Pero lo que afana ahora a los investigadores extranjeros es la ruta del dinero que debería pagarse contra entrega de la mercadería.
La cocaína una vez, muy probablemente, en Holanda, requería una contraprestación monetaria que, una vez de regreso al territorio argentino, ¿qué destinos seguiría?
La sospecha es que existe en la Argentina una red de complicidades establecida que no se agota en aquellos que ayudaron a cargar el avión en Morón, incluso por omisión atento al cargo que puedan ocupar, sino que se extiende a quienes iban a colaborar con el encubrimiento del resultado del mismo: el giro del dinero y el ingreso a la economía formal de parte del producido del ilícito.
Sobre ese extremo es que la DEA está poniendo el foco en estos momentos, en particular, investigando a los financistas de la operación y las posibles bocas de entrada de dinero mal habido.
Y todo esto ocurre, justo cuando la Unidad de Información Financiera, responsable del control antilavado en el país, comenzaba con una batería de medidas para cubrir los vacíos legales en la materia que habían motivado mas de una observación del GAFI, autoridad mundial en la materia.
A estas alturas nadie duda que el escándalo local es mayúsculo: se cruzan vinculaciones políticas y militares con el narcotráfico, al que habrá que agregarle la pata empresarial.
Se deberán investigar todas las operaciones comerciales, financieras, bancarias, cruces de llamadas y demás comunicaciones, patrimonios, cajas de seguridad y demás aspectos mínimamente indispensables personales, familiares y de los respectivos entornos de los hoy detenidos en España no solo para una mejor resolución y sanción del caso concreto sino para paliar los fuertes cuestionamientos internacionalmente por los pocos esfuerzos que se realizan en nuestro país para evitar el lavado de dinero.