Carlos Monzón: Gloria, fortuna y tragedia
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El legendario Carlos Monzón, uno de los mejores medianos de la historia, perdió la vida hace 14 años en un accidente automovilístico ocurrido el 8 de enero de 1995 en una ruta muy cercana a la localidad santafesina de San Javier.
Monzón chocó con su automóvil Renault 19 que conducía, cuando transitaba la ruta 1 en jurisdicción del paraje Los Cerrillos, que une su San Javier natal con la ciudad de Santa Fe, que lo adoptó y aún se enorgullece de sus memorables triunfos.
El ex titular mundial de la AMB y el CMB, estaba cerca de recuperar la libertad después de que en febrero de 1988, fuera encarcelado y luego condenado por la muerte de su mujer, la modelo uruguaya Alicia Muñiz, en un caso que llenó páginas blancas y amarillas de la prensa e hizo célebre a personajes como el "Cartonero" Baez.
Ya habían pasado 52 años de su nacimiento, el 7 de agosto de 1942, en barrio La Flecha, de San Javier, y más cercano en el tiempo, un día clave: el 2 de octubre de 1959, cuando concretó la primera de sus 87 peleas como boxeador aficionado, con un récord de 73 triunfos, 6 empates y 8 derrotas.
El 6 de febrero de 1963 hizo su debut como profesional, enfrentando a Ramón Montenegro, a quien derrotó de K.O.. Su fama fue creciendo sostenidamente, hasta su primera consagración al participar en un certamen organizado en el famoso estadio porteño Luna Park, el cual era realizado por el manager Juan Carlos Tito Lectoure. En este certamen obtuvo una famosa victoria contra "El torito de Pompeya", aguerrido boxeador de entonces. Esto hizo que el Lecture se fijara en él y comenzara a organizar eventos internacionales para foguearlo, en su mayoría contra pugilistas estadounidenses.
Entre 1963 y 1964 sufrió varias derrotas producto su inexperiencia y por la calidad de sus rivales. Pero a partir de 1965 su suerte y su pericia para este deporte dieron un vuelco y todas fueron victorias. El 1 de febrero de 1966 fue coronado campeón de peso mediano de su provincia, Santa Fe, y el 3 de septiembre del mismo año ganó su pelea contra Jorge Fernández, obteniendo el título de Campeón Argentino de Peso Mediano. Al año siguiente y frente al mismo pugilista obtuvo el Cetro Sudamericano de Peso Mediano.
En 1969 obtuvo el campeonato Sudamericano de los Medianos que le abrió las puertas a disputar el cetro mundial que por entonces ostentaba el italiano Nino Benvenuti. La contienda se llevó a cabo en el Palazzo Dello Sport, en la capital italiana Roma el 7 de noviembre de 1970. En ella Monzón noqueó al campeón en el duodécimo asalto obteniendo la Corona Mundial de los Medianos de la Asociación y el Consejo Mundial de Boxeo. A partir de ese momento hizo 14 defensas de su título contra los grandes boxeadores de la época, ganándolas todas hasta su retiro en 1977.
Su estilo fue tema de controversia entre los especialistas, aunque todos coincidieron en su guapeza, contundencia y talento. La noche del 7 de noviembre de 1970, en el Palazzo dello Sport de Roma, vapuleó al entonces indiscutido campeón mundial, el italiano Nino Benvenuti y se ciñó el cinturón que no abandonaría hasta su retiro, a pesar de Emile Griffith, Jean Claude Bouttier, Bennie Briscoe, José "Mantequilla" Nápoles o Rodrigo Valdéz.
Más allá de sus 14 defensas mundiales, lo que agigantó su campaña fue la enorme calidad de sus rivales, componentes de una generación brillante que no volvió a repetirse en ninguna categoría.
También incursionó en el cine. En 1974 filmó con Susana Giménez la película 'La Mary', comenzando un tortuoso romance con la actriz, que lo llevó a divorciarse de su esposa. A su nueva convivientele disgustaba el boxeo, causando varios conflictos entre Monzón y su conductor Amilcar Brusa y su Tito Lectoure. Paradójicamente, su romance con la actriz terminó poco tiempo después de su retiro. A partir de entonces, malas compañías y el abuso del alcohol entraron en su vida.
Orgulloso, "peronista y de Colón", Monzón en el presidio se apoyó en sus amigos "Chiquito" Uleriche, Brusa y Alain Delon, entre otros, y convertido a la religión evangelista, comenzaba a apreciar las mieles de la libertad cuando, paradójicamente, la muerte lo cruzó en una salida por buena conducta.
