ver más
podcast 7_hugo haime-336 cele

El peor de los males K (y el virus contra la credibilidad del periodismo político)

Hay que comenzar a redactar el listado de herencias que dejarán los Kirchner. Es patético el esfuerzo que realizan por recuperar imagen, pero es en vano: no podrán. Entonces, hay que revisar el fideicoimiso conque cargarán los argentinos, dice el autor. El peor de los males que dejarán los K es la pérdida de la credibilidad. Es posible que alguien vincule esta nota con la que el autor escribió en La Capital, de Rosario, el sábado 07/11 y Urgente24 reprodujo, pero no es así. Ésta es mucho más amplia. Aqui va:

ROSARIO (Especial para Urgente24). Cuando se vayan estos sujetos, es decir, el matrimonio K y sus arrabales, dejarán males endémicos.
Algunos se preocupan por las consecuencias económicas. Es cierto, estaremos endeudados hasta un poco más arriba de los ijares. Perdimos el tren de aquellos años en los que hasta Uruguay y Bolivia crecían al 6.5% anual.
Otros se preocupan por las crisis partidarias, ya que el radicalismo es un outlet de rencillas tribales.
Se indica, con certeza, la destrucción del binomio presidencial como institución confiable, ya que Don Cleto Cobos es traidor dos veces (al llegar y partir de la entraña K)… ¡ y es respetado, según encuestas, como el mejor !
Caramba, hay quienes creen que el futuro es el Cleto. Esa es una clara herencia K.
La soberbia de los sindicalistas corruptos es una consecuencia que sólo se ha continuado, ya estaba. Del mismo modo que existía la costumbre de fundir el país…que no se funde tan fácilmente. En cuanto a los partidos el justicialista no es eso, es un cuartel sin orden cerrado. El radicalismo tiene hace mucho tiempo letra de Vacarezza y en los conventillos de las palomas personajes como la señora Carrió sólo han sido posibles con el advenimiento y triunfo de los pastores cibernéticos, a los que Elisa logra sacarles mas de un cuerpo de ventaja.
Hasta la traición dentro del binomio es conocida, porque Chacho Álvarez, el multipremiado cobarde político del fin de siglo, es presente, aún es presente en nuestras memorias. Si la sociedad política premia a chacho Alvarez el ejemplo es malísimo, pero bien claro.
Como hoy acepta, nuestra memoria, a la onomatopeya de los tambores uruguayos como una forma de la política. De aquel Lorenzo, uruguayo, periodista, que utilizaba el seudónimo "borocotó", convención para indicar el redoble de los tambores murgueros uruguayos, se llega sibilinamente a su hijo, que usurpó el seudónimo y cumplió con su designio familiar. De aquel Lorenzo cisplatino, que tomaba presente en la redacción de la Revista El Gráfico y aplicaba sanciones disciplinarias a los bohemios que llegaban tarde a esta plaga de "borocotitos" hay un solo paso, el del tiempo.
En todo caso lo más angustiante del hijo de Ricardo Lorenzo (Borocotó) fue escucharlo como número de café concert en los años de plomo.
No es lo peor. Donde el asunto se pone grave es en nuestra cofradía.
Periodismo político
La reciente declaración de la señora K (su interpretación del trato periodístico a los pobres de a uno o los pobres en montón) es una más de la saga que apunta a demoler al periodismo opositor.
Una de las peores consecuencias del gobierno K es el ataque/venganza al periodismo político.
Definamos, para la nota apenas, que llamamos periodismo político a la crónica, reportaje o análisis de los hechos específicamente políticos de una sociedad. La totalidad alude a los tres poderes, sus interrelaciones y los actos de sus protagonistas. Investigación y ensayo tienen, por construcción, otros tiempos. También otras reprimendas. Investigación y ensayo cuestan vidas. Hay ejemplos.
En la crónica la principal queja a estos, los cronistas, es el olvido o la diferente consignación.
-Yo estaba y no me mencionaste. Dijiste que habló bien fulanito pero yo, menganito, hablé más y mejor.
En el reportaje la causal mas común de los enojos es la presencia u olvido de algunos temas.
-¿Cómo me vas a preguntar sobre ése asunto?
-Che, te olvidaste de preguntarle sobre ése asunto.
En el análisis hay recriminaciones envidiosas.
-Dijiste que Juan puede ser diputado y yo no. Aludiste a la alianza entre Perico y Andrés, pero no tenés pruebas.
Crónica (¿qué contó?) reportaje (¿qué preguntó) y análisis ( ¿qué interpretó?) son inevitablemente subjetivos. Siempre. Los escritos y sus autores deben, como los actores políticos a los que refieren, soportar la crítica y la objeción.
Desde el gobierno K el asunto es directo. Nunca es igual la crítica de un ciudadano que la de un funcionario. Y la más común, que unifica las objeciones, enojos y amenazas es ésta:
-¿Quien te paga para que digas eso?
Junto con la pregunta, que siempre es intimidatoria, la conclusión en una frase:
-Yo sé cómo arreglar esto (hay advertencias similares, parecidas, mas duras y mas graves).
Quien piensa así porque así actúa es un consuelo flaco. Desde la llegada de los K el asunto es plural y caliente. Los K son vigilantes del viejo Oeste, son amigotes de Lynch, el inventor de su ley.
Entre los miembros de la patota de linchamiento es fácil dar nombres, encontrar nombres y sus sueldos en la nómina. El piquete es el mas directo brazo de la ley de la calle. Los K propusieron a la calle como su constitución. La calle paga con planes Trabajar.
En general toda crítica, toda opinión genera aceptación y rechazo. Los deportistas se enojan (dejan de dar entrevistas), los estudiantes se enojan (escrachan, toman facultades, hacen asambleas en la calle), los políticos también se enojan. La diferencia está en un solo punto: los políticos deciden la forma de gobierno, la administración de la cosa pública, los dineros y, en algunos casos, hasta las actuaciones policiales y las gabelas.
En muchos casos dependen de un sueldo del pueblo y de un nombramiento sin reválida popular. Un ministro diciendo barbaridades e insolencias es una vergüenza para los colegas que, sumisos, aceptan que los verdugueen. El ejemplo allí es completo.
-Yo pago y te sodomizo. Dame un besito.
La mención a Catón es de fórmula. Se sabe que en todas las sociedades el enojo acompaña a la crítica (de eso se trata) y el poder exige silencio como primera actitud para convivir con él. En Argentina, apenas establecido el reinado de los K, desde el oficialismo como de la oposición, creció la intolerancia. Al periodismo no lo defiende la oposición, simplemente lo usa.
Debe preocupar a la sociedad y especialmente a quienes, me cuento allí, observamos la realidad y sacamos nuestras conclusiones, el grado de intolerancia. Escribir con temor al enojo del amigo del poderoso, del conocedor de secretos incalificables o del pariente del dueño del poder no es sano, no es bueno, no es positivo.
El tema merece reflexión: hay un grado creciente de intolerancia. Tenemos, en Argentina, un importante crecimiento de la intolerancia social. Creer que el cargo otorga impunidad y cierra la crítica, sostener que hay que pedir el silencio de alguna voz por la propia conveniencia es "totalitario".
Las leyes, tácitas o explícitas, dictadas por conveniencia personal, se vuelven inconvenientes mañana. Para la sociedad son, siempre, leyes malignas. Atender este asunto es prevenir la muerte de la democracia, quitarle miedos, sacarla de terapia.
La pelea del grupo K con el grupo Clarín, que no ha terminado, no dejará ganadores absolutos, es imposible. Por lo pronto tiene una colateralidad desagradable. La tarea del periodismo esta siendo enjuiciada. A caballo de las declaraciones del líder del grupo K sus seguidores abrieron una compuerta de desconfianza. Según este sector del poder, transitoriamente a cargo de todo el poder, la opinión en contrario es crítica interesada. Beligerante. Enemiga. Merecedora del castigo.
Muchos opositores adhieren a este desatino. Asienten. Callan. Se regocijan. Llevado a extramuros, a los senderitos de la trocha angosta, lo que surge en cualquier población es la intolerancia, la amenaza. No es bueno resolverlo a trompadas, con quejas a "los dueños de la pelota", en tribunales, que parecen ser los métodos de muchos. Bueno sería, por el contrario, el debate alzado, la diferencia de opiniones que no humille ni denigre. El raciocinio, al cabo.
El periodismo político está siendo atacado por una enfermedad mortal para la democracia. Hoy la irracionalidad del poder y su contagio, virulento, avanza sin dejar pueblo y medio sin virus, sin fiebre. Insistamos. La crónica da cuenta de los hechos. El reportaje muestra a éste, al personaje, y el análisis despliega las presunciones, certezas y conclusiones del analista, que son eso, conclusiones del analista. Está instaurado el derecho a réplica. Debería ejercerse. Animarse a ejercerlo antes que concentrarse en la amenaza privada.
Eso, solo eso, es lo saludable. En ese régimen de salubridad tendrían que hacer su tratamiento algunos colegas. Hay quienes trabajan con libretas sanitarias vencidas hace tiempo.
Algunos creen que matar al mensajero eliminará el mensaje. Ese criterio, matar al mensajero, que se ha exacerbado desde lo más alto del poder, terminará con la democracia, que postula la crítica como esencial. A la señora K le falta, apenas, pedir que castiguen físicamente a los periodistas que opinan en contrario. Tiene adherentes su desatino. Nadie garantiza, a quienes se aprovechan del impulso maligno que brinda la paranoia oficial, que el viento de la arbitrariedad los deje en pie. La historia, la historia del periodismo político también, indica que caen con más estrépito.
El peor de los males que dejarán los K es la pérdida de la credibilidad.
Parece tonto resaltarlo: si el Presidente miente, qué tanto nos mentirán los demás.
La mujer del Presidente miente. Con maledicencia, con clara conciencia del mal.
Salir de ése ejemplo no será fácil. Si es que se puede. Soy un periodista definido. Adhiero al escepticismo.
---------------
(*) Testigo.

Más Leídas

Seguí Leyendo