Claro que no hay tantos en el gabinete con la capacidad y los instrumentos para acorralar a Moyano. O mejor dicho, para oficiar de "policía malo" en un dispositivo de disciplinamiento que tiene a Julio de Vido en la otra punta como el amigo que le franquea las puertas de Olivos.
El mensaje es claro, existe el riesgo y existen los beneficios, según elija desafiar o subordinarse.
Un funcionario de diálogo fluido con el jefe de Gabinete, dijo al mencionado sitio que "la idea no es meter preso a Moyano, sino ponerlo en caja, delimitarle el perímetro de operaciones".
En ese mismo sentido, en el juzgado de Bonadío reconocen que hoy por hoy no hay elementos en la causa de los medicamentos truchos para detener al camionero, como si los hay -y al parecer en abundancia- en contra de Zanola.
Ahora, ¿por qué Moyano es un problema? Pues, es el líder de la CGT quien amenaza con volcar los presupuestos de los intendentes del Conurbano con el cada vez más desmesurado costo de los contratos de basura, alimentado por las demandas cruzadas de los aumentos de tarifas de su empresa recolectora Covelia y los aumentos para los camioneros que la operan.
También Moyano es quien presiona al Gobierno con insinuaciones de paritarias que rondan el 30% para el año que viene; y a los empresarios con el proyecto de reparto de ganancias, blanqueo de tercerizados y otras iniciativas que le redacta el diputado Héctor Recalde.
No es que su agenda difiera en lo programático de la que cultiva el Gobierno, lo que molesta en el poder es que quiera imponer sus tiempos, métodos y medidas. Así es que Aníbal Fernández monitorea el único instrumento que hoy parece tener a mano el Gobierno para condicionar al camionero: la justicia penal.
"No te digo meterlo preso ¿Pero te imaginás lo que crecería Cristina en las encuestas si demuestra que puede ponerle límites?", se engolosinó un funcionario. "Matamos en las clases medias", agregó alborozado. Y tan errados no parecen estar.