunicación modernas, se denomina avatar a una representación gráfica, generalmente humana, que se asocia a un usuario para su identificación. Los avatares pueden ser fotografías o dibujos artísticos, y algunas tecnologías permiten el uso de representaciones tridimensionales.
La película Avatar obtiene un éxito considerable: le tomó solo 15 días sobrepasar la valla de US$300 millones, mientras que a Titanic (también de James Cameron), le tomó 44 días.
Algunos críticos de cine afirman que las recaudaciones de Avatar han sido "infladas" por el alto precio que se cobra por ver la película en 3D.
Pero otros afirman que se trata de un hito para las nuevas generaciones, tal como el que significó Star Wars en el pasado.
Avatar se centra en el imperialismo y la biodiversidad.
Cameron ha explicado que Avatar comparte temas con At Play in the Fields of the Lord y The Emerald Forest (La selva esmeralda) que presentan enfrentamientos entre culturas y civilizaciones.
También reconoce la conexión existente con Dances with Wolves (Bailando con lobos), donde un soldado que se encontraba hundido se ve representado en la cultura tribal contra la que luchaba inicialmente.
Sin embargo, ha dejado sin responder las acusaciones de plagio que se han presentado contra él: eal enorme parecido que hay entre el argumento de Avatar y la novela de Poul Anderson, Call Me Joe.
Jake Sully —un marine veterano de guerra y herido en combate que queda parapléjico— es seleccionado para participar como mercenario en el programa Avatar, tras la muerte de su hermano gemelo.
Jake es trasladado a Pandora, una luna del planeta recién descubierto Polythemis, cuya atmósfera es tóxica para los humanos y que alberga una asombrosa biodiversidad, habitada por los Na'vi, una raza humanoide que vive en clanes en estado salvaje.
La raza humana se encuentra en conflicto con los nativos de un clan debido a que están asentados alrededor de un gigantesco árbol que cubre una inmensa veta de un mineral muy cotizado: el unobtainium.
La existencia de tal mineral ha llevado a una empresa privada a crear un proyecto de explotación de recursos minerales.
Esa es la introducción adecuada para una nota de Gabriel Bustos Herrera, en el diario  Los Andes, de Mendoza (probablemente Bustos Herrera no fue al cine a ver Avatar pero debería hacerlo, luego de visitar a los Gioja sanjuaninos y a sus amigos de Barrick, que intentan arrasar la montaña para obtener el cobre):
En ambos confines, han sido siempre la Gran Fuente. De sus entrañas nos hemos nutrido abajo, en el valle del Zonda o aquí en el de Huentata, del Uco o del Nihuil. Y así fue desde los huarpes sumisos y de las legiones incas: de estos glaciares milenarios -hoy en retroceso doloroso- o de sus escombreras, ha devenido el agua de los ríos de este Cuyum de las arenas. Por ellos se gestó la vida. Y por su anemia ahora peligra.
Pero lo que siempre nos unió, hoy amaga con dividirnos. Es que las diferencias que se desnudaron cuando Cristina vetó el año pasado la ley -de aprobación unánime en el Congreso- denominada de Defensa de los Glaciares, hoy recrudecen en la gestación del nuevo proyecto.
Es el que remplazará a aquel que Olivos y la Rosada accedieron a vetar cuando San Juan -a la cabeza de otras 3 provincias mineras y de algunas influencias de corporaciones mineras que operan en la alta montaña norteña- presionaron para modificar las reglas de protección. Las supusieron limitantes a su avance minero y a su despliegue futuro (sobre todo al emprendimiento binacional Pascua Lama).
Sordos ruidos retumban: a la cabeza de los que ya jugaron su destino a la minería metalífera (hoy es el gran motor de su economía), San Juan pone en juego sus influencias -políticas, técnicas, científicas y sociales- para atenuar o limar las protecciones que propician en la ley las provincias "anti-minería metalífera a cielo abierto" (y organismos científicos encabezados por el Ianigla).
Entre ellas milita Mendoza, tras la embestida que los ambientalistas propinaron a la política pública en los tiempos de Julio Cobos, que tuvo que recular vertiginosamente días después de haber enviado a su ministra Laurita Montero y a su subsecretario Alejandro Rodríguez a Toronto, para promover las inversiones minero-metalíferas.
Es más, Mendoza ya tiene en la Legislatura la media sanción de una ley provincial de Defensa de los Glaciares (restrictiva, con las sugerencias técnicas del Ianigla). El resto es conocido: una ley surgida de la presión vecinal prohíbe aquí la minería metalífera a cielo abierto con el uso de químicos contaminantes. Pocos confían en un Estado capaz de controlar, de preservar. San Juan, La Rioja, Catamarca, jugaron sus vidas al otro polo.
Los duros no aflojan
Resulta que Miguel Bonasso, Martha Mafei, Daniel Filmus -defensores de la primera ley vetada y de una severa protección de los glaciares y de sus "ambientes peri glaciares" con el asesoramiento científico de los doctores del Ianigla de Mendoza- propiciaron ya la media sanción de otra ley de remplazo.
Y sigue siendo restrictiva: "Lo es más que la anterior", se quejan en San Juan, incluyendo prohibiciones que restringen el escenario a las mineras. Esta vez el proyecto de ley dice claramente que los glaciares son del dominio público y protege los glaciares y también el ambiente peri glaciar (esto es los llamados "glaciares de escombros", proveedores en años pobres del 65 o 70% del agua de nuestros ríos de montaña).
 
Incluso, el nuevo proyecto es más amplio: incluye otros servicios de los glaciares que no contemplaba el anterior vetado (la contribución de los glaciares para la generación de energía hidroeléctrica; la protección de la biodiversidad y los glaciares como fuente de información científica y atractivo turístico). En la ley vetada sólo se mencionan los glaciares como reservas estratégicas de recursos hídricos y la recarga de cuencas.

Hay un dato clave: Ricardo Villalba -principal asesor y director del Ianigla, uno de los Premio Nobel junto a Al Gore- sostiene que "ahora se establece el carácter público del recurso que no se mencionaba explícitamente antes". O sea, "los glaciares constituyen bienes de carácter público y su dominio corresponde a las provincias o al Estado nacional, según el lugar en que se ubiquen".
Saber qué hay y dónde
La nueva ley dispone la realización de un Inventario de Glaciares y del Ambiente Peri Glaciar ("Para saber dónde están, cuál es su extensión y dónde están los riesgos", según Villalba). Y establece que el Inventario Nacional de Glaciares será realizado por el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla), con sede en Mendoza, en coordinación con la autoridad nacional de aplicación de la presente ley. El nuevo proyecto abre una puerta a otras instituciones nacionales y provinciales competentes.
La semana pasada -con grandes titulares- los diarios sanjuaninos anunciaban que "el gobierno provincial le encargó el trabajo a la Facultad de Ciencias Exactas de San Juan, con un plazo máximo de ejecución de 15 meses". Agregaron que "la provincia contará con un inventario de glaciares propio y podrá conocer cuántos cuerpos de hielo hay en la cordillera sanjuanina, en todos sus rincones porque se incluirá el límite con Chile y el de Mendoza y La Rioja", se señalaba.
 
Acota que "los académicos venían sugiriendo al gobernador Gioja la necesidad de dar participación a la Universidad, desde lo científico y técnico, en el tema glaciares". En el Ianigla no parecen molestos: "Sirve, claro, si no hay dispersión de esfuerzos y en la medida en que luego, un ente nacional coordine la información y la sistematice" (¿el Ianigla, se supone?).

El miércoles pasado, el secretario de Ambiente de la Nación, Homero Bibiloni (que venía de la frustración de Copenhague), llamó para arrimar una disculpa a los del Ianigla: el 18 de diciembre pasado debía realizarse en Mendoza una reunión nacional técnica para coordinar acciones y despuntar la nueva ley. No se hizo (dicen que la Secretaría no consiguió recursos para juntar aquí a todos los científicos).
 
¿Y ahora? Tras el brindis de fin de año, los técnicos y científicos se van "a campo", es decir a los glaciares y peri glaciares que retroceden a lo largo de toda la cordillera. Estarán en sus refugios durante gran parte del verano. O sea: paréntesis hasta madurado el otoño. Salvo que vuelvan con los campos de hielo y las escombreras ya medidas al centímetro. Nadie ahorrará apuestas: en esto se mueven intereses de enormes dimensiones (y si no, que lo diga Copenhague).

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