Es una cantidad nada despreciable, por supuesto, pero que no puede compararse con las deducciones de impuestos contemplados en los planes de estímulo económico de Obama.
Es indudable que la atención de salud universal se convertirà en un gasto en expansión, que se adentrará en el futuro. Pero ello siempre ha sido así y el señor Obama ha sostenido que su programa de salud era sustentable. Las erogaciones temporarias de sus planes de estìmulo no deberían modificar este cálculo.
En segundo lugar, algunos integrantes del círculo del señor Obama podrìan estar argumentando que la reforma en la salud no resulta una prioridad actual, en vista de la crisis económica.
Sin embargo ayudar a las familias a contratar seguros de salud como parte de un plan de cobertura universal, sería una forma tan efectiva de estimular la economía como las rebajas de impuestos, que representan casi un tercio del programa de estímulo, y tendría la ventaja adicional de ayudar directamente a las familias a capear la crisis, eliminando ua de las causas fundamentales de la actual angustia de los estadounidenses.
Finalmente, y sospecho que aquì reside el motivo principal del silencio del nuevo gobierno, tenemos el argumento político de que es un mal momento para estar insistiendo en un plan de salud, debido a que la atención nacional está centrada en la crisis económica. Pero si la historia puede servirnos de orientación, este argumento resulta falso.
No se tome mi palabra como única prueba. El jefe de gabinete de la Casa Blanca (sede del ejecutivo), Rahm Emanuel, afirmó que "nadie quiere que una crisis grave termine en el canasto". En verdad, Franklin Delano Roosevelt pudo establecer la Seguridad Social en parte debido a que la Gran Depresión puso en evidencia la necesidad de una red de seguridad social más poderosa .La actual crisis ofrece una buena oportunidad para ir rellenando los huecos que quedan en esa red social, especialmente en materia de salud pública.
Y seguramente el señor Obama no quiere repetir los errores de Bill Clinton, cuyo programa de seguridad social fracasó políticamente en parte porque el ex presidente actuó con demasiada lentitud: cuando su gobierno estaba listo para someter la legislaciòn al Congreso, la economía había comenzado a recuperarse y desaparecìa la sensaciòn de urgencia.
Algo más. Un clima de ira populista crece en el paìs, a medida que los estadounidenses ven cómo los banqueros obtienen suculentas indemnizaciones por despido mientras los ciudadanos ordinarios padecen.
Estoy de acuerdo con los funcionarios del gobierno que sostienen la necesidad de estas "indemnizaciones" (aunque tengo problemas con las cifras concretas). Pero tambièn concuerdo con Barney Frank, presidente del Comitè de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, quien sostiene que, tanto por motivos de necesidad política como de justicia social, la ayuda a los banqueros debe estar relacionada con el fortalecimiento de la red de seguridad social, de modo que los estadounidenses comprueben que su gobierno está dispuesto a ayudar a todos, no solamente a los ricos y poderosos.
La conclusiòn final por lo tanto, es de que no es momento de olvidar silenciosamente las promesas de campaña sobre atenciòn de salud garantizada. Es, en cambio, el momento para impulsar con fuerza el tema de la atención universal. ¡Seguro de salud, ahora!.
(x) Economista estadounidense. Premio Nobel de Economía. Editada por el diario "The New York Times", de New York, Estados Unidos de América.