"Se desconoce la causa exacta de este riesgo aumentado, pero probablemente se deba a trastornos pulmonares mecánicos y quizá asociados a la obesidad mórbida: una persona de 160 centímetros de alto que pese 140 kilos no puede movilizar los pulmones con normalidad", explica Trilla.
De hecho, ya se ha constituido un grupo de investigación con expertos del Instituto de Salud Carlos III (centro de referencia para el H1N1) y la Semicyuc para analizar el fenómeno. Las cifras son preocupantes. Según los últimos datos de la Semicyuc, a partir de más de 180 pacientes hospitalizados en la UCI, el 40% de los ingresados eran obesos -con un índice de masa corporal (IMC) superior a 30-.
También les preocupa a los expertos, y mucho, la agresividad del H1N1 en las embarazadas. Alrededor de un 20% de los hospitalizados eran embarazadas. La OMS ya ha alertado de los riesgos de esta pandemia en las mujeres encinta. Sobre todo en el segundo trimestre de gestación. Una de las claves que explica la incidencia de estos factores de riesgo será, según León, el mecanismo de la inmunidad.
En el informe de Sanidad llama la atención el retraso de los afectados en recibir tratamiento con antivirales (Tamiflu o Relenza). Sólo un 7% lo tomó en las primeras 48 horas de inicio de los síntomas: el tiempo en el que estos fármacos son eficaces.
El resto comenzó a tomar la medicación más tarde o no la tomó. Un hecho que Juan Martínez Hernández, experto en Salud Pública, considera representativo. "El uso precoz del Tamiflu previene la evolución hacia neumonía y distrés respiratorio", asegura.
Para Trilla, la efectividad de los antivirales no estará clara hasta el final de la pandemia. "Todo apunta a que un tratamiento precoz puede mejorar el pronóstico de los casos graves, por lo que la recomendación es usarlos, cuando estén indicados, lo antes posible", dice.
Pero este epidemiólogo destaca una característica del perfil del enfermo grave: el hecho de que en el 40% de los casos no hubiera ningún factor de riesgo. "Esta situación, más rara en la gripe estacional, unida al hecho de que una gran mayoría de pacientes graves tiene menos de 45 años, son consecuencia de la novedad del virus para nuestro sistema inmune: tenemos menos (o ningún) anticuerpo natural y en ocasiones nuestra respuesta inmune (más potente en jóvenes sanos) ante la infección puede descontrolarse y causar enfermedad grave".